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Canarii 1 - Historia Moderna

La nueva organización social tras la conquista trastocó la estructura social de los guanches en Tenerife

Familia y poder

La familia en la sociedad europea de la Edad Moderna cumplía tres funciones fundamentales: suplía al Estado en la protección de sus miembros, facilitaba la transmisión ordenada de bienes entre generaciones, y preparaba a los jóvenes para la vida, dándoles en muchos casos un entorno profesional propio en el que desarrollar su labor futura.

En Canarias, una vez finalizado el proceso de conquista e incorporadas ya las Islas al entramado político de la Corona Castellana, la sociedad que comienza a generarse está compuesta fundamentalmente por personas venidas de distintas partes de Europa. Recientes estudios hablan de un 75 % de pobladores europeos, completados en el 25 % restante por los aborígenes que permanecieron en las Islas, y por esclavos traídos de África.

Es lógico suponer, por tanto, que el modelo familiar que se implanta en las Islas tenga unos patrones de conducta similares a los del contexto continental, y las diferencias que hallemos sean sólo de matiz, motivadas sobre todo por la especificidad de los condicionamientos demográficos y sociales propios de las fases tempranas del proceso colonizador.

En este contexto los pobladores europeos encontrarán un marco de relaciones sociales muy similar al de sus lugares de procedencia, y serán los aborígenes los que habrán de adaptarse a unas pautas socioculturales completamente nuevas para ellos, y que están muy determinadas por el influjo en la moral de la época que impone la Iglesia Católica.

Tamaño y estructura

El número de personas por hogar en Tenerife en aquella época era muy parecido al del contexto europeo. No más allá de cinco personas, como cifra media, convivían en cada hogar. En él vivían no sólo el padre y la madre, sino también otros familiares (hermanos, tíos...), así como trabajadores asalariados, sobre todo miembros del servicio doméstico y aprendices de los escasos talleres artesanos que en aquel tiempo existían en Tenerife.

Esta estructura fundamentalmente nuclear en torno a los cónyuges estaba jerarquizada a partir de la figura del padre de familia, encargado de garantizar el sustento en el exterior del hogar y de actuar como representante del grupo ante la sociedad. De todos modos, el precario entorno demográfico en el que se movía la naciente colonización desarrollada tras la finalización de la conquista militar generaba numerosos casos atípicos, probablemente más que en otros lugares (aunque no haya estudios cuantitativos que permitan afirmar esto con rotundidad).

Mujer y familia

Un ejemplo claro de anomalía de esta norma lo tenemos en el caso de las viudas. La mujer de la época estaba muy limitada en su capacidad jurídica. Considerada por la sociedad como una menor de edad toda su vida, de niña estaba bajo la tutela de su padre, que no abandonaba hasta que se casaba, cuando pasaba a depender jurídicamente de su

Relegada al entorno privado del hogar, era la encargada de la buena marcha del mismo, así como de la educación de los miembros más jóvenes, debido a la ausencia de escuelas públicas de instrucción. Además, en aquellos casos en los que los ingresos obtenidos por el trabajo del marido no eran suficientes para mantener a la familia, realizaba trabajos remunerados (desde venta ambulante hasta labores textiles) para conseguir ingresos extraordinarios. Y por supuesto, en las tareas agrícolas en la tierra familiar, trabajaba codo con codo con los varones para obtener el mejor rendimiento de la misma.

Sin embargo, en el Tenerife de principios del siglo XVI, el azar demográfico hizo que muchas mujeres quedaran al frente del hogar y sin un soporte familiar de otro tipo, lo que les otorgaba capacidad jurídica para hacer muchas cosas que de otro modo no estarían autorizadas a realizar.

Es en esos casos cuando se nos muestran de forma pública, haciendo todas aquellas labores que en principio únicamente competían a los hombres: participar en negocios, comprar y vender bienes muebles e inmuebles, administrar propiedades... La única función vedada en todo momento era la de la presencia en la vida política, de tal forma que ninguna mujer ocupó en el Antiguo Régimen cargos en las instituciones del Archipiélago.

La vida en familia

La vida familiar en aquella época estaba muy determinada por el recién comenzado proceso colonizador. Las casas de los primeros años son bastante precarias, ya que urge construir muchos nuevos espacios y no siempre había profesionales adecuados y en número suficiente para poder hacerlo.

Lo mismo ocurría con el ajuar doméstico o con la ropa. En estos primeros momentos, la sociedad que se está gestando en el Archipiélago tiene un marcado carácter igualitario. Aunque es evidente que hay diferencias, y grandes, en las fortunas, la realidad material constriñe sobremanera las posibilidades de diferenciación social a través de la ostentación material, y habrá que esperar unas décadas a que la creación de circuitos estables de comercio de artículos suntuosos surta de lujosos objetos a esa elite ya más consolidada, una ver superada la etapa colonizadora inicial.

La alimentación familiar toma como base la dieta tradicional europea, cuya parte esencial estaba formada por cereales y vino, y que se mantiene perfectamente en Canarias en esta época. Además, permite integrar alimentos aborígenes en la dieta cotidiana. Esta pervivencia de lo prehispánico se manifiesta en productos que han pervivido hasta nuestros días, y van desde formas de procesamiento de los cereales (el gofio), al aprecio por ciertas especies animales, como la cabra, que une los universos gastronómicos de ambas sociedades. Esta dieta se completará con numerosos productos traídos de Europa, que harán que hacia 1525 las mesas de las familias canarias no se diferencien en demasía de las de cualquier otro lugar del ámbito mediterráneo.

Y lo mismo que hemos comentado para la realidad material lo podíamos aplicar, para finalizar, a los usos sociales relacionados con la familia. Simplificando mucho, podríamos decir que en los primeros años los nuevos pobladores se casan con quien pueden, insertos como están en un mercado matrimonial muy constreñido y desigual en sexos y edades. El paso del tiempo, la consolidación de la colonización y el paso de varias generaciones, irán creando pautas familiares de mantenimiento del estatus (matrimonios endogámicos, mayorazgos, fundación de capellanías...) similares a las del contexto europeo, y que en Canarias en torno al año 1500 no podemos más que intuir.

Los documentos generados por las familias

La familia era el entorno social en el que se realizaban la mayor parte de transacciones de bienes en la época moderna. Por esta razón, los historiadores han encontrado en testamentos, cartas de dote y arras, capitulaciones matrimoniales, cartas de adopción, etc., informaciones fundamentales no sólo para el mejor conocimiento de las realidades familiares, sino también para otros muchos ámbitos de la vida de las sociedades del pasado.

Las cartas de dote constituían el hecho fundacional de un nuevo matrimonio. En ellas se recogía la cantidad que la familia de la mujer le daba a ésta para su nueva vida, y aunque jurídicamente se mantenía bajo la posesión de la mujer, una vez formalizado el enlace la gestión era encargada al marido. En muchos documentos aparecen junto a las arras, cantidad económica aportada por el varón, y que en esta época era muy inferior a la parte correspondiente a la mujer.

Para el conocimiento del final de la vida tenemos los testamentos. Son documentos imprescindibles para el hombre y la mujer de la época, porque son los que dejan ordenados los asuntos terrenales, condición indispensable para acceder con garantías a la vida eterna. Tienen un alto contenido religioso porque en ellos se ordenan las misas que el testador quiere que le digan para la salvación de su alma, pero también económico, ya que ordenan la sucesión en los bienes del difunto entre sus descendientes.

Contrato de servicio doméstico a una niña en La Laguna en 1515

Contrato de servicio doméstico de una niña, La Laguna, 1515 (Archivo Histórico Provincial de Tenerife, I, leg. 7, fº 390)

Sepan quantos esta carta vieren como yo Diego Moro (...) otorgo e conosco a vos Lorença Vasquez (...) que do e pongo en vuestro poder a mi hija ques de nonbre Ana Mora para que os aya de servir e syrva obedesca yo vos la doy para que la tengáys en lugar de hija para que le mostréys todas buenas costunbres (...) con toda vuestra posibilidad y la castiguéys y amenazéys así como persona que sea de doler de todo aquello que bien no hiziere para que lo haga bien e como deva de manera que lo que buenamente no tomare con temor de castigo lo aprenda e haga. (...) E vos de más e allende de lo que devesle avéys de dar de comer e de bever e de vestir e de calçar razonablemente todo lo qual aya de durar hasta que la dicha my hija aya hedad de veynte años que será en hedad para casar (...) y vos con toda deligençia e amor le ayáys de buscar e busquéys una persona tal que a vos os paresçiere e con la tal persona le caséys (...) E yo la dicha Lorença Vasquez rresçibo (...) la dicha vuestra hija que vos me days para yo tener como a hija e tal amor le muestre e obrase haga acostunbrandola en buenas e loables costunbres amostrándola a labrar e coser lo tal yo quiero hazer rresçibiéndola como rresçibo e tomo e traygo a my mano e poder la qual dicha vuestra hija a de ser tenida e obligada a me servir en todas aquellas cosas que yo le mandare e yo quisiere y ella lo fa aya de hazer y haga con toda deligençia e buena voluntad asý como la hazen las buenas hijas a sus padres e yo digo e me obligo en todo el tiempo que conmigo estuviere hasta la casar de le dar comer e bever e vestyr e calçar e en dicho tienpo casalla e dalle su casamiento segund a my me pareçiere segund dicho es que a mi conçiençia rremetís sobre la qual prometo de lo así hazer (...).

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