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Canarii 1 - Biografía

Vida del político canario

José Mesa y López

La biografía política de José Mesa y López (Las Palmas de Gran Canaria, 19 de septiembre de 1877 - 14 de marzo de 1951), se desarrolla a lo largo de cuatro etapas históricas, relevantes para el conjunto de la Historia de España en general, y de Canarias en particular: la Restauración canovista, la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Dictadura franquista. Desde su inicio en la política activa, durante la primera etapa, de la mano del Partido Liberal Canario, de Fernando León y Castillo, hasta su abandono definitivo, tras la llegada de la Dictadura Franquista, Mesa desempeñó un papel decisivo en las escalas local e insular, que le convirtieron en el político más influyente en las Canarias orientales y en el máximo exponente del caciquismo isleño, tras la muerte de León y Castillo, en 1918.

La carrera política de José Mesa comenzó en 1915, si bien sus antecedentes hay que buscarlos en marzo de 1912, cuando Mesa fue nombrado representante de la Comisión divisionista desplazada a Madrid, ámbito en el que pudo relacionarse con destacados miembros del Partido Liberal Canario. Tres años más tarde era elegido diputado provincial por Guía, y en septiembre de ese mismo año aceptó el ofrecimiento que le hiciera su amigo Bernardino Ponce y Martín de ser elegido consejero del Cabildo Insular de Gran Canaria, puesto que desempañaría desde noviembre de 1915, al contar con el apoyo de Francisco Gourié y Agustín Bravo de Laguna, jefes del “leonismo” en Arucas y en Gran Canaria, respectivamente. El 1 de enero de 1916, Mesa accedió a la presidencia de la Corporación, a propuesta de Agustín Bravo de Laguna. Su presidencia, que desempeñó hasta mayo de 1919, coincidió con una coyuntura de crisis económica en el archipiélago canario, pese a la cual el Cabildo afrontó algunas tareas de relevancia social, como la reforma del Hospital de San Martín o la creación del Instituto de Segunda Enseñanza para Las Palmas. En materia de Beneficencia, Mesa logró una Real Orden, por la que se le concedió al Cabildo el usufructo temporal y gratuito de los terrenos, aguas y edificios del Lazareto de Gando, donde quedaron establecidos un manicomio insular y una colonia sanitaria.

El fallecimiento, en 1918, de León y Castillo, dejó al Partido Liberal Canario sin su líder indiscutible, dividido y en medio de una descomposición interna en diferentes facciones. Su reorganización le fue encargada a José Mesa por Juan Melián Alvarado y Agustín Bravo de Laguna, antes de sus respectivas muertes, en 1919 y 1921. En esta tarea Mesa demostró destreza y habilidad, así como autoridad, para desenvolverse en el entramado caciquil que era el Partido Liberal Canario, y consiguió ser reconocido como el heredero de León y Castillo en la jefatura del Partido.

En 1922 accedió a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria, cargo que desempeñó hasta el 1 de octubre de 1923, cuando el Ayuntamiento fue disuelto tras el golpe militar de Primo de Rivera. Durante el tiempo que permaneció en la alcaldía, sus objetivos fueron el saneamiento de la hacienda pública y la modernización y transformación urbana de la ciudad, consistente estas últimas en el alcantarillado, el pavimentado, o el encargo de un anteproyecto a Miguel Martínez-Fernández de la Torre para la realización de un plan de ensanche de la ciudad, desde la calle Bravo Murillo hasta la playa de Las Canteras, cuyo trazado se denominó Ciudad-Jardín. Sin embargo, muchas de sus iniciativas no se materializaron: el golpe de estado del General Primo de Rivera, en septiembre de 1923, supuso la disolución de las Corporaciones locales, insulares y provinciales. Además, la Dictadura resultante llevó a cabo una tarea de investigación acerca de las corporaciones del viejo régimen, por lo que Mesa fue investigado, interrogado, y se le incoaron dos expedientes, que finalmente fueron sobreseídos. Al considerarse perseguido por el nuevo régimen, Mesa decidió apartarse de la política activa, si bien intentó seguir ejerciendo su influencia a través de los concejales y consejeros afines a su persona.

La gravedad de la situación económica de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria llevó, en 1929, al Gobernador Civil de la provincia a proponer a Mesa su regreso a la alcaldía, cargo que aceptó, no sin antes hacer notar sus reticencias y negociar sus condiciones. La habilidad política de José Mesa quedó nuevamente de manifiesto: siendo consciente de que la Dictadura, entonces en declive, llegaba a su fin, consideró conveniente, como otras personalidades de la etapa anterior, estar presente en el cambio que se avecinaba, marcando el rumbo desde la plataforma que le brindaba el Ayuntamiento de la ciudad, y reorganizando la maquinaria caciquil de cara a un posible proceso electoral.

Desde octubre de 1929 hasta la proclamación de la II República, la gestión municipal se caracterizó por la autoridad ejercida por Mesa y por su absoluto protagonismo, al centralizar en su persona la mayoría de las propuestas y decisiones tomadas por la Corporación Municipal a lo largo de los casi dieciocho meses que estuvo al frente de la Alcaldía de la ciudad, y dejando escaso margen de actuación a la oposición política. En esta segunda alcaldía retomó muchas tareas que había comenzado en 1922, y centró buena parte de su gestión en tres cuestiones principales: la carretera del Puerto, el camino de Chil y la concesión de un zona franca a la ciudad.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 arrojaron en la provincia de Las Palmas unos resultados completamente favorecedores para la Candidatura Monárquica, siendo Las Palmas de Gran Canaria una de las pocas capitales de provincia del Estado en las que ganó esta candidatura. El artífice de esta contundente victoria fue José Mesa, quien había preparado y organizado con tiempo la maquinaria electoral caciquil. Este protagonismo había sido puesto de manifiesto en 1930 por el Gobernador Civil de la provincia, Luis de León, cuando en un informe dirigido al entonces Ministro de Gobernación, Leopoldo Matos, señalaba sin duda alguna a Mesa y López como la persona de mayor influencia política en la provincia.

Sin embargo, la reacción del pueblo proclamando la República precipitó los acontecimientos que forzaron la salida de Alfonso XIII al exilio y la formación de un Gobierno provisional, encabezado por los principales líderes de la oposición a la Monarquía. Los concejales republicanos socialistas fueron proclamados automáticamente, por lo que Mesa no llegó a ser designado como concejal.

Mesa se dispuso entonces a organizar un partido de derechas que llenara el vacío dejado por los partidos de la Monarquía. El resultado fue el Partido Popular Agrario Autónomo (PPAA), que se integró en la Confederación Española de Derechas Autónomas, compartiendo el lema: “Religión, Patria, Familia y Propiedad”. Sin embargo, el PPAA no fue un partido confesional, sino una organización política que canalizó y defendió los intereses de la burguesía agraria y comercial, convirtiéndose en el aglutinador de las dispersas fuerzas de la Monarquía, sobre todo las procedentes del "leonismo".

En las elecciones generales de noviembre de 1933 consiguió acta de diputado, destacándose en el Congreso por intervenir en casi todos los asuntos relacionados con las islas, tales como las medidas para resolver la crisis frutera, o para facilitar a las clases modestas el acceso a las carreras del Estado, el auxilio a las obras hidráulicas, o la consecución de la variación del proyecto del nuevo muelle de Santa Catalina.

La desunión y enfrentamiento entre las fuerzas de las derechas dio el triunfo, el 16 de febrero de 1936, a las izquierdas del Frente Popular, y Mesa quedó fuera del Parlamento. Pocos meses después se producía el golpe militar que llevó a la Guerra Civil. En un principio, Mesa saludó el golpe, y convocó a su partido para autodisolverse y sumarse a la causa del alzamiento. Esta adhesión mostrada al levantamiento, no fue, sin embargo, de utilidad a Mesa para ganarse las simpatías y confianza de los nuevos dirigentes, pues cuando daba por acabada la redacción de sus memorias (“Memorias de un cacique”), en 1937, recibió orden de presentarse ante el nuevo Gobernador, el Capitán de Intendencia Militar Antonio García López, quien le hizo saber la existencia de una orden por la cual se debía impedir su intervención directa o indirecta en la política de Gran Canaria.

Desencantado con la nueva situación, José Mesa y López abandonó la política, y se centró exclusivamente en su profesión de abogado. En 1951 fallecía a la edad de 74 años.

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