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Canarii 1 - Empresas

Uno de los establecimientos con más tradición de los ubicados en Triana fue el de los Rivero, afamado comercio de tejidos fundado a principios del siglo XX

Los Rivero, una empresa familiar

Triana ha sido cuna y lugar de asentamiento de los más representativos comerciantes de Gran Canaria. En efecto, en el barrio y en la calle del mismo nombre, se establecieron históricamente gran número de empresas dedicadas a las más variadas actividades: desde las que tenía por objeto los productos relacionados con la alimentación, el comercio de víveres y ultramarinos, las ferreterías, las droguerías o los negocios bancarios. Lógicamente, el tipo de comercio allí establecido ha variado al ritmo que ha cambiado la economía y la sociedad de la isla; sí en el siglo XIX era el lugar donde se establecían los comerciantes que distribuían las mercancías que llegaban por el puerto de Las Palmas, posteriormente ha añadido otras funciones para acoger a empresas bancarias o a las relacionadas con la moda.

Uno de los establecimientos con más tradición de los ubicados en Triana fue el de los Rivero, afamado comercio de tejidos fundado a principios del siglo XX y hoy en día en trance de desaparecer. Muchos recordarán la tradicional tienda de los Rivero, regentada por los hermanos del mismo nombre y situada en un lugar estratégico de nuestra Calle Mayor, donde se podían adquirir desde piezas de tela para confeccionar todo tipo vestimenta, hasta mantelería, ropa de cama, etc. Allí acudían personas de cualquier clase y condición, desde habitantes de los barrios capitalinos a parroquianos de los pueblos más alejados de la isla, siendo atendidos siempre con exquisitez y encontrando siempre las máximas facilidades.

Los hermanos Rivero comenzaron su actividad en la calle Remedios a principios del siglo XX (1907), cuando el mayor, Luis, fundó un comercio de tejidos, el cual fue origen de un próspero negocio que florecería más tarde en la Calle Mayor (a partir de 1931) en un espléndido edificio, en tiempos propiedad de Don Diego Miller y hoy parte de él sede de un moderno establecimiento de modas. A partir de ahí, el negocio, con el nombre de Tejidos Rivero, no hizo más que crecer hasta conformar una de las firmas más señeras del comercio local. Su trayectoria merece prestarle atención por cuanto es un ejemplo típico de la burguesía canaria que prosperó al calor del desarrollo, generado en las islas desde finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la construcción de los puertos, el ahorro de los emigrantes y la propia evolución de la economía capitalista propiciaron el crecimiento de la economía y la modernización de la sociedad canaria. Asimismo, nos permite el acercamiento a un ejemplo típico de la pequeña empresa familiar canaria, la cual no ha sido suficientemente valorada como agente impulsor de la economía de las islas. El caso de los Rivero es, pues, un ejemplo típico de empresario hecho a mí mismo, de los que abundaron en aquella época tales como los Molina, los Campos, los Lozano, etc.

Proceden los Rivero del ámbito rural del municipio de Guía de Gran Canaria, donde sus progenitores (Félix Rivero González y sus sucesivas tres esposas) eran dueños de una pequeña propiedad. El cuarto de sus nueve hijos, de nombre Luis, se vino a Las Palmas en 1898 con tan sólo 17 años, recién comenzada la guerra de Cuba y se empleó de dependiente en un comercio local propiedad de D. Diego Moreno. El muchacho mostraba dotes naturales para el negocio de venta de tejidos, oficio que desempañó durante 8 ó 9 años a cambio de 125 pesetas de salario. Aprendido el oficio, sus dotes de emprendedor le llevan a fundar su propio negocio a los 25 años, gracias al empujón y la ayuda de un conocido y paisano, Blas Molina, quien le concedió un oportuno préstamo que se sumó a la ayuda de sus padres.

El espíritu familiar le induce a llamar a sus hermanos y animarlos a colaborar en el negocio, de tal manera que se termina por conformar la empresa a modo empresa familiar en el que laboraban el conjunto de los hermanos varones, además del propio Luis: Severiano, Pepe, Ezequiel, Federico y Gregorio; las hermanas eran María de Guía, Gabriela, Felisa y María, que también participaba esta última con una parte proporcional en la empresa. Los Rivero comprendieron que para gestionar más eficazmente su empresa debían prepararse, para ello asistieron a clases nocturnas después de agotadoras horas de trabajo, pues en aquellos lejanos tiempos los comercios tenían un largo horario, permaneciendo abiertos 12 o más horas. De esa manera, con grandes esfuerzos, los animosos jóvenes empresarios aprendieron las herramientas básicas, de cultura general y de contabilidad que le fueron muy útiles en su negocio.

La razón del éxito de esta empresa familiar radicó en la tenacidad, la austeridad y el amor al trabajo de sus dueños. La eficaz gestión, la laboriosidad y una favorable coyuntura económica, fueron la clave del rápido crecimiento del negocio, de tal manera que en los años 30 del siglo pasado la tienda de los Rivero tuvo más de 16 dependientes. Su actividad se extendía a toda la isla, pues suministraban la mercancía, como mayorista, a muchos comerciantes de todos los pueblos grancanarios y, aún es más, sus géneros llegaban al resto del Archipiélago; asimismo, vendían al detalle a la numerosa clientela insular.

Sus principales proveedores eran las fábricas catalanas, como fue tradicional en Canarias, pero los paños que distribuían también podían tener procedencia de Italia, Inglaterra, Francia e incluso Japón. Es curioso señalar que los géneros nipones hacían por esos años una dura competencia a los nacionales, pues invadieron las islas con tejidos mejores y más baratos que los españoles. Evidentemente, nuestras franquicias propiciaban la presencia de artículos de todas las partes del mundo.

La notoriedad económica de la firma les permitió participar en la vida social y política local, siendo nombrado Luis concejal del Ayuntamiento capitalino, si bien su actuación política fue corta pues en su proyecto vital primó su vocación empresarial.

Superadas las dificultades de la Guerra Civil (1936-1939), el comercio de los Rivero remontó el vuelo en la posguerra y tuvo un buen desenvolvimiento, sin que sucumbiera a la amenaza de las grandes empresas que comenzaron a operar en los años sesenta. La pequeña empresa seguía teniendo ventajas respecto a los grandes almacenes: la atención individualizada, el trabajo infatigable y una gestión eficaz les permitía competir y obtener buenos resultados. Sin embargo, los embates de la globalización parece que han hecho mella en la empresa y los herederos han optado por otras opciones profesionales.

La familia Rivero tiene su origen en el municipio gran canaria de Guía. De los nueve hijos que tuvo el progenitor Félix Rivero González, sólo cuatro laboraron en el comercio de Triana. Éstos, como tantos otros canarios de la época emigraron del campo a la ciudad para buscar fortuna en la próspera ciudad capitalina. Posteriormente, en una segunda generación, el comercio pasó a manos de los descendientes de José Rivero que lo han regentado hasta la actualidad.

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