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Canarii 1 - Entrevista

José de León Hernández

Timanfaya cambió Lanzarote

¿Cuál es el tema central sobre el que ha desarrollado la tesis doctoral?

Este trabajo de investigación ha tenido como objetivo más importante la reconstrucción del territorio ubicado en el centro de la Isla de Lanzarote –en la zona que hace años se conocía como las Montañas del Fuego y hoy comprende el P. N. de Timanfaya, la Zona del Parque Natural de los Volcanes, la zona del Espacio Protegido de la Geria y otras zonas periféricas- y que fue destruido por las erupciones volcánicas producidas en la isla conejera entre 1730 y 1736 y las consecuencias poblacionales, culturales, económicas, etc., que ello produjo. Las erupciones no provocaron una catástrofe en vidas humanas, pero fueron muy trágicas en cuanto a daños materiales.

¿Cómo era la geografía, el paisaje, de esa zona antes de las erupciones?

La realidad física de aquellos territorios estaba constituida por importantes llanuras, hoyas y valles, rodeados por lomas y montañas, la mayoría de las cuales afloran en la actualidad. Algunas de esas elevaciones han desaparecido o han perdido su nombre original. También se ha de resaltar que hemos localizado malpaíses dentro de esta área anteriores a las erupciones del S.XVIII, pero en cualquier caso hay que destacar que ya los primeros textos históricos, y en buena medida otros documentos analizados durante la tesis, destacan la existencia de ricas áreas de cultivo.

¿Entonces era una zona agrícola importante?

Era un espacio agrícola relevante en el contexto insular. No debemos olvidar que en Lanzarote se produce, debido a la creciente especialización en la producción y exportación de granos a lo largo del s. XVII y comienzos del XVIII, un proceso de concentración de las aldeas hacia la zona central de la isla, justamente la que quedaría arrasada pocos años después por la acción del volcán.

Sin duda, se trataba de una de las zonas más importante de la isla en cuanto a actividad económica lo que iba a verse reflejado en la existencia de una gran concentración de poblaciones de mediano tamaño, algunas de las cuales poseía un variado patrimonio edificado. Algunos de los edificios más significativos de la Isla en aquel momento, se encontraban en la zona como el caso de las ermitas de Santa Catalina, San Juan Evangelista y Candelaria (este último descubierto en esta investigación).

¿Cómo ha abordado una realidad territorial que ha quedado “tapada” por la naturaleza? ¿Cómo has podido recomponer esta situación?

Hemos desarrollado un criterio metodológico abierto y flexible con el fin de obtener la mayor cantidad posible de datos sobre la realidad anterior y coetánea a las erupciones. Cuatro han sido las principales fuentes de conocimientos trabajadas: la arqueología, la etnografía, la documentación histórica y la toponimia. Para las zonas de coladas hemos aplicado las fuentes documentales y toponímicas, para las zonas de arenas, las arqueológicas y etnográficas, utilizando las documentales de forma complementaria.

La mayor parte de las fuentes escritas trabajadas son las de tipo indirecto (Protocolos Notariales, Audiencias, etc.), las cuales han multiplicado los conocimientos que existían hasta ahora sobre la realidad territorial que posteriormente quedaría bajo el volcán.

Por otra parte, el sistema que hemos empleado para la localización física de los elementos de interés en el paisaje preexistente ha sido el de ubicarlos en base a las referencias fijas que han sobrevivido hasta hoy en el territorio, o bien relacionándolos con la intersección, o prolongación, de caminos que unían aldeas o zonas no afectadas.

Sabemos que las erupciones no produjeron muertes en la población, sin embargo, provocaron una radical transformación del paisaje, dando lugar a la desaparición de de fértiles vegas agrícolas y numerosos núcleos de población (aproximadamente una veintena), engullidos por las coladas de lavas y por el “picón”, lo que sin duda repercutió profundamente en la sociedad insular; ¿que destacaría de lo acaecido?

Para hacernos una idea de lo ocurrido debemos pensar que hemos localizado más de 1.500 topónimos anteriores a las erupciones, la mayor parte desaparecidos debajo de los volcanes. También habría que destacar la destrucción o desaparición de buena parte de los bienes inmuebles relacionados con el almacenamiento de aguas, producto de una enorme y costosa obra de ingeniería hidráulica, y que eran fundamentales para los habitantes de la isla.

Las lavas destruyeron, también, gran cantidad de aldeas de los antiguos Majos en Chimanfaya, Gauso, Maso, Tíngafa, Guimón, etc.; de los que solo hay referencias por documentos de la época.

El volcán transfiguró la isla, desaparecieron aldeas y tierras de cultivo, sin embargo aparecieron nuevos pueblos en otros lugares, por ejemplo, Tías, hoy uno de los pueblos más importantes de la isla, que surgió como consecuencia de la colonización de nuevas tierras tras las erupciones.

Su tesis también contempla las reacciones de los habitantes durante y después de la erupción: el miedo, el desconocimiento acerca de un fenómeno natural que invade sus vidas durante seis largos años, que arruina a gran parte de la isla y que fomenta la solidaridad y la picaresca, las manifestaciones religiosas y las supersticiones,…, en definitiva la historia de los lanzaroteños, que quedará marcada por el volcanismo y por la manera de la población de interrelacionarse con él. Habla en la tesis de la cultura del volcán como algo propio de la isla. ¿Lanzarote la isla de los volcanes es algo más que un slogan turístico?

La cultura del volcán, heredera de esos acontecimientos, contiene no sólo gran cantidad de tradiciones y leyendas como el de la Virgen de los Dolores, patrona de la isla, que concentra gran parte de la memoria histórica colectiva de aquellos acontecimientos, sino muchos conocimientos prácticos, que han hecho brotar la vida y los recursos más básicos, desde las entrañas de este territorio recién creado. Muchas generaciones en las islas, hemos sido testigos del despertar de alguno de ellos. Éstos no sólo han sido el soporte físico de nuestro terruño, sino un importante recurso que hemos sabido aprovechar como en el caso de los cultivos sobre arenas naturales o “enarenados” artificiales, con una gran creatividad y rendimiento y con una relevancia paisajística de primer orden como ocurre con La Geria, por citar un ejemplo destacado.

Por último, quisiera comentar que este trabajo aporta un amplio inventario arqueológico y etnográfico que comprende un volumen de unos 125 yacimientos que dan clara idea del valor patrimonial y cultural que alberga el volcán.

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