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Canarii 10 - Historia Contemporánea

Las organizaciones de intereses empresariales experimentaron un notable desarrollo en España con el régimen de la Restauración, pero en Canarias se inició con un desfase de dos décadas

Génesis del movimiento patronal canario

La unión de los empresarios en entidades de tipo asociativo tiene por objeto la defensa de sus intereses comunes. Dentro del panorama asociativo, habría que distinguir entre las organizaciones empresariales, cuya exclusiva finalidad es acoger a los empresarios para la defensa de sus intereses económicos, tengan o no asalariados a su cargo, y las organizaciones patronales, es decir, aquellas que tienen su razón en la defensa de los intereses del colectivo empresarial en la negociación con las organizaciones de trabajadores y la Administración. Ambos tipos se desarrollan en Canarias en diferentes etapas de su historia, aunque aquí nos ocupamos principalmente de las organizaciones patronales en tanto que protagonistas, junto con los sindicatos obreros, del sistema de relaciones laborales propio del siglo XX.

En cuanto a las organizaciones empresariales, con un objetivo exclusivamente económico, se desarrollan en Canarias a partir del último tercio del siglo XIX y surgieron para dar respuesta a situaciones de crisis (de la grana cochinilla, por ejemplo) o para quitar obstáculos a la exportación de productos canarios (caso del tabaco). En efecto, por ejemplo la Unión Agrícola de Gran Canaria, nació para hacerse cargo de la comercialización de la cochinilla; el Porvenir Agrícola de las Islas Canarias (1874) se creó para impulsar nuevos cultivos, el tabaco y la caña de azúcar, como alternativa; mientras que el Gremio de Fabricantes de Tabacos Elaborados de Canarias (1885), nació para defender la exportación de este producto a la Península. Podríamos añadir las uniones de empresarios formadas para explotar el arrendamiento de los puertos francos y otras instituciones como las Cámaras de Comercio, el Círculo Mercantil, las Cámaras Agrarias, los sindicatos de empresarios tabaqueros, las heredades de aguas y los Sindicatos Agrarios. Estos últimos, tendrán un importante desarrollo, especialmente entre los cultivadores y la exportación de plátanos y tomates, como por ejemplo el Sindicato Agrícola de Norte de Tenerife o el Sindicato Agrícola del Norte de Gran Canaria como los más importantes, aunque su número ascendía a unos 26 en 1934; tras la Guerra Civil derivarán en las cooperativas agrícolas actuales.

Por su parte, el asociacionismo patronal tiene por finalidad, además de los intereses estrictamente económicos, también los la defensa de intereses colectivos, derivados de la necesidad de la negociación colectiva en un nuevo marco institucional que propicia la conformación de asociaciones para desarrollar la negociación con las organizaciones obreras. Así lo expresaba una fuente de la época: “La legislación social que regula el trabajo y las relaciones entre patronos y obreros ampara los derechos y los deberes de ambas clases, imponiéndoles deberes que cumplir y estableciendo normas legales para resolver las cuestiones que surjan entre el capital y el trabajo, por el incumplimiento de las bases convenidas, por divergencia en la interpretación de leyes, reglamentos o disposiciones dictadas sobre la materia o por otras causas previstas e imprevistas” (recogido de “La Federación Patronal y las relaciones entre capital y el trabajo”, Diario de Las Palmas, 25-11-1932).

En efecto, las organizaciones de intereses empresariales experimentaron un notable desarrollo en la sociedad española con el régimen de la Restauración, es decir desde el último tercio del siglo XIX. Pero en Canarias se inició a partir de la segunda década del siglo XX, confirmando así el desfase con el que se incorporan las islas al proceso modernizador de sus instituciones socioeconómicas respecto a otros lugares del Estado, desfase que se puede cuantificar en un par de décadas.

Dos motivos principales impulsaron a los empresarios canarios a integrarse en organizaciones patronales. En primer lugar, la existencia de una legislación socio laboral que propiciaba la negociación colectiva, tal como el Instituto de Reforma Sociales, y luego la implantación de los Comités Paritarios, desarrollados en la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera y sus sucesores, los Jurados Mixtos ya en la Segunda República; en segundo lugar, la consolidación de sindicatos de trabajadores, cada vez con mayor poder de presión (Ver el nº 3 de Canarii), de tal manera que las organizaciones empresariales aparecen más tarde que los sindicatos obreros.

Todo ello llevó a los empresarios de las distintas ramas de la producción de la economía canaria a sumarse a las asociaciones patronales, cada vez más numerosas y cohesionadas hasta culminar, en la etapa de la Segunda República, con las federaciones provinciales. La primera asociación sectorial en constituirse fue la Asociación Patronal de Comerciante al por Menor (fundada en Gran Canaria en 1916), le siguen la de Exportadores y Cosecheros (1919), la de Comerciantes (1921), la de Consignatarios del Puerto de La Luz (1925), una de la más poderosas por agrupar a las empresas, tanto locales como extranjeras, que operaban en el puerto, un sector estratégico de la economía de las islas. En esta década se crearon algunas asociaciones mixtas, de carácter corporativo como corresponde al régimen primorriverista, destacando la Asociación Mixta de Patronos, Empleados y Obreros del Puerto de Santa Cruz. Este proceso culmina en la Segunda República cuando el asociacionismo patronal experimenta un gran desarrollo (ver Cuadro), alentado por el marco legislativo de los Jurados Mixtos.

En cuanto a la tipología, el hecho insular impone sus condiciones de la misma manera que en el caso del movimiento obrero. La célula básica es la asociación sectorial, generalmente de carácter insular; el siguiente escalón lo ocupan las federaciones sectoriales (ver el caso de la Industria en Gran Canaria, cuya composición reproducimos en el recuadro), para culminar en las federaciones provinciales, hecho que se da ya en la Segunda República: la Federación Patronal de las Islas Canarias (1931), que acoge a los patronos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y cuyo primer presidente fue el abogado, gran propietario y dirigente político conservador tinerfeño Tomás Cruz García. Por su parte la Federación Patronal de la Provincia de Las Palmas (1932) tenía a su frente a empresario José Juan Mulet, la cual contaba con 877 empresarios asociados 132.021 trabajadores empleados en 1932. En cuanto a la implantación, en las Canarias Occidentales es mayor en el sector agrario, mientras que en las Orientales destacan el sector industrial y el comercial, lo cual se corresponde con las características del tejido económico de cada isla.

En esta etapa, tanto las asociaciones como las federaciones provinciales desempeñarán un papel relevante en la relación entre empresarios y obreros y con las organizaciones sindicales, interviniendo directamente, como portavoces y representantes de los primeros, en buena parte de los conflictos sociolaborales y contando con un órgano de expresión propio, El Industrial, en cuyas páginas leemos que los motivos que les llevan a unirse en federaciones serán “la defensa de los intereses genuinos que representa la clase, a la par que someter los conflictos sociales que entre capital y trabajo puedan surgir –aquilatándolos a las normas legales- y previniendo las disidencias que puedan emanar del choque de las clases patronales y obreras” (El Industrial, 12 de diciembre de 1932).

Miguel Suárez Bosa es profesor de Historia Económica de la ULPGC

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