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Canarii 10 - Prehistoria

Un espacio de interacción social de los guanches en el suroeste de Tenerife

La Montaña de Tejina en Guía de Isora

Recientemente, el Ayuntamiento de Guía de Isora (Tenerife) ha publicado una monografía (Los Guanches en Guía de Isora. Arqueología, Territorio y Sociedad) que aborda el estudio del territorio arqueológico de la Comarca Isorana durante el período aborigen. A partir de la categorización y contextualización de 232 yacimientos arqueológicos, se analizan las formas en que los guanches ocuparon, explotaron y concibieron el territorio isorano, ofreciendo una interpretación histórica que identifica la complejidad y variabilidad de las relaciones sociales en el propio territorio. El análisis permite observar un sistema de organización territorial articulado a partir de espacios que, como la Montaña de Tejina, conformaron lugares con una fuerte significación simbólica, y que ofrecen nuevos y diferentes argumentos para ahondar en el conocimiento de la sociedad aborigen que ocupó esta parte de la Isla.

Hasta hace poco tiempo, y apoyándose en el conocimiento de yacimientos como la Cueva de Chajora, El Bailadero, Majagora/Cerro Gordo o en los célebres grabados de Aripe, la investigación arqueológica había interpretado la Comarca Isorana de la misma manera que todo el sur-suroeste de Tenerife: una zona escasamente poblada donde sus habitantes, pequeños grupos autosuficientes, dependían de la constante movilidad del ganado para asegurar su subsistencia cotidiana.

Efectivamente, tanto en Los Guanches, de Luis Diego Cuscoy (1968) –donde se establece la primera y, hasta la fecha, única síntesis global de distribución de la población aborigen de Tenerife– como en La Piedra Zanata, de Rafael González Antón y otros (1995), se interpreta la ocupación de esta zona a partir de condicionamientos ecológicos como la presencia y ausencia de agua, la existencia de cuevas susceptibles de ocupación humana, el tipo y características de los pastos, la intensidad de la cubierta vegetal, etc. En ambos trabajos, como también ocurre en otros estudios arqueológicos realizados en varias comarcas de la isla, se parte de la convicción de que las características medioambientales y físicas del entorno imponen tal número de limitaciones a la vida humana que éstas pasan a explicar y vertebrar todos los aspectos sociopolíticos, simbólicos, económicos e, incluso, las actividades cotidianas de los guanches. De esta manera, el estudio reciente del período aborigen en Canarias ha pasado a concebirse, meramente, como la búsqueda de aquellas respuestas adaptativas que los grupos humanos desplegaron en su lucha titánica ante las inclemencias climáticas, biológicas y físicas del Archipiélago, reduciendo al mínimo la riqueza y complejidad de lo social en las explicaciones del pasado.

Sin embargo, y a la luz del número y tipo de evidencias arqueológicas localizadas en el municipio de Guía de Isora, no es posible aceptar esta premisa de partida. La identificación de más de 230 yacimientos arqueológicos en un espacio de 143 km2 obliga a rechazar las interpretaciones basadas en criterios ecológicos para explicar la ocupación aborigen de, al menos, esta parte de la isla, en la medida en que ese registro arqueológico no puede corresponder, según los modelos planteados tradicionalmente, al tipo de características medioambientales presentes en la Comarca Isorana. El análisis de las evidencias descubiertas demuestra que las razones por las que los guanches ocuparon esta zona, los motivos que eligieron para asentarse en uno u otro lugar, o el sentido otorgado a espacios en el que concentraron un tipo de evidencias muy específicas, debe ser explicado a partir de criterios que poco o nada tienen que ver con la presencia de pastos, recursos hídricos, cuevas de hábitat, etc. Tal y como se ha comprobado en la Comarca Isorana, la distribución de poblados, manifestaciones rupestres, lugares de frecuentación esporádica, cuevas sepulcrales, etc., responde a un control y a una apropiación del territorio claramente establecida y de naturaleza social. Se observa que los diferentes yacimientos se agrupan en diversas unidades domésticas asentadas sobre espacios bien definidos que contienen diversos lugares de actividad (agrícolas, ganaderos, extracción de recursos líticos, funerarios, rituales, simbólicos), en torno a pequeños poblados de cabañas ubicadas en los lomos del municipio. Estas unidades domésticas se relacionan entre sí configurando territorios sociales de mayor amplitud que denominamos grupos locales y que, al menos durante la fase final del poblamiento aborigen, se caracterizaron por presentar fuertes desigualdades sociales.

La alta densidad de ocupación constatada, que descarta las interpretaciones sobre la constante movilidad del guanche pastor esgrimidas para esta zona de la isla, evidencia una concepción del espacio y una estrategia de ocupación y explotación de éste que no responde a ninguna lógica maximizadora, tal y como viene siendo interpretada tradicionalmente la distribución de asentamientos por parte de numerosas investigaciones. Todo lo contrario. Son las relaciones de interacción social las que definen y explican la ubicación de los yacimientos arqueológicos aborígenes.

De entre los numerosos ejemplos localizados en el trabajo de prospección de la Comarca Isorana puede destacarse la singularidad de evidencias arqueológicas detectadas en torno al espacio que constituye la Montaña de Tejina, pues de ella se deriva la identificación de diversas relaciones apenas constatadas en la Arqueología canaria. Este domo volcánico, de 1.055 metros de altitud y visible desde toda la comarca suroeste de Tenerife, aglutina una serie de elementos arqueológicos tan singulares que le confieren una significación especial, en el sentido de que su inserción en el entramado de relaciones sociales es necesario hacerlo desde su consideración como lugar de culto de los aborígenes de esta parte de la isla.

Tanto en el entorno como en lo alto de la Montaña de Tejina se agrupa un conjunto de manifestaciones rupestres que expresan un sentido y una entidad muy diferente al reconocido en otros conjuntos arqueológicos de la Comarca Isorana. A diferencia del resto de grabados, que destacan por presentarse de forma relativamente aislada o en asociación con entidades arqueológicas muy específicas, las manifestaciones rupestres que se vinculan a la Montaña de Tejina (grabados de Montaña de Tejina I, Las Fuentes I y V, Las Cabezadas I y II y Fustín, así como las cazoletas y canales de Montaña de Tejina II, Las Fuentes II y Tejina III), configuran un espacio con una densidad de manifestaciones rupestres comparable a otros grandes conjuntos insulares como los de Masca (Buenavista del Norte) o el Valle de San Lorenzo (Arona). Además, se evidencian relaciones dinámicas con otros elementos arqueológicos del territorio isorano, tanto con poblados como con cuevas sepulcrales y lugares de frecuentación más esporádica.

De esta forma, e independientemente de los ritos y ceremonias que pudieron practicarse en ella, lo cierto es que la valoración arqueológica de la Montaña de Tejina permite, por una parte, identificarla como uno de esos lugares que la documentación escrita denomina espacios sagrados y, por otra, constatar cómo la determinación del entorno natural no es el factor que define el modelo de distribución de estos yacimientos ya que, al igual que los poblados de cabañas, las necrópolis y los lugares de frecuentación esporádica de la Comarca Isorana, sólo pueden ser explicados a partir de su relación con otras prácticas sociales.

Esther Chávez Álvarez, Francisco Pérez Caamaño, Elena Pérez González, Javier Soler Segura y Antonio Tejera Gaspar son profesores y becarios de la Universidad de La Laguna

Imágenes

La montaña y la muerte

De entre los aspectos más novedosos puede destacarse la estrecha vinculación entre la Montaña de Tejina y los depósitos funerarios. El trabajo de campo ha puesto de manifiesto una relación visual directa entre la ubicación y orientación de las cuevas funerarias de la Comarca Isorana y la Montaña de Tejina, ya que el acceso de gran parte de las oquedades funerarias identificadas en Guía de Isora se orienta, total o parcialmente, hacia la montaña.

Aunque la configuración geomorfológica de la mitad sur del municipio favorece la presencia de cuevas naturales, lo cierto es que, de ellas, sólo algunas fueron utilizadas como depósitos funerarios, lo que indica que la selección de estas cuevas como sepulcros no respondió a criterios ecológicos, sino a referentes simbólicos (la montaña es un referente social y ritual para los grupos locales asentados en la comarca) y socioeconómicos (cercanía a las unidades domésticas en casi todos los casos). Así, y pese a que a lo largo de todo el perímetro de los grandes barrancos que rodean la montaña (Erques, El Pozo, Tejina, Cuéscara), es posible localizar, a diferente altitud y nivel, gran cantidad de cavidades que reproducen las características físicas requeridas por los guanches para su uso como cuevas sepulcrales, lo cierto es que muchas de ellas no fueron utilizadas para tal fin. Sólo lo fueron aquéllas que mantenían una relación visual con la montaña.

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