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Canarii 10 - Tema Central

Evolución del medio natural canario

Los climas del pasado

Diversas disciplinas científicas intentan descifrar las claves del funcionamiento del sistema climático y profundizar en el conocimiento de las causas, agentes y procesos que caracterizan su variabilidad a distintas escalas temporales y espaciales. La ya resuelta incertidumbre sobre el aumento que, desde hace décadas, experimentan las temperaturas del Planeta y la más que posible incidencia del hombre en esta variabilidad natural ha impulsado buena parte de este esfuerzo investigador, dentro del cual se incluye la modesta aportación de la climatología histórica.

Es ésta una especialidad relativamente reciente en España, pese a la abundante documentación histórica de las épocas medieval y moderna y a la riqueza del patrimonio documental de los diferentes reinos de la monarquía hispánica. En los últimos años, las principales líneas de trabajo se dirigen hacia la caracterización general del clima a través de los diferentes siglos, el estudio de las anomalías climáticas, el análisis de los episodios meteorológicos extremos y la recuperación del análisis y tratamiento de nuevas fuentes históricas de interés climático.

Afrontar una investigación paleoclimática requiere acceder a un gran cúmulo de información meteorológica y climática, por lo que es preciso centrar la investigación en algún tipo específico de información. En este sentido, la información indirecta (“Proxy-data”) es la más abundante en la documentación española y buena parte de ella son registros de ceremonias de rogativas por motivaciones ambientales. El sistema de rogativas aparece en comunidades católicas de recursos tecnológicos limitados y que dependen de forma casi absoluta de la obtención de unas cosechas de cereal panificable como alimento básico. Así pues, las variaciones climáticas, por pequeñas que parezcan en la actualidad, representaron en épocas pasadas severos impactos económicos y demográficos ante los que sólo cabía, como actitud activa, rezar a Dios. Además, hay que señalar, que el fuerte control institucional y la rigidez propios del Antiguo Régimen han permitido disponer de registros documentales oficiales donde aparecen con todo detalle deliberaciones y resoluciones para convocar rogativas, así como las anomalías atmosféricas que las originan, su fecha exacta y el tipo de rogativa según la gravedad de la situación.

En este contexto, la documentación administrativa de los capítulos catedralicios, las comunidades de canónigos que gobernaban las catedrales, son uno de los mejores fondos documentales a efectos climáticos, tanto por su densidad como por la calidad de la información contenida. Se trata de instituciones con una importante implantación temporal, que permite abarcar un período temporal amplio, en algunos ámbitos desde la Baja Edad Media (siglo XIV) hasta la actualidad. A ello se añade su carácter de institución local que ofrece una percepción de detalle de los aspectos ambientales que pudieran alterar la vida cotidiana. Así, por ejemplo, las actas del Cabildo Catedral, disponibles en el Museo Diocesano de Las Palmas de Gran Canaria desde 1600 en adelante, aportan información puntual de todas las reseñas relativas a las rogativas pro pluvia. Estas ceremonias religiosas se “activan” desde el momento en que la sequía comienza a afectar a la actividad económica dominante, la agrícola, y se da la voz de alarma a las autoridades civil y religiosa. Esta última, en el caso de Gran Canaria, sede de la catedral de Canarias y de su institución, el Cabildo Catedral, es quien determina la fecha y el tipo de rogativa que se debe realizar. Los más frecuentes eran los novenarios, nueve días de “misas del agua” dedicadas al santo que se quería venerar, así como a otros tipos de plegarias y las procesiones. Como ceremonias curiosas destacan la exposición de las reliquias de Santa Úrsula y San Joaquín ubicadas en la iglesia catedral, así como la procesión, dentro de la catedral, de los señores capitulares junto con el obispo. Como ejemplo se inserta este extracto del acta capitular del 10 de marzo de 1620:

“En este Cabildo, habiendo el Sr. Obispo propuesto la necesidad grande que hay de agua, y que es menester apelar a Dios Nuestro Señor haciendo algunos actos de penitencia, habiéndose acordado por todo el Cabildo que el miércoles en la noche vengan a maitines todos los señores capitulares juntamente con su señoría el Sr. Obispo, y después de acabados se haga una procesión por dentro de la iglesia, yendo descalzos los señores prebendados y después haya “miserere” con la música y disciplina los que quisieren y que entre en ella todos los sacerdotes y clérigos de órdenes sacras que quisieren venir (…)”.

Las imágenes religiosas locales más veneradas en Las Palmas de Gran Canaria eran entonces la Virgen de La Antigua, el Cristo de La Vera Cruz, Nuestra Señora de Los Remedios y los santos Justo y Pastor, en cuyas ermitas se realizaban las plegarias y misas por el agua. Cuando la sequía se prolongaba en el tiempo y la falta de agua se agudizaba era cuando se procedía al traslado de sus parroquias a la patrona insular, la Virgen del Pino (Teror) y a otras imágenes de pueblos del interior de la isla como Santa Brígida (La Vega) y San Juan (Arucas).

En Tenerife, al igual que las demás islas, se establece una escala de valores en la eficacia de la rogativa. A medida que la situación se torna cada vez más difícil se debe recurrir a la patrona de la isla, la Virgen de La Candelaria. Así pues, se pueden establecer tres niveles según la intensidad de la sequía y el tipo de acto litúrgico realizado: leve, moderada y grave.

Si analizamos, por ejemplo, las actas del Cabildo Catedral a lo largo del siglo XVII se puede observar que el número de años en los que se realizan rogativas por lluvia es de 16 y el número de rogativas 42. De ellas, casi la mita son de nivel II (moderada), mientras que algo más de un tercio de los años las sequías fueron realmente graves, por lo que la Virgen del Pino tuvo que ser trasladada desde Teror a Las Palmas de Gran Canaria. Junto a esos 16 años de rogativas por lluvia, aparecen 9 con rogativas por plagas de langosta y 6 por las epidemias de peste de la primera década del siglo (1601-1606) y la de viruela del año 1677.

La distribución temporal de estas rogativas nos permite distinguir dos grandes períodos de secuencias de indigencia pluviométrica, separados por un gran intervalo de 32 años (1636-1653), en el que apenas se registran dos rogativas pro pluvia. El primer período abarca los años comprendidos entre 1620 y 1635 donde se concentra el 43% de las rogativas del siglo. El segundo transcurre entre 1668 y 1689 donde tienen lugar el 38% de las rogativas. Hay que señalar como años muy secos 1607, 1635 y 1677, pues las rogativas de esos años alcanzaron el nivel III (grave).

La figura adjunta se inserta con el objeto de conocer la duración aproximada de los períodos secos. Es una aproximación pues sólo en una ocasión (enero de 1675) se celebra una acción de gracias que podría marcar el fin de la sequía. La mayor parte de las rogativas se suelen celebrar cuando no se ven cumplidas las expectativas de lluvia de los meses de finales del otoño y del invierno. Así pues, la mayoría son en marzo y, en menor medida, febrero y octubre. En la figura aparece sombreado cómo a la sequía del verano se suma la sequía coyuntural, por lo que al déficit de la primera se le puede achacar que prolongue o agrave los efectos de una primavera seca o que sea el inicio de un otoño e invierno más secos de los habitual.

Pablo Mayer Suárez es geógrafo y profesor de la ULPGC

Imágenes

Una sequía persistente

Una de las secuencias más largas e intensas del siglo es la que tuvo lugar entre 1619 y 1621. El 5 de marzo de 1620, el Cabildo Catedral acuerda trasladar a la capital de la isla a la Virgen del Pino, junto a San Juan y a Santa Brígida debido a la escasez de agua. Se trata de un episodio seco que puede prolongarse, retrocediendo en el tiempo, al menos hasta el verano de 1619. Ante la persistencia de la sequía, el 10 de marzo el obispo propone la realización de actos de penitencia. Meses más tarde, en 1621, los labradores solicitan al Cabildo la realización de misas por el agua, lo que hace suponer que la sequía continuó durante todo este tiempo. Posteriormente, el 8 de marzo, los agricultores solicitan traer la Virgen del Pino para hacer una procesión general con el Cristo de la Vera Cruz. En esta ocasión el Cabildo no accede a traer a la Virgen, y acuerda la realización de tres procesiones por la ciudad: la primera a San Justo y Pastor, la segunda a la ermita de Los Remedios y la tercera a La Vera Cruz, trasladando esta última imagen a la iglesia catedral en procesión general. En la imagen adjunta se puede observar los recorridos que solían realizarse entre las distintas ermitas de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria con los distintos santos.

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