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Canarii 10 - Historia Contemporánea

Localizados los retratos de setenta y dos presos recluidos en la prisión de Las Palmas durante la Guerra Civil

Los rostros de las víctimas del 36

Reconstruir lo ocurrido setenta años atrás, averiguar qué se esconde tras decenas de historias que terminaron de la peor manera posible durante la Guerra Civil Española. Ahora, siete décadas más tarde, localizamos en Galicia los retratos de setenta y dos hombres que fueron encarcelados en la prisión provincial de Las Palmas nada más estallar la contienda.

Son los rostros de la tragedia. La cara más amarga de uno de los episodios más duros de nuestra historia.

Tras estos retratos –que se publican por vez primera en Canarias– se encuentra un poeta y dibujante gallego recluido en la prisión de Las Palmas. Se trata de Ángel Juan González López, conocido en el mundo de la cultura bajo el pseudónimo de Ángel Johán.

Amigo de los hermanos Millares y de Ventura Doreste, este artista lugués llegado a las islas en 1929 sufre en sus propias carnes la persecución más infame del fascismo.

Tras ser condenado a treinta años de prisión por un tribunal militar, este autor gallego se refugia en los lápices y en viejos papeles usados para expresar todo aquello que otros pretendían callar. El resulta-do de los cuatro años que permaneció encarcelado en Las Palmas, es esta colección de re-tratos de sus compañeros de celda, docenas de poemas de corte intimista y una serie de cuentos infantiles dedicados a sus hijos, demasiado pequeños para comprender lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Ahora, más de setenta años después, se publica en Canarias este testimonio: los últimos retratos realizados a los presos políticos del franquismo. Jóvenes y ancianos. Humildes y acaudalados. Intelectuales y analfabetos. Todos, sin excepción, fueron víctimas del brazo ejecutor del fascismo.

Los presos y sus condenas

En esta colección de retratos descubierta en Galicia se encuentran los rostros de setenta y dos hombres en-carcelados por defender la causa republicana. De ellos, cuarenta y seis están identifica-dos por el autor. Ángel Johán anotó cuidadosamente los nombres y apellidos de los reclusos y las condenas dictadas contra ellos por los golpistas. Las penas capitales aparecen marca-das con una m; las de prisión con números. En total, figuran tres condenas a muerte, entre ellas la de Luis del Rosario Vega.

La tragedia de San Lorenzo

Prácticamente la mitad de los internos que sirvieron de modelos a Ángel Johán y que a-parecen identificados se enfrentaban a 30 años de reclusión.

Sin embargo, algunos de ellos no llegaron a contarlo, como el concejal del ayuntamiento de San Lorenzo, Francisco González Santana, fusilado en el Campo de Tiro de Infantería de la Isleta el 29 de marzo de 1937.

Junto a él fueron ajusticiados otros cuatro hombres: el alcalde Juan Santana Vega –conocido por Juan Machado- y los concejales Antonio Ramírez Graña, Manuel Hernández Toledo y Matías López Morales.

Condenados por rebelión

Un presunto delito de rebelión militar. Esa es, al menos, la acusación que figura en la sentencia dictada contra es-tos cinco presos asesinados en la primavera de 1937 en Las Palmas de Gran Canaria.

El texto, divulgado por el historiador Juan Francisco Santana Domínguez– califica a los condenados como enemigos del régimen franquista por combatir contra los golpistas para intentar evitar la anexión ilegal del ayuntamiento de San Lorenzo a la capital grancanaria. Pero además, otros diecisiete hombres fueron juzgados por los acontecimientos desatados en San Lorenzo. Entre ellos figuran Félix Montesdeoca Y José Fiol Santana, retratados también por el lápiz de Ángel Johán.

Al primero lo condenaron a cadena perpetua por participar en la rebelión, realizan-do registros domiciliarios mediante el uso de violencia. Así y todo, posterior-mente le permutaron la pena por treinta años de cárcel.

Al segundo le cayeron doce años por ocultar en una cueva armas y explosivos que le había facilitado su hermano Roque por orden de Juan Santana Vega, por aquel entonces, regidor municipal de San Lorenzo.

Lo ocurrido con esta veintena de hombres es uno de los episodios más dramáticos de la represión ejercida en Las Palmas por los fascistas. Ahora regresan a la memoria colectiva tras setenta años de olvido.

Sindicalista y republicano

Corría el año 1929. Un joven dibujante gallego llega a Las Palmas de Gran Canaria para tomar posesión de su plaza de funcionario de Correos. Pronto, comienza a relacionarse con los principales representantes de la pintura canaria de la época y conoce a la que sería su mujer, Dolores Doreste, la Lolá de sus poemas. En las Islas conoce el amor, pero también la destrucción y la muerte.

Ángel Juan González López era un muchacho comprometido políticamente. Perteneció al sindicato de Telégrafos, militó en Izquierda Republicana y fue vocal del Comité del Frente Popular durante las elecciones de febrero de 1936.

Cuando estalla la guerra, Ángel Johán estaba de servicio, en la central de Correos de Las Palmas. La llegada de un telegrama informando de la rebelión de las tropas franquistas en Marruecos cambiaría su vida.

Consciente de la gravedad de los hechos, el intelectual gallego decide remitir esta comunicación no sólo al gobernador civil, sino también al gobierno de la República, en Madrid. Junto a ella añade un dato más: advierte de la presencia de Francisco Franco en Las Palmas con motivo del entierro del General Balmes.

Condenado a treinta años por rebelión

Este gesto sería considerado por los fascistas un delito de rebelión, que se vería agravado por dos circunstancias más: la manipulación de una emisora de radio en casa del hermano del diputado comunista Domingo Suárez Molares y la participación, la noche de la sublevación, en una reunión secreta convocada supuestamente en la Central de Correos y Telégrafos con el objeto de planear un atentado contra el General Franco. Por todas estas circunstancias, Ángel Johán es condenado a treinta años de prisión, que quedarían reducidos a cuatro tras una revisión del caso. Ángel Johán, superado por las circunstancias, se refugia en su arte.

La obra creativa de este artista gallego comienza a forjarse al poco tiempo de ingresar en el penal de Las Palmas, un 22 de noviembre de 1937. El dibujante comienza realizando simples bocetos; pronto se le ocurre retratar a sus compañeros de celda y, meses más tarde, participa en la elaboración de una revista –bautizada como Surcos–, que edita de forma artesanal junto a otros internos. Poemas, cuentos infantiles dedicados a los hijos y otras reflexiones componen el trabajo de guerra de Ángel Johán.

Firmes trazos sobre un roído papel

Conseguir el material con el que hacer realidad su sueño no era tarea fácil. En aquella sucia celda, donde apenas entraba un rayo de luz el papel escaseaba, y también los lápices con los que dar forma a su imaginación. Por ello, se vio obligado a agudizar el ingenio y a echar mano, en ocasiones, de cuartillas usadas pertenecientes a la consulta privada del doctor Juan Domínguez, recluido junto a él en el penal de Las Palmas. Aún hoy en día, setenta años después, el anagrama del doctor se puede adivinar en el envés de alguno de estos dibujos, que están guardados en el Museo Carlos Maside de Sada (A Coruña).

Parte de su experiencia en prisión la dejó reflejada en su obra literaria. Nada más obtener la libertad publica sus primeros libros: Redondel sin salida (1944), Alba esencial (1944), Muerte Siempre (1945) La agonía junta (1946), el poema “Muerte Siempre” –incluído en Antología Cercada (1947)– y una traducción al español de los Siete sonetos de William Shakespeare (1945).

El regreso a Galicia

En el terreno personal, a medida que avanzaban los meses, la situación se iba complicando para el poeta. Era libre, pero carecía de medios con los que mantener a su familia. Las autoridades le habían inhabilitado para ejercer su puesto de funcionario en Correos, por lo que se encontraba sin empleo, sin bienes, y con una mujer y tres hijos a su cargo. Al principio malvive dando clases de español a familias inglesas residentes en Las Palmas. Pero aquello no era suficiente, por lo que decide regresar a Lugo.

De vuelta a Galicia, los amigos de antaño le buscan un futuro. Mientras, continúa creando. Hasta su muerte en Madrid en 1965 –con sesenta y cuatro años de edad–, Ángel Johán escribe una treintena de composiciones poéticas, realiza una veintena de dibujos y pinta más de treinta cuadros con los que se ganaría el respeto de la crítica de la época. Autor y editor, sirvió de trampolín para toda una generación de escritores, a los que prestó su ayuda incondicional.

Con el paso de los años, Ángel Johán aprendió a perdonar a aquellos que le destrozaron la vida. Sin embargo, nunca logró superar el trauma causado en su vida por la Guerra Civil. Le robaron la libertad; pero no su bien más preciado: la dignidad.

Nuria López Presedo es periodista

ÁNGEL JOHÁN, Surcos, 1940

¡Libertad! No eres sólo la onomatopeya evocadora de mundos amplios y sin horizontes que lo limiten. Ni siquiera el deseo vehemente de hacer cuanto nos sugiera por absurdo y caprichoso nuestro pensamiento. ¡Oh, la gran tragedia de la libertad en el encierro, con el deseo puesto en un mundo perdido y en una dicha que la cautividad agiganta! ¡Perenne desdoblamiento que se prolonga en la nostalgia de los días circulares, hurtándote al recuerdo dichas prendidas en el hogar, lleno de nuestra ausencia! Presintiendo la alegría en que se iluminarán nuestros seres queridos al saturarse de nuestros más íntimos pensamientos.

¡Perder la libertad es reencontrase en el gran misterio de la Nada!”

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