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Canarii 10 - Entrevista

Víctor Morales Lezcano, historiador

"Para Canarias, Europa es una evidencia; América, una nostalgia; y África, un imperativo"

Tras una primera etapa “canariológica”, el factor Marruecos ha sido una constante en la vida profesional del historiador Víctor Morales. En su último libro analiza, “de modo documentado y desapasionado”, las difíciles relaciones hispano-musulmanas, desde sus orígenes hasta el 11-M. Pese a su preferencia por el pasado, admite analizar, desde su perspectiva de especialista en el Magreb, el presente, y recuerda que el resurgimiento de un islam político ha ido llegando al Magreb desde hace más de veinte años: “Lo que ha ocurrido es que en Túnez fue “disuelto”, en Argelia reprimido, y en Marruecos... veremos en qué para el “pulso” religioso, cultural y político-social que los islamistas de choque están echando a los poderes tradicionales”.

Junto a diversas investigaciones centradas en la historia de Canarias (presencia de los ingleses y su papel en el 98 español o en la II Guerra Mundial), su interés profesional se centra en el Magreb y sus relaciones con España. ¿Por qué eligió esa especialización?

- He tenido, en efecto, una trayectoria “canariológica” en mi producción historiográfica que cubre aproximadamente el período de 1965-1980. De hecho, sin embargo, ya en mi monografía León y Castillo, Embajador: 1887-1918 (1ª edición, 1975), la frontera sur de España (Noroeste de África) -y de la Europa del Sistema de Alianzas (1880’s-1913)- emergía como un tema mayor de la narración, con perfil propio... A partir de entonces, el factor Marruecos en la España contemporánea aparece como una constante de mi bibliografía: véase El colonialismo hispano-francés en Marruecos: 1898-1927 (1ª edición, 1976).

¿Qué ha caracterizado históricamente la relación entre ambas culturas?

En tiempos contemporáneos, la relación cultural entre España y el Magreb ha sido motivadora, pero discontinua, como lo fue en parte el “africanismo” ochocentista. Hoy los tiempos son otros, y las Administraciones de la España autonómica son capaces de complementar desde Andalucía -por ejemplo- la tarea de difusión de la lengua, de la literatura y del cine españoles e iberoamericanos. Prefiero ceñirme al caso de Marruecos. Véase si no, cómo los prejuicios opináticos anti-marroquíes son fuertes y rancios, o sea, vienen de antiguo, en la mentalidad de los españoles. Y ello dificulta el diálogo. Éste ha de estar hecho de constancia en la actuación cultural; aunque también sea necesaria una dosis de paciencia. También existe en Marruecos una corriente... más que hostil -muy reticente- hacia ciertas proyecciones hispanas...

La visión de Occidente sobre el mundo árabe está llena de prejuicios y gran desconocimiento, ¿hasta qué punto contribuye su último libro a racionalizar y entender esa cultura? ¿Tiene el Magreb la misma visión estereotipada de la cultura occidental?

Mi último libro (Historia de Marruecos. De los orígenes tribales y las poblaciones nómadas a la independencia y la monarquía actual, 2006) pretende contar el encuentro, los préstamos mutuos y, también, los desencuentros y el origen de los contenciosos históricos que hay entre Madrid/ Rabat. El “buenismo” excesivo, que tanto se estila actualmente en muchos terrenos de la percepción política, coadyuva a que se enmascaren los naturales problemas bilaterales que genera la vecindad. Creo que el historiador no debe de ir por esa vía interesada. Historia de Marruecos... reinicia una tradición de aproximarse a nuestro vecino meridional de siempre, de modo documentado y desapasionado.

Usted ha insistido en diversos foros en el sentido de que, para entender la relación hispano-marroquí, es necesario “mirar el mapa”, y visualizar las tres fronteras que unen ambas orillas: las regiones del sur de España, Ceuta y Melilla y Canarias. ¿Qué ha supuesto esta triple puerta de conexión?

Así es. En algún foro público, en los Seminarios de la Universidad, en conferencias, y en algunos textos de mi autoría, comento y recuerdo que España y Marruecos son naciones tetra-fronterizas; lo son en la masa líquida de las aguas del Estrecho de Gibraltar y en las del Mar de Canarias; y, además, en las fronteras que separan el retropaís de Ceuta y Melilla del territorio del reino de Marruecos. Si a esta “tetra-frontericidad” se suma la trama compleja del pasado hispano-musulmán, ¿qué más he de subrayar para captar enseguida el hecho repetitivo del tránsito de las relaciones entre ambos países del “idilio” al enojo, de la cooperación a la crisis...?.

¿El fenómeno de la inmigración viene a complicar aún más estas relaciones? ¿Cómo se está produciendo, en su opinión, la integración de los musulmanes en España?

Como sabe, yo no soy migrantólogo. Como ciudadano de nuestro país vengo observando, empero, que la cosa no va tan mal, aunque diste de ser un “cuento de hadas”. Va a llevar tiempo ver en perspectiva lo que de fecundo hay en el fenómeno inmigratorio que se ha producido en Península y Archipiélago durante los últimos quince o veinte años; y lo que de “atolondrado” ha tenido el proceso. Los musulmanes en España desean preservar sus prácticas religiosas que -para el Islam- poseen una dimensión social poderosa. Están en su derecho, y de ahí lo del Islam en Europa, hoy, sobre el que tanto gusta decir a Tariq Ramadán y a otros líderes de opinión musulmanes. El asunto ya no admite marcha atrás (expulsiones) pero sí replanteamientos (criterios selectivos).

Su ‘Historia de Marruecos’ termina prácticamente en los atentados del 11-M. ¿Qué análisis cabe hacer de aquellos acontecimientos y sus consecuencias? ¿Cómo llega el islam al Magreb, y cual es la situación actual?

En efecto. No soy muy presentista, y como Historia de Marruecos... había de acabar en un momento históricamente significativo, decidí hacerlo en el 11-M. El Islam es una “caja de resonancia”, comentaba el mariscal Lyautey. ¿No le parece una imagen acertada? Pues bien, el resurgimiento de un islam político a partir del salafismo procedente del Oriente musulmán, ha ido llegando a todo el Magreb desde hace algo más de veinte años. Lo que ha ocurrido es que en Túnez fue “disuelto”, en Argelia reprimido, y en Marruecos... veremos en qué para el “pulso” religioso, cultural y político-social que los islamistas de choque están echando a los poderes tradicionales. Veremos.

El interés internacional que ha despertado África, en una especie de ‘redescubrimiento’ del continente, ¿a qué responde en su opinión? ¿Es meramente económico? ¿En qué medida marcará las relaciones con sus vecinos, entre ellos Canarias?

Desde que organicé el “Aula Canarias-Noroeste de África” en la Casa de Colón, hace más de veinte años, vengo comentando que para Canarias, Europa es una evidencia; América, una nostalgia; y África (el Noroeste de este continente), un imperativo. Entiendo que en nuestras Islas no se aprecie mucho lo africano, por la deformación occidental que predomina en Canarias, muy acentuadamente cuando se aborda lo de África. Por ejemplo, nos causa una inconmensurable satisfacción representarnos a los ancestros guanches como “buenos salvajes”, de complexión clara y, como máximo, de entronque bereber. Pero de ninguna manera como musulmanes feroces o negro-africanos. Con África se aboga, como máximo, por un comercio con ese Continente, pero poco más. En realidad el asunto es complejo; quizá un proceso de aclimatación cultural y de enderezamiento educativo de los escolares y la juventud canarios permitan, en el futuro, captar el hecho de que África es un referente más para el Archipiélago. Ni una condena geográfica, ni un Eldorado de ensueño: tales estereotipos son simplificaciones polarizadoras que poco ayudan a entender -y a hacer- las relaciones internacionales.

Marta Cantero Lleó es periodista

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