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Canarii 12 - Tema Central

Canarias y el África subsahariana

Colonos canarios en Guinea Ecuatorial

Los territorios que componen la actual Guinea Ecuatorial nunca fueron un mercado emisor de esclavos destacado durante la Edad Moderna, por lo que la llegada de esclavos con este origen a Canarias, si existió, tuvo que ser muy limitada. Erróneamente se han identificado a veces las expediciones esclavistas a Guinea con la Guinea Ecuatorial. Será, a partir de finales del siglo XVIII, en relación con la primera colonización española de las islas de Fernando Poo (Bioko) y Annobón, cuando se inicien los contactos canarios con aquella zona.

La Corona ordenó en 1779 el envío desde Canarias de personal cualificado (ingenieros, artilleros, oficiales de albañilería, carpintería y herrería) bajo la supervisión del juez de Indias en Tenerife, Bartolomé Casabuena y Guerra. El navío canario ‘Santiago’, con tripulación de las Islas, socorrió a los primeros expedicionarios llegados desde Uruguay en 1780 y recogió a los supervivientes trasladándolos a Sao Tomé.

Durante el siglo XIX el Archipiélago cumplirá su función de territorio de escala, particularmente Tenerife y Gran Canaria, tanto durante el periodo de ocupación británica de Fernando Poo como la posterior recuperación de la soberanía de esta isla y de todo el territorio por parte de España. La inauguración de la línea regular de la Compañía Trasatlántica en 1887, que conectaba Barcelona con Fernando Poo y hacía escala en Las Palmas de Gran Canaria garantizó este papel. Además de en Gran Canaria, la línea tocaría también en Lanzarote, Tenerife y La Palma. Las Islas abastecían de todos los suministros necesarios a la población de la colonia.

Al mismo tiempo, las necesidades repobladoras de las Islas ecuatoguineanas hicieron que, por parte de las autoridades españolas, también se recurriese a habitantes canarios en 1884, en concreto de Lanzarote y Fuerteventura, a los que se creía mejor preparados que los peninsulares para las inclemencias de los climas tropicales. A los colonos se les atraía con la concesión de terrenos desmontados; habitación en las tierras altas de Basilé y cierta cantidad de semillas y herramientas. Estos primeros colonos canarios no serán los únicos, sino que iniciarán un flujo constante y regular a lo largo de toda esa centuria y la del siglo XX. Al mismo tiempo, en la misma época, llegan a Canarias deportados cubanos y peninsulares que habían sido ubicados en Fernando Poo y que, ante la hostilidad del clima, se les reubicará en las Islas.

Canarias también jugará el papel de aclimatación de exploradores y colonos antes de que se decidiesen a trasladarse a Guinea Ecuatorial. Durante el siglo XIX se tendrá la creencia que el clima de Canarias favorecía la adaptación a los climas tropicales. Algunos de los grandes exploradores de Guinea Ecuatorial pasaron y residieron largas temporadas en el Archipiélago, como los tres meses que Manuel Iradier pasó aquí para aclimatarse en su primer viaje, o la escala de Guillemard de Aragón en 1845, o la de Richard Burton.

Varios empresarios canarios presentarán proyectos para el establecimiento de compañías comerciales de navegación y de explotación de plantaciones, tanto en las islas del golfo como en el continente, aunque al final no se llegarían a plasmar esas propuestas. Las posibilidades de fomento de las relaciones económicas entre Canarias y Guinea Ecuatorial siempre chocarán con la propia realidad económica y social de Canarias. En efecto, la falta de tejido industrial y la existencia de una burguesía raquítica condicionarán las bases de esta vinculación, no pudiéndose aprovechar todas las posibilidades que ofrecía la posición estratégica del Archipiélago.

Durante el siglo XX Canarias cumpliría con su función dentro del engranaje colonial español hacia Guinea Ecuatorial, aprovechando su posición de territorio hispano más cercano, reforzándose esta además tras la pérdida de las colonias americanas y de Filipinas en el 98. Así, en 1902 el Juzgado de Primera Instancia de Santa Isabel, con jurisdicción sobre todos los territorios españoles del Golfo de Guinea, se hace dependiente de la Audiencia de Las Palmas.

A lo largo del siglo XX centenares de canarios partieron hacia Guinea Ecuatorial, particularmente en la época franquista, hasta el punto que se convertiría en una de las colonias hispanas más numerosas, por detrás de los catalanes. Acudieron allí en busca de mejores perspectivas económicas, mejores salarios y posibilidades de instalar sus propias empresas en condiciones beneficiosas. Trabajaron en las salazones de pescado, en las haciendas de cacao, en los negocios de importación, de repuestos, de distribución, como enseñantes, funcionarios, militares, curas, etc. Aunque la mayor parte tenía el propósito de regresar transcurridos unos años de trabajo, algunos se afincaron allí, echaron raíces y muchos tuvieron descendencia en esos territorios. Aunque era una tierra difícil, su posición social aumentaba en referencia a la mayoría de los ecuatoguineanos y sus posibilidades económicas se incrementaban al amparo del régimen colonial. En todas las entrevistas que hemos realizado a canarios que se establecieron en Guinea Ecuatorial, está siempre presente la idea de la añoranza y de la hermosura de la tierra. La mayor parte de estos colonos regresaría en los primeros años de la independencia de Guinea Ecuatorial, perdiendo así una buena parte de los bienes y ganando una gran nostalgia de la tierra en donde habían trabajado y algunos visto nacer y crecer a sus hijos.

Germán Santana Pérez es profesor de la ULPGC

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Ecuatoguineanos en Canarias

En sentido inverso, también hallamos un traslado más o menos regular de negros ecuatoguineanos hacia Canarias. Sabemos que, a principios del siglo XX, llegan algunos de ellos, sobre todo bubis, para actuar como testigos en los tribunales de justicia y, por tanto, con una estancia temporal y esporádica. Una corriente de ecuatoguineanos cada vez más numerosa llegaría a partir de la década de los cincuenta para establecerse en las Islas Canarias. Al principio las razones de su migración se relacionaron con la formación académica de los cuadros indígenas que apoyaban a la Administración española en ese territorio. Entre sus elementos, algunos serían destacados líderes del proceso de independencia y posteriormente de oposición a los regímenes de Macías y de Teodoro. Precisamente, a partir de la década de los sesenta y setenta el flujo continuaría con sectores que huían de la represión política y también por la búsqueda de mejores expectativas económicas. Cientos de ecuatoguineanos se instalarían en esas décadas en las Islas hasta convertirse en la segunda colonia en importancia de inmigrantes africanos por detrás sólo de los marroquíes. A diferencia de otros grupos africanos, su integración en la sociedad canaria fue más rápida, constituyendo asociaciones de ecuatoguineanos relativamente activas y formando encuentros regulares entre los componentes de esta comunidad. Como dato curioso, debemos señalar la importación de la imagen de la virgen de Bisila en la Iglesia Redonda y la celebración conjunta el 15 de agosto del día de la patrona. Fruto de esa regular y abundante permanencia sería la apertura del Consulado de Guinea Ecuatorial en Las Palmas de Gran Canaria a partir de 1988.

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