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Canarii 12 - Tema Central

Canarias y el África subsahariana

Esclavistas y esclavos

La Historia de Canarias es un episodio más de la larga cadena de acontecimientos que tienen lugar en el espacio atlántico, sobre todo en su vertiente sur y en las dos orillas oceánicas. La posición geoestratégica de Canarias y su cercanía al continente africano convierten al Archipiélago, en un “peón” destacado en el juego de intereses de las monarquías lusa y castellana, en el momento de iniciar su expansión oceánica y sobre todo en la política africana.

En los inicios del siglo XV (1415), tras la conquista de la ciudad de Ceuta por parte de la monarquía portuguesa, Canarias aún sin conquistar en su práctica totalidad se verá inmersa en una serie de acontecimientos diplomáticos y bélicos que devienen del intento de predominio de las coronas peninsulares (Castilla y Portugal) sobre el espacio atlántico oriental, como preludio de su posterior expansión americana.

El escaso interés que había representado Canarias para los europeos, pues pocos eran los bienes que podía aportar (los esclavos indígenas y la orchilla), se va a tornar en un afán de dominio del territorio insular. Canarias, frontera del Reino de Castilla, posicionada a “uñas de caballo” de la costa africana, circunstancia no elegida, aunque no por ello menos determinante, se verá abocada a jugar un papel infinitamente superior al que le correspondía por recursos y extensión territorial en la historia del Atlántico y por consiguiente universal.

A lo largo de esa centuria y de forma paralela a la propia conquista de Canarias, se mantienen de forma continua y constante, en función de los intereses políticos y económicos del momento, una serie de contactos con África, tanto blanca como negra, de los que nos interesa destacar el papel del Archipiélago en la trata de esclavos que tanta importancia económica, social, sociológica y cultural, ha tenido para el Archipiélago.

La historia de Canarias está marcada por dos factores que han resultado ser fundamentales y seculares en su devenir histórico: la migración, tanto por la salida de los insulares hacia otros territorios en busca de mejoras económicas y sociales, como por la llegada al Archipiélago de numerosos inmigrantes extranjeros, procedentes de las más diversas regiones europeas, atlánticas y mediterráneas, así como por la afluencia de africanos, sobre todo negros, que arribaron de forma forzosa y contra su voluntad, y que con el paso del tiempo pasaron a formar parte de nuestra población, en una mezcla continua y constante con los habitantes de las Islas, produciendo un mestizaje étnico y cultural, que aún hoy en día nos define y caracteriza.

Radiografía de la esclavitud

Tras la conquista de Gran Canaria y en los momentos iniciales de su colonización, comenzaron a organizarse expediciones a la costa africana que tenían por objetivo el pillaje, en forma de cabalgadas para el saqueo y también la captura de africanos, por los que posteriormente se obtenía un rescate, y cuando no, se usaban como esclavos en diferentes tareas agrícolas, domésticas y artesanales. Es el caso de la esclavitud blanca, de corto desarrollo, pues el mecanismo de respuesta por parte de los habitantes de la cercana costa de Berbería, y el peligro potencial que ello suponía para el Archipiélago, obligaron a Felipe II a prohibir estas incursiones.

Este tipo de expediciones se compaginaba con otras cuyo objetivo primordial era el comercio o intercambio de los productos insulares, por los que África a su vez podía ofertar. Pronto las expediciones insulares cambiaron de rumbo y descendieron en latitud dirigiéndose al África subsahariana, tanto a la insular, caso de Cabo Verde, como al Senegal y Costa Ecuatorial Africana, en busca del más preciado tesoro: los esclavos negros, necesarios para el desarrollo de la economía insular sustentada en el cultivo y exportación del azúcar.

Al llegar a las Islas, eran subastados en pública almoneda, al mejor precio y postor, teniendo muy en cuenta sus características físicas, edad, la ausencia de tachas o faltas, por ejemplo, que no fuesen ni borrachos, ladrones o huidores, como reza la documentación. Y, en el caso de las mujeres, que no fuesen prostitutas.

La escasa capacidad de respuesta de los individuos de raza negra, propia de su organización tribal, de sus diferentes lenguas que les impedían entenderse entre sí, y de la lejanía de sus lugares de habitación, les impedía regresar a sus tribus o articular un mecanismo de respuesta, con lo que llegaban a estabilizarse ellos y sus descendientes de forma perenne en territorio insular, con excepción de aquellos que eran exportados de forma fraudulenta por los avispados comerciantes insulares al continente americano.

Una vez que los portugueses, súbditos de la Corona española en el período de la Unión Ibérica (1568-1640), se hicieron con las riendas del comercio esclavista mediante el control de los asientos obtenidos del monarca español, los mercados de abastecimiento de los canarios descendieron hacia el sur, alargándose la geografía de la esclavitud hasta Angola y Mozambique, a la vez que decrecía la importación, pues tras más de un siglo de existencia en el suelo insular, los mulatos abastecían las demandas de los isleños y habitantes de las Islas. La situación humana de estos seres era la derivada de su condición de esclavos, que provenía de la concepción jurídica del Derecho Romano, pero se podían ver atenuadas por el grado de la calidad humana de sus dueños. La Iglesia Católica trataba de frenar los abusos, sobre todo proveyendo medidas para que pudiesen ser bautizados y protegiendo el casamiento entre ellos, cosa no demasiado frecuente, pues todo hijo de esclava adquiría inmediatamente la condición de la madre. Algunos tenían suerte y eran manumitidos por sus dueños, o mediante raciones extra de trabajo podían ahorrar dinero y comprar su libertad, o la de los suyos; pero la gran mayoría se veía abocada de forma secular a su condición de esclavos, situación que llegó en el Archipiélago hasta avanzado el siglo XIX.

Su presencia fue bastante numerosa, pues se ha llegado a contabilizar para la isla de Gran Canaria un total aproximado de 10 000 esclavos negros en el siglo XVI, lo cual dejará huellas no sólo étnicas, ya que las esclavas eran utilizadas por sus dueños como concubinas, lo cual ayudará a incrementar el número de mestizos mulatos, sino también culturalmente pues las prácticas africanazas de folclore, santería y brujería están documentadas suficientemente en nuestra Historia.

Elisa Torres Santana es profesora titular de la ULPGC

Imágenes

Un comercio que daba prestigio social

Las embarcaciones se armaban en Gran Canaria entre varios particulares que formaban una compañía, cuyos beneficios se repartirían en función de las aportaciones efectuadas. Se dirigían a Cabo Verde, Senegal, Gambia y río Níger, cargadas de vino, paños insulares, harinas, quincallería para intercambiar por negros, tanto con los intermediarios portugueses asentados en las diferentes latitudes como Santiago o La Mina, como con los propios jefezuelos indígenas que no dudaban en comerciar con sus súbditos, y con el botín humano apresado en sus frecuentes escaramuzas.

El Archipiélago comienza de esta forma a sentir la presencia de las diferentes castas: mandingas, congos, loros… que serán dedicados al cultivo de la caña, pero sobre todo al ingenio, dónde se refinaba el azúcar. Las tareas domésticas tampoco les serán ajenas, así como algunas labores artesanales. Su posesión en número elevado constituirá asimismo un factor de distinción social para sus dueños, procedentes sobre todo de la aristocracia insular, del clero y de la burguesía mercantil.

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