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Canarii 13 - Historia Contemporánea

Una minoría activa durante la República

Falange Española en Santa Cruz de La Palma

Falange Española, en Santa Cruz de La Palma, se fundó a fines del año 1933. Surgió del conjunto conservador de la sociedad isleña, del seno de una parte considerable de la sociedad palmera, cohesionada en torno a valores tradicionales como la religión católica, la unidad de la patria y la propiedad privada. La mayoría de los 22 fundadores de Falange Española procedía de familias educadas en esas creencias y con un estatus económico acomodado.

El primer punto del programa real de Falange era destruir la democracia en España, sin excluir, para ello, el empleo de medios violentos. Sin embargo, las razones para la fundación de Falange Española en La Palma no fueron sólo de naturaleza conservadora: salvaguardar los valores morales y los intereses materiales de la sociedad de derechas. También, desde el principio, en el seno de la Falange palmera, existió una corriente regeneracionista. Para buena parte de sus militantes, el principal atractivo de Falange Española consistía en hacer compatibles dos sensibilidades: la de conservar las tradiciones queridas por la sociedad de derechas y la de acabar con aquellos defectos propiciados por el egoísmo del conservadurismo más rancio. A juicio de los jóvenes falangistas, la cerrazón de los sectores más egoístas de las derechas era responsable del atraso y de la decadencia de España por no renunciar al caciquismo y por no combatir con energía la injusticia social. Así pues, en un sector de la derecha sociológica que se adscribió o apoyó a Falange Española predominó la motivación conservadora, pero, en otro sector, sobre todo en el constituido por los estudiantes, predominó la tendencia regeneracionista. Hay que tener presente que, desde el desastre de 1898 en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se habían sucedido tres décadas de críticas al régimen oligárquico de la Restauración. Durante esos treinta años, las generaciones más jóvenes, incluso las procedentes de ámbitos conservadores, se habían empapado de un discurso que denunciaba la injusticia social existente en el país y la corrupción del sistema caciquil.

En la brecha (1933-1935)

Las instituciones o sectores predominantes durante el periodo de la Restauración –caciques e Iglesia-, perjudicados por las reformas de la II República, acunaron, durante el segundo bienio republicano, a la joven Falange insular, pero no se entregaron a ella. Era verdad que a la derecha tradicional palmera y a Falange Española les unía el deseo de acabar con la República de Izquierdas, pero, también, les separaban dos aspectos. En primer lugar, que, en aquellos momentos de 1933-1935, la derecha controlaba el Gobierno del país después de que hubiera obtenido mayoría en las elecciones de noviembre de 1933. La derecha palmera, como la del resto de España, depositaba sus esperanzas en la gestión que la CEDA de Gil Robles pudiera hacer desde el Gobierno. Esta era la táctica elegida, la vía legal, hacerse con el ejecutivo de la nación para controlar la II República. Por tanto, se dejaba en la reserva la opción más radical y más peligrosa de abrir la caja de Pandora del fascismo en España. Es decir, abrir un proceso de desestabilización del régimen, que podía saberse cómo empezaba, pero no cómo terminaba. Por eso, el número de inscritos en Falange de forma oficial, apenas se incrementó en nueve personas entre 1934 y 1935.

La segunda desavenencia estribaba en que la derecha tradicional consideraba que algunos apartados regeneracionistas del programa de Falange eran demasiado radicales. A juicio de varios dirigentes de Acción Popular, el afán por desmantelar el entramado caciquil o su exigencia de acabar con la injusticia social llegaban excesivamente lejos, hasta el punto de que algunos de estos líderes conservadores tacharon a los falangistas de “comunistas con camisa azul”.

La recta final hacia la guerra

Falange Española en La Palma era una minoría, pero el devenir republicano incrementó su número y la influencia de su propuesta. En la campaña electoral de 1936, Falange colabora con la Unión de Derechas. Sus militantes fijan carteles, intervienen como oradores en los mítines y participan como interventores el día de los comicios.

Tras la frustración electoral, Falange recibe el mayor número de incorporaciones desde su fundación (23), debido a que la opción radical, desestabilizar la democracia, pasa a ser la vía elegida por un amplio sector de la derecha. Durante la primavera y el verano de 1936, los falangistas contribuirán a perturbar el Gobierno del Frente Popular, protagonizando diversos incidentes a lo largo y ancho de la geografía insular. Entre esas acciones, destacó el episodio de la colocación de banderas fascistas en todos los municipios de La Palma.

A la llegada del cañonero Canalejas, el 25 de julio de 1936, Falange Española se convierte en la principal organización del bando sublevado. En pocos meses, sumará más de 300 afiliados. Durante la Guerra Civil, la pugna interna entre el sector conservador y el regeneracionista persistirá, aunque amortiguada por el designio prioritario de contribuir, desde La Palma, a la derrota de las izquierdas.

Salvador González Vázquez es historiador y profesor de enseñanza secundaria.

Imágenes

La procedencia de los falangistas

Si analizamos el origen social, profesional e ideológico de los militantes falangistas durante la II República, nos encontramos, en primer lugar, a afiliados a organizaciones católicas: sacerdotes, miembros de la Juventudes Católicas, militantes del Sindicato Católico de Oficios Varios o directivos de la Asociación Católica de Estudiantes. En segundo lugar, a empresarios que habían sostenido algún tipo de enfrentamiento laboral con las sindicatos obreros como, por ejemplo, patronos de la construcción, industriales tabaqueros y comerciantes. En tercer lugar, hallamos a empleados de esos patronos falangistas y a trabajadores de confianza de empresarios adscritos a la Unión de Derechas. Pero, sobre todo, el grupo más numeroso lo aportan estudiantes de Bachillerato y Universitarios, nacidos en el seno de las clases altas y medias de filiación derechista. Esta porción de la sociedad palmera entendía que el patrimonio moral y material en que se habían criado, el mundo en que se habían educado, corría serio peligro de desaparecer, amenazado por las reformas emprendidas por los gobiernos progresistas de la República y por el fortalecimiento de organizaciones obreras que se habían desarrollado al calor de la democracia. A juicio de los falangistas palmeros, era una cuestión de supervivencia: la preservación de la religión, la patria y la propiedad requería la destrucción del régimen republicano.

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