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Canarii 13 - Historia Moderna

Dudas sobre la presencia de Alonso de Lugo en el acto fundacional

La Ciudad de La Laguna

Un problema con el que los historiadores del siglo XX se tropezaron y al que no se le ha dado demasiada importancia es si el conquistador de Tenerife estuvo presente en la fundación de la villa de San Cristóbal de La Laguna, que la tradición fecha el día de Santiago de 1496. De entrada, ni siquiera tenemos la completa seguridad de que fuera realmente ésa la fecha fundacional, ya que no se ha conservado ningún documento oficial de la época que la respalde. No obstante, trabajaremos con ella y continuaremos la investigación.

El problema subyacente es que Alonso de Lugo, una vez finalizada la conquista, partió en los primeros meses de 1496, entre febrero y marzo, en dirección a la Corte de los Reyes Católicos a justificar el éxito de la empresa, no hay que olvidar que tenía un plazo para ello que ya había sido prorrogado, y para que los menceyes tinerfeños rindieran personalmente homenaje y pleitesía a los monarcas castellanos.

Esto lo sabemos porque Lugo y los menceyes aparecen documentalmente en la villa soriana de Almazán, cerca de la frontera con Aragón, entre mediados de mayo y principios de junio de 1496, habiendo tardado en llegar desde Tenerife al menos dos meses.

Muchos historiadores de renombre que se han ocupado del asunto, como Álvarez Delgado o Rumeu de Armas, se empeñaron en hacer casar la tradición con la Historia haciendo volver a Alonso de Lugo a Tenerife para que estuviera presente el día 25 de julio en el acto de la fundación de la villa capital de San Cristóbal.

Este viaje, que, a todas luces, parece precipitado e ilógico, pierde algo de verosimilitud cuando Alonso de Lugo aparece en los documentos de nuevo en Castilla, concretamente en Burgos, el 12 de octubre, momento en que se plasman por escrito unos acuerdos comerciales de reparto del botín de la conquista de Tenerife con sus socios comerciales. Esos acuerdos debieron de negociarse con anterioridad, y es conocida la dificultad con que se negociaba con Alonso de Lugo, por lo que la presencia de Lugo en la ciudad castellana debía retrotraerse como mínimo a principios de ese mes.

Así pues, y según estos historiadores, Alonso de Lugo dio unos saltos viajeros de una celeridad pasmosa para estar el 25 de julio en La Laguna y volver acto seguido, sin apenas quedarse un par de semanas en la Isla, para estar de nuevo, con el tiempo muy ajustado, en Burgos en octubre.

Además, se da la circunstancia de que a Alonso de Lugo no le interesaba para nada separarse de la Corte, ya que estaba esperando que se plasmara por escrito su nombramiento como gobernador de La Palma y Tenerife, sin los cuales no tendría poder legal alguno en aquellas Islas. No es lógico que Lugo dejara de estar pendiente de que se despacharan sus nombramientos por hacer un viaje rápido a Tenerife. El hecho de que en dichos nombramientos, expedidos el 5 de noviembre y el 5 de diciembre de 1496, se le concediera la gobernación vitalicia y hereditaria de las Islas, algo que no estaba incluido en documentos anteriores, implica que Lugo estuvo negociando este extremo con los miembros del Consejo Real, y era algo que no se había concedido a nadie con anterioridad, salvo a Cristóbal Colón. Y como bien sabía el navegante genovés, las negociaciones con los cortesanos llevaban meses y meses de reuniones y audiencias, sobre todo en un momento en que se estaba organizando la doble boda de los príncipes Juan y Juana, hijos de los Reyes Católicos, con Margarita de Austria y Felipe el Hermoso, hijos a su vez del emperador alemán Maximiliano, por lo que los asuntos gubernativos, debido a los preparativos de las bodas y a los traslados continuos de la Corte, sufrieron una demora extra.

Aunque Lugo tuviera la voluntad de realizar esos viajes, hay que tener en cuenta que estamos hablando de finales del siglo XV, una época en que los viajes por tierra eran lentos, a razón de unos cuarenta kilómetros diarios, ya que se viajaba a pie o en mula, y las carretas eran todavía más lentas, ya que eran tiradas por bueyes. Los caminos, de tierra, no siempre estaban bien mantenidos y las jornadas de viaje podían alargarse en función del buen o mal tiempo. Además, como hay que unir a esto el viaje por mar, habría que deducir, para cumplir con los plazos establecidos en estos viajes, que Lugo tuvo a su disposición en todos sus trayectos un barco que zarpase de inmediato a su voluntad, algo muy difícil de conseguir en aquella época. Los viajeros, hasta bien entrado el siglo XVIII, llegaban a Cádiz sin saber la fecha de salida del próximo barco, y tenían que esperar a veces hasta varios meses para poder embarcarse. El conquistador tuvo en años posteriores barcos propios, pero aquel año de 1496 todavía no los poseía. La travesía marítima con buen tiempo era de una semana aproximadamente, pero que se podía retrasar con suma facilidad hasta las dos e incluso tres semanas si los vientos no eran favorables.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que el profesor Serra Ráfols pusiera en duda la presencia de Alonso de Lugo en La Laguna el día que por tradición se supone fue fundada.

Ahora bien, aunque no estuviera presente en tal acontecimiento, no hay duda de que Alonso de Lugo fue al autor intelectual de dicha fundación, ya era él quien tenía el poder de decisión del lugar donde debía crearse la primera población europea en la Isla. Si no fue Lugo, ¿quién estuvo representándolo? El honor de la fundación debió recaer en el lugarteniente que Lugo dejó en la Isla, Fernando de Trujillo, quien, seguramente con instrucciones expresas de aquel, delineó las primeras calles en un promontorio vecino a una pequeña laguna en un valle emplazado en un lugar de tránsito natural entre las vertientes norte y sur de la Isla.

Al parecer, Lugo dejó de hacer viajes relámpago y no volvió a Tenerife, y eso que todo estaba por hacer en la Isla, al menos hasta mayo de 1497, ya que aparece en Sevilla a finales de marzo y los primeros repartos de tierras en Tenerife se producen en junio de 1497. Junto con sus nombramientos en mano, traía también consigo la facultad de repartir tierras a su libre albedrío entre los pobladores de las islas recién conquistadas. Alonso de Lugo aparece documentalmente en junio de 1497, ya como gobernador y en la villa de San Cristóbal, en el acta del milagro de la cera, atribuido a la virgen de Candelaria.

Es en 1498 cuando las instituciones políticas de la Isla comienzan a funcionar con cierta normalidad, y ello a pesar de la precariedad de la vida cotidiana de los pobladores debido a las dificultades económicas propias de la falta completa de infraestructuras al estilo europeo. Al igual que los primeros colonos de Indias, los pobladores de Canarias tuvieron que importarlo todo, problema agravado con la falta de grandes riquezas materiales en las Islas, lo que hacía más costosa la importación de los objetos esenciales para poner en explotación la tierra recién adquirida.

Hoy día, más de quinientos años después de estos acontecimientos, no cambia mucho la cuestión si fue Alonso de Lugo quien fundó personalmente la villa de San Cristóbal o quien mandó fundarla, pero es obligación de todo historiador plantearse estas pequeñas pinceladas que, junto a otras, terminan formando el cuadro general de nuestra Historia.

Mariano Gambín García es licenciado en Historia e investigador por la Universidad de La Laguna

Un inicio muy duro

Los primeros meses, dedicados a crear las infraestructuras básicas de los pobladores europeos en un entorno natural, apenas modificado por la mano del hombre, tuvieron que ser muy duros. El vicario obispal Fernando Álvarez, que llegó a La Laguna por estas fechas, atestiguaría años después que “quando vino a ella no halló en ella mas de dos o tres casas pajizas en esta villa de San Cristóbal”.

Al llegar a La Laguna, Alonso de Lugo se encontró con una disposición urbana inicial en torno a la primitiva iglesia de La Concepción; no fue de su agrado, por lo que trató de modificarla creando otro grupo de casas al otro lado del valle, junto a un barranquillo donde corría el agua, germen de la “villa de abajo”. Aunque las autoridades concejiles trataron de que la población se trasladara al nuevo emplazamiento mediante la promulgación de ordenanzas al efecto, lo cierto es que se formaron dos grupos de casas, más bien chozas pajizas, dejando un espacio considerable entre ambas que poco a poco fue ocupado a medida que se ampliaba la población de la villa.

Todas estas circunstancias de provisionalidad explican que hasta octubre de ese año no se planteara el gobernador la creación formal del concejo de la Isla, que hasta ese momento se había regido con criterios de jerarquía militar. El 20 de octubre de 1497 se formalizó la elección de los miembros del concejo y es la fecha en la que comienza su funcionamiento oficial:

"... este dia estando el governador Alonso de Lugo en las casas de su morada, entro en Cabildo con su teniente Fernando de Trosillo e su Alcalde Francisco Gorvalan, e dixo que por quanto hera necesario al servicio de Dios e de sus Altezas que en esta ysla oviese Regidores e Jurados y oficiales que mirasen el servicio sobredicho y el procomun...".

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