Desde entonces, esta región de islas que nunca antes tuvo un Gobierno propio o con el grado de autonomía y capacidad legislativa de la que actualmente disponemos, ha ido conformando una estructura política y administrativa, junto con un marco legislativo que nos permite tener una capacidad sobre nuestro destino muy amplia, en un marco en el que las relaciones con el Estado y con la Unión Europea son los dos pilares fundamentales.
25 años no es mucho tiempo, pero sí suficientes para comprobar que Canarias precisa consolidar y profundizar en esta autonomía que tenemos, en la solidaridad y comprensión entre las Islas y sus habitantes, en la lucha contra los que pretenden aprovechar el poder para beneficiar a unos frente al resto de ciudadanos, en la defensa de nuestros intereses y la necesidad de apoyar el desarrollo de África en aquellos lugares donde se decide favorecer o potenciar algunas regiones sin tener en cuenta nuestra realidad social, económica, cultural y territorial, en la búsqueda de un futuro en el que el desarrollo pueda ser sostenible y nuestros descendientes puedan considerarse ciudadanos de este mundo globalizado y de redes donde las desigualdades alcanzan niveles incomprensibles para quienes consideramos que la riqueza del planeta debe servir para mejorar las condiciones de vida de todos.
En definitiva, tenemos muchos retos ante nosotros, como ciudadanos, residentes en islas, o miembros de una comunidad en la que el mar se convierte en una hermosa barrera para comunicarnos, pero que no debe impedirnos tomar conciencia de ser un mismo pueblo, en un mismo planeta y en un mismo tiempo, por lo que nuestra unión nos permitirá avanzar con mayor rapidez para alcanzar las aspiraciones que tengamos. Por ello, recordamos las palabras del discurso que realizó el primer presidente del Parlamento de Canarias, el fallecido Pedro Guerra, quien manifestó que la Autonomía podía permitirnos, por fin, a los canarios “edificar una región de islas, desde ahora y para siempre”.


