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Canarii 15 - Tema Central

Las aguas y el viento fueron las dos fuerzas que la naturaleza de las islas ofrecía a la población para ser aplicadas en la industria

Aprovechamiento del agua en Canarias durante el Antiguo Régimen

La ocupación de las islas dentro de un proceso largo (1402-1496), llevó consigno importantes cambios en la forma que los nuevos pobladores se relacionaron con el agua. Principalmente, porque se introduce un mayor peso de la agricultura sobre la ganadería, en la alimentación de los contingentes de colonos. El avance roturador pone en rendimiento numerosas tierras que se irán adaptando para el regadío por medio de estructuras hidráulicas de almacenamiento y distribución. Al mismo tiempo, se utilizan sistemas para alumbrar agua de forma artificial: pozos y minas, además de aplicaciones técnicas como norias y el uso de gavias y maretas.

Existen abundantes referencias documentales respecto a los medios utilizados en los sistemas de riego y transporte del agua, además de las citas en relación a la recogida y almacenamiento que se reflejan en los inventarios y compraventa de ingenios azucareros y otras haciendas. Haciendo un somero resumen, lo habitual es que la hacienda tomara el agua de un curso cercano, barranco, arroyo o fuente. La lejanía del lugar de procedencia determinaba las técnicas de transporte, generalmente con canales de madera, básicamente tea y barbusano, elevadas sobre esteos, otras veces son acequias de argamasa y cantería, y otras, donde el territorio lo permite, labradas en tosca. La utilización de tejones y caños de barro cocido (atanores) susceptibles de ser enterrados, por ser un producto caro, su utilización quedaba limitado al abastecimiento urbano y a zonas donde la inversión pública costeaba el transporte.

La importancia dada a los sistemas de canalización queda patente en los contratos, donde se señala con precisión quién va a estar al cuidado y mantenimiento, “el adobo” de las canales, e incluso, en algunos casos va a quedar a cargo de los propietarios de las tierras mudar las canales del tanque a los terrenos en los días que les tocaba regar. No obstante, siempre hay continuas llamadas de atención para que se cuiden las conducciones para evitar las pérdidas.

En los regadíos, especialmente en las islas orientales, era frecuente la utilización de las gavias, terrenos de cultivo acondicionados para recibir grandes volúmenes de agua en poco tiempo mediante cerramientos. El agua procede en unos casos de derivación de escorrentías bien de las laderas o temporales, mediante “caños”. Otro procedimiento son los nateros, cerramientos en vaguadas por muros de piedra seca. Realmente eran en sus inicios sistemas de corrección de avenidas, pero al ir quedando retenidos los arrastres de limo, el muro se va impermeabilizando gradualmente con materiales cada vez más finos, hasta la total colmatación, constituyendo entonces un suelo de cultivo con funcionamiento parecido al de las gavias.

Las charcas y maretas eran pequeños embalses no impermeables, inicialmente construidos a favor del relieve, mediante acumulación de tierra y servían como recarga para el acuífero, que eran explotados mediante pozos. A veces cuando el sistema de reparto era comunitario, como el caso de La Orotava, se solía rematar una serie de dulas del caudal sin dividir, para el mantenimiento de las conducciones, eran los conocidos como “los veinte días de mayo”, diez de cada estanque.

Los sistemas de canalización y almacenamiento tenían una importante protección en las Ordenanzas, donde quedaban señaladas las penas por robo de agua de las acequias o saltarse los turnos, además de cualquier desperfecto ocasionado por las carretas a los caños enterrados o por roturas voluntarias de los mismos.

El alcalde de aguas, acequieros y cañeros

En cuanto a los cargos públicos, en las Ordenanzas se mandaba que hubiera un Maestro de Aguas, que era el encargado de cuidar y aprovechar las aguas de cada isla, de manera que no se perdieran e incluso sacar nuevas, y al mismo tiempo en cada Heredamiento se nombran los Alcaldes del Agua, encargados de velar por el cumplimiento del reparto de los turnos de riego y el mantenimiento de las canales y estanques. Era un oficio de carácter anual, sin salario, elegido entre los miembros de la heredad, se encargaba de la resolución de los conflictos entre los adulados, el cual tenía incluso jurisdicción para sancionar las faltas y daños auxiliado de acequieros o cañeros a sueldo que vigilaban el cumplimiento de las normas.

Las aplicaciones en la industria: molinos, batanes y sierras

Las aguas y el viento fueron las dos fuerzas que la naturaleza de las islas ofrecía a la población para ser aplicadas en la industria. Con la ayuda de alarifes y carpinteros supieron transformarlas en energía. Los molinos de viento tuvieron un notable desarrollo en las islas orientales, por el contrario, con algunas excepciones tenían una menor presencia en las occidentales. Van a ser los molinos movidos por agua los más numerosos, por tener menos limitaciones y que durante un largo periodo que va desde principios del siglo XVI, hasta el siglo XIX donde van a mantenerse plenamente activos.

La técnica de los molinos de cereales movidos por energía hidráulica, ya era conocida en el mundo romano y perfeccionada en la época alto medieval. El sistema de ruedas que friccionan en un movimiento lento, era ideal para resolver la molienda de los cereales, principal alimento de la población de las islas.

Las ruedas horizontales se adaptaban perfectamente a los esquemas de los caudales disponibles en las islas, donde no existían grandes saltos de agua, por eso la variedad de molinos llamados “aceñas”, donde las ruedas estaban introducidas en el caudal, contaron con escasas aplicaciones en Canarias, solamente en sierras para trabajar las maderas y en batanes, en la labor de los tejidos de lino. Lo habitual van a ser los molinos de “rodezno” donde la fuerza de una turbina (rueda con palas sobre las que caen chorros de agua a presión procedente del “cubo”) imprime el movimiento de las piedras, también llamadas “muelas”.

Los Heredamientos de Agua. Las Dulas

El término Heredamiento ha suscitado muchas controversias a lo largo de la historia, porque el sentido real de la palabra, se aplica a la suma de bienes que pertenecen a un conjunto de herederos y, en el caso de aguas, sería más propio hablar de aguas de los heredamientos. El turno de riego que corresponde a una heredad se denomina dula y de adulados los titulares de la misma, su nombre viene del árabe y significa cada una de las porciones de tierra que reciben por turno las horas de riego de una acequia. No existe una medida exacta para el turno y podemos observar una gran variabilidad, pues está en función de la cantidad de agua disponible y el número de participantes que tienen derecho al agua. Normalmente las dulas estan compuestas de días de 24 horas de sesenta minutos, aunque también es frecuente los días artificiales que son noche y día y se cuenta como dos días de dula, si bien los heredamientos pueden contar con tiempos diferentes las horas de agua, a veces un día equivale a 12 horas de reloj.

El agua y la utilización doméstica: abastecimiento y lavado

Los Concejos, conscientes de la importancia del agua en la proyección de su acción de buen gobierno, impulsan obras destinadas a traer el agua desde los nacientes hasta los chorros que se habilitan en lugares céntricos. Ya en 1501, el concejo de Gran Canaria obtiene por concesión real la merced del agua de Tejeda y su conducción a la ciudad a cargo de los vecinos (250.000 maravedíes) o por concesión de la mitad del agua a quienes acometan dicha obra. En 1515, el concejo tinerfeño remataba la conducción del agua desde la sierra del obispo hasta San Cristóbal de La Laguna, por medio de canales de tea, atanores y tejotes de cerámica.

Para el uso de los chorros, existieron ordenanzas que reglamentaban la utilización del agua y así, ni las aguadoras ni los vecinos, podían beber directamente de los caños, ni colocar en los mismos carteles, anuncios o pasquines. Tampoco estaba permitido en los chorros lavar verduras, pescados o carnes, cacharros o animales, ni dar de beber a las caballerías limitando el acceso por medio de bolos y destinando dornajos para beber el ganado.

Se va a tener mucho cuidado en los daños que se pueden producir en las fuentes y manantiales al cortar los árboles del entorno, pues conservan y fijan el agua. Por último quedaba prohibido el lavado de ropa y lino en las fuentes y abrevaderos para ello se recomendaba utilizar cajas y tinajas.

En el mismo sentido, se habilitan lugares para que las mujeres acudan a lavar y dejen de ir a los charcos de los barrancos, para ello se conduce el agua a los lugares señalados incluyendo normas y penas a los que incurran en falta. La importancia de los lavaderos desde el punto de vista social se traduce en que son un lugar donde las mujeres se reúnen no sólo para el lavado de las ropas, sino que hay una transmisión de noticias y conocimientos. Un espacio de socialización de la mujer fuera del entorno del hogar y de la tutela masculina. También son posiblemente una de las pocas ocasiones en que jóvenes de ambos sexos pudieron establecer comunicación.

Los lavaderos durante el Antiguo Régimen constituyeron un importante foco de conflictividad social al surgir en ellos numerosos motines por el alza de los precios o acaparamiento de agua por parte de los terratenientes.

Urbanismo y la aguada

La mayor parte de los núcleos de población que surgen de los primeros asentamientos crecen en torno a los cursos de agua y a las acequias. La calle por donde discurre el agua se convierte en el eje vertebrador de la mayor parte de los pueblos de nuestras islas. En Granadilla, Firgas o La Orotava, por citar algunos pueblos, la calle del Agua es la calle principal de la localidad hasta la primera mitad del siglo XX. En una disposición que todavía se puede observar en algunos de los lugares citados, donde primero se llevaba el agua era a los molinos, posteriormente a los chorros y lavaderos. En el entorno y recorrido de las acequias se disponían abrevaderos para los animales, aprovechando generalmente los sitios de paso para el ganado y el cruce de los caminos.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la necesidad de los puertos contar con agua de buena calidad para abastecer a los barcos que hacen escala en las islas, se prefería agua de manantiales aunque estuviera lejos, antes que el agua de pozos con pocas condiciones de calidad y salubridad, era una constante preocupación de las autoridades y se hacen grandes inversiones para traer el agua por medio de canales desde varios kilómetros hasta los puertos.

Epilogo

A finales del siglo XVIII, dentro de la sensación general de agotamiento del agua disponible, comienzan a tomar cuerpo muchas iniciativas a favor de la industria del agua y en todas las islas hay proyectos para lograr nuevos alumbramientos. Se fomenta la apertura de pozos y minas y se hacen las primeras pruebas para abrir galerías para llegar a los acuíferos, aquellos proyectos impulsados por las ideas de los ilustrados, esfuerzos que se culminan con éxito gracias a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria y Tenerife, y la Universidad de San Fernando. Comienza a partir de aquellos momentos un cambio en la forma de relacionarnos los canarios con el agua ya que, por primera vez, la iniciativa privada va a encontrar en los mercados del agua rendimientos financieros que marcarán para el futuro una forma jurídica de explotación, matizados por las sucesivas leyes de agua que nos hemos ido dando (en 1897, 1985 y 1990), para armonizar la dualidad: aguas públicas, aguas privadas.

Miguel Ángel Gómez Gómez es licenciado en Historia por la ULL

Imágenes

Las estrategias de los aborígenes

Los primitivos habitantes de Canarias desarrollaron estrategias para aprovechar las aguas que surgían de forma natural y en algunos casos llegaron a canalizarlas para utilizarlas en cultivos o simplemente modificando su curso para no tener que vivir junto al agua.

De aquella forma de relacionarse con el agua ha quedado numerosos hidrotopónimos y costumbres ancestrales de utilización singulares, algunos ejemplos son los llamados “eres”, “herques” o “achacay”, pocetas en los alvéolos de los barrancos que se cubren de arena y evitan la evaporación. El conocimiento de estas técnicas y los lugares donde había manantiales y escorrentías, solucionaban las necesidades humanas y del pastoreo. Las estrategias ante la escasez o falta de agua se evidencian en rituales simbólicos como las "cazoletas" y lugares tan interesantes como los “bailaderos”, además de grabados sinusoidales o meandriformes.

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