Otro aspecto a destacar es la gran inventiva y sentido práctico del canario para crear instrumentos, mecanismos y grandes infraestructuras destinadas a una gestión casi perfecta de la obtención, distribución y aprovechamiento del agua.
El agua es el alma del paisaje, dijo Unamuno, y en Canarias es el paisaje mismo. La humedad de los alisios, la presencia absoluta del Atlántico y la lucha permanente con los vientos secos del Sahara han permitido que este Archipiélago sea considerado, desde los escritores clásicos, como el paraíso, los Elíseos..., donde árboles como el garoé hacían posible que los isleños pudieran sobrevivir, mientras la realidad es que tenemos un territorio donde se localiza el mayor número de presas, pozos y galerías por kilómetro cuadrado del planeta. Donde la desalación de agua del mar es una actividad que supera con creces la producción de agua desalada de toda la España peninsular y, también, donde el consumo parte de una cultura de ahorro que era desconocida en los territorios donde el agua dulce era un bien que se consideraba libre e ilimitado (¡cuán equivocados estaban!).
Canarii aborda esta historia, esta relación existencial entre el hombre y el agua que, además, es el objeto de unas jornadas sobre agua y sostenibilidad que organiza la Fundación Archipiélago 2021 para recordarnos que el agua es nuestra garantía de vida y progreso, un recurso que no podemos permitirnos derrochar porque con cada gota que perdemos o contaminamos damos un salto hacia la autodestrucción.


