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Canarii 15 - Tema Central

"Lanzarote es falta de agua, que no hay otra sino la que llueve, la cual recogen en maretas o charcos grandes hechos a mano de piedra" (Abreu Galindo)

El caso de Lanzarote: la obsesión por el agua

El agua siempre ha sido un bien muy escaso en la isla de Los Volcanes, como bien pone de manifiesto el insigne historiador canario Viera y Clavijo, cuando hace referencia a la importancia que para los habitantes de esta isla suponía la escasa disponibilidad de agua: “No hablan ni de oro ni de plata ni de joyas ni de los demás bienes de convención dependientes del capricho o del deslumbramiento del juicio, sino de las lluvias a tiempo, de las sementeras, de los pastos abundantes”, tanto es así que el hombre de Lanzarote ha tenido que luchar denodadamente contra la naturaleza para salvar esta adversidad ambiental.

Los recursos convencionales constituyen la práctica totalidad de los aprovechamientos hídricos hasta los años sesenta del siglo XX, cuando se introduce la primera potabilizadora en la isla (1962).

Sobre los pozos, Abreu Galindo afirma que existían en la isla pozos, aunque de poco agua. Torriani, por su parte, señala: la presencia de pozos en Famara, Rubicón y Haría. De igual manera Lobo Cabrera (1990) confirma la existencia de estos pozos y otros, conformando más de 20 los localizados entre el Rubicón y Puerto Escondido junto a maretas en Porto Naos y Arrecife, mas los pozos de Arrieta y las fuentes de Temisas (Chafarí). Como se desprende de las afirmaciones anteriores, la isla contaba con este tipo de infraestructura, para obtener el preciado recurso del agua, desde los primeros momentos de la conquista Betancuriana, incluso hay autores como Atocha que plantean que la existencia de pozos en Lanzarote es anterior a la época normanda, pues afirma que. “Gadifer y Béthencourt… debían de tener constancia, por tanto, de la existencia de agua en la zona. Y lo sabían porque probablemente, al menos dos de los que en la actualidad se conocen, ya estaban allí. Estas construcciones serían así una razón de la probable presencia normanda en esa playa, y no una consecuencia de la misma”. Según el inventario del Cabildo de 1560, habían en la isla, en ese momento, unos 100 pozos, la mayoría en el municipio de Haría, se trataba de perforaciones de pequeña profundidad (10 metros aproximadamente), de escaso caudal y de elevada salinidad, pues el acuífero insular no es de buena calidad debido a la existencia de una importante capa de caliza que contamina las aguas según Hausen (1954). En definitiva, los pozos han constituido una de las principales opciones para obtener agua en la isla de Los Volcanes, aunque éstos por sí sólo no podían cubrir la demanda de este imprescindible líquido para el normal desarrollo de la vida y la economía insular.

Las maretas constituyen una excavación en el suelo a modo de balsa para recoger el agua de escorrentía, en ocasiones se realizaban con un cerramiento de piedras y barro, mientras que, en otros casos se confeccionaban con muro de piedra y cal. Según Abreu Galindo: “la isla de Lanzarote es falta de agua, que no hay otra sino la que llueve, la cual recogen en maretas o charcos grandes hechos a mano de piedra”. Por su parte Valentín Fernández refiriéndose al puerto de Arrecife señala (1508): “mucha agua de mareta, donde hacían aguada los barcos que se acercan a la isla…” Aparte de la famosa Gran Mareta de Teguise existían otras de incluso mayor capacidad de embalse como: La Encantada (Teseguite), la de Tahiche, la de Las Mares, la Prieta, las de Cabrera, Aguilar, Castro, Álvarez, “El Santo”, estas cinco últimas en Arrecife. Sobre esta última Álvarez Rixo señala los siguiente: “… cuando aquí no había población, únicamente cosa de media milla del mar estaban unos mal cuidados albercones o maretas, denominados del Santo, en los cuales abrevaban los pastores sus ganados. Posteriormente todas la personas pudientes que se iban avencidando fueron haciendo sus aljibes en los alrededores del pueblo, lo mismo que dentro de las casas mayores”.

Los aljibes, numerosos y repartidos por toda la isla, sirvieron, en algunos casos, para especular con este preciado recurso, sobre todo en épocas de sequía. Hasta fechas relativamente recientes no se concebía en la isla un hogar o vivienda que no tuviera aljibe, incluso en determinadas épocas como en tiempos de la II República se potenció su construcción con ayudas: “…para la construcción de pequeños aljibes familiares…nos ha llevado a la conclusión de que si los auxilios o prestaciones, a que el Estado se obligó por el Decreto de 21 de noviembre de 1933, se hubiesen encauzado o se encauzasen prestándoles a los particulares directamente (el dinero necesario para su construcción)… estas construcciones se hubiesen multiplicado…”

Las galerías no han sido importantes, pues los caudales han sido muy exiguos. La inmensa mayoría se encuentra enclavada en el Macizo de Famara, y las primeras se perforaron en 1925 con capital del Cabildo Insular. El agua se empleó tanto para el abasto público como para el abrevadero de animales, e incluso se impulsó mediante conducciones de tuberías hasta Arrecife para fabricar hielo para los barcos de pesca.

La única presa que hay en la isla es la de Mala, pues Lanzarote no reúne buenas condiciones para tal tipo de infraestructura, incluso ésta, construida en la desembocadura del Barranco Palomo, ha tenido problemas de pérdidas de agua que han obligado a importantes inversiones para impermeabilizar el vaso

Los buques aljibes constituyeron un novedoso recurso para abastecer a la población insular en periodos de sequía. En 1912 comienza Trasmediterránea con los correíllos (Viera y Clavijo, La Palma y León y Castillo). Cada uno tenía un tanque de 200 tm y venían los martes y jueves. Esto fue una iniciativa de Emilio Ley, según manifestó en entrevista oral E. Sáenz. Transportaban unos 700.000 litros por viaje, y lo hacían desde Tenerife, Gran Canaria y La Palma. El agua era trasvasada hasta los depósitos del muelle comercial y las Maretas del Estado, primero con animales mediante barricas, y por último con camiones-cubas (capacidad de 10 m3).

A continuación abordamos tanto los usos del agua en el medio rural como los aprovechamientos por medios no convencionales (potabilización y depuración). En el primer caso, se trata de estudiar cómo el hombre ha ingeniado una novedosa tecnología para poder obtener los mayores y mejores frutos posibles del suelo, ello por supuesto a través de utilizar de forma sabia a la propia naturaleza insular y la escasez de recursos materiales disponibles.

Las gavias son una infraestructura que propicia el cerramiento del suelo vegetal con un caballón de tierra y piedras, es la denominada testa, para recoger el agua de escorrentía, por tanto sólo funciona cuando hay precipitaciones abundantes. La gavia tiene una boca por la que entra el agua en el interior del espacio rodeado por la teste, y también cuando se ha llenado tiene un rebosadero, por el que se expulsa el agua sobrante para la gavia inferior, pues siempre están formando un conjunto en la ladera baja de una montaña, a todo el conjunto de gavias es lo que se denomina una rosa. En ellas se suelen plantar cereales y leguminosas, se trata de una agricultura de baja capitalización y con escasa productividad y rendimiento, aunque tienen un efecto muy positivo en la recarga del acuífero, parte del agua, que se acumula en la gavia y no se filtra, se pierde por evaporación.

En cuanto a los nateros, M. Torres Stinga afirma que”bebederos, gavias, nateros y traveseros” son construcciones similares a las maretas pero de menor envergadura”. En efecto, se trata de zonas de recepción de aguas pluviales que se localizan en los barranquillos y barrancos de la isla, no sólo recogen el agua de lluvia sino también los limos que esta arrastra, por tanto el suelo que se crea en el interior de un natero suele ser de gran calidad. Para su construcción se levanta un muro de piedra, transversal a la dirección de la escorrentía, con la finalidad de que frene el agua, evite la escorrentía y retenga el preciado recurso para su filtración. Son de pequeño tamaño y por tanto su producción es escasa, se dedican sobre todo a frutales (higueras, almendros, tuneras), leguminosas (garbanzos, lentejas,..) y hortalizas (calabazas, tomates, cebollas,…).

Las cadenas son construcciones de piedras en las laderas de las montañas para frenar la escorrentía superficial, se dedican al cultivo de cereales de segunda (cebada y centeno) y de algunos frutales diseminados. Consiguen retener el suelo y facilitar también la filtración del agua de escorrentía. En su inmensa mayoría hoy día se encuentran en estado de abandono.

Los arenados naturales aparecen en la isla tras la erupciones de Timanfaya (1730-1736), constituyendo una amplia zona (20 km²) de la mitad centromeridional de Lanzarote. El lapilli (ceniza) del volcán cubrió el suelo vegetal productivo que existía en esa zona, propiciando que la vegetación pudiera rebrotar tras su enfriamiento después de la erupción. La técnica consiste en realizar hoyos en el picón o rofer y plantar en el suelo vegetal, se colocan alrededor unos muros de piedra para cortavientos y también para impedir que el rofer anegue de nuevo el hoyo. Se utilizan sobre todo para el cultivo del viñedo, aunque no en exclusiva y tiene una serie de efectos beneficiosos en los cultivos: por su carácter higroscópico, el picón capta humedad ambiental y la deriva al suelo, el rofer evita la evaporación de la humedad del suelo vegetal, permite mantener la temperatura del manto edáfico de forma constante sin oscilaciones importantes como en la naturaleza, evita la escorrentía del agua de lluvia, y el color negro del picón eleva la temperatura ambiental gracias al bajo albedo de la lapilli negra. El arenado artificial tiene las mismas propiedades, sólo que en esta ocasión es el hombre y no la naturaleza el encargado de su construcción. Una variante del cultivo en la zona de Timanfaya es la del chaboco o cultivo en las grietas de la lava .

El jable es un cultivo en el suelo vegetal que está cubierto por las arenas organógenas, el aprovechamiento ganadero de esta zona data de antes de la conquista normanda (1402), pero su utilización agrícola se remonta al siglo XIX. Se cultivan batatas, tomates, calabazas, melones y sandías. Las técnicas más usadas son la de la cazoleta (hoyo) y del surco. Entre las parcelas se establecen bardos (cinturones de paja de centeno) para evitar el azote del viento a los cultivos y tiene propiedades semejantes a los arenados para el beneficioso desarrollo de los cultivos.

En cuanto a los recursos no convencionales hay que señalar la introducción de potabilizadoras. Lanzarote fue el primer lugar de Canarias, y por ende de España, en introducir una planta potabilizadora. Está fue adquirida por los hermanos Díaz Rijo y su socio Javier Pinacho en 1964. La mencionada planta, de la marca Westinghouse, cuyos técnicos de montaje vinieron expresamente de Guantánamo (Cuba) y costó 30.000.000 de pesetas de la época. Era una planta dual, es decir producía agua (2.300 m³/día) y electricidad (1.500 kw). La producción de agua se realizaba por el sistema de termocompresión, frente al más utilizado hoy día de ósmosis inversa. Cubría la demanda de Arrecife y del incipiente núcleo turístico de Puerto del Carmen. A partir de esta planta la producción y demanda del agua en la Isla no ha hecho más que crecer. Hoy día, la sumisión a los recursos no convencionales es total, todo ello supone una alta dependencia del exterior por elevado consumo de combustibles fósiles.

Alejandro González Morales es Profesor titular de Geografía por la ULPGC

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Unas condiciones naturales adversas

En efecto, no podemos olvidar que Lanzarote es un espacio con una naturaleza adversa para la acumulación del preciado recurso, ya que llueve poco (menos de 200 mm. anuales), lo hace de forma irregular, en unos pocos días y horas pueden caer la mayoría de las precipitaciones anuales, mientras en el resto del año la pertinaz sequía es la tónica dominante, tal como señala este periódico de la isla “Poca o ninguna esperanza tienen los labradores de recoger la simiente que arrojan a la tierra…sin agua que beber. ¡No hay agua!” (Crónicas de Lanzarote, nº 53; 1861), la temperatura es elevada lo cual incrementa la evaporación del agua y la evapotranspiración de las plantas, se produce una gran isotermia a lo largo de todo el año, pues no suele haber gran oscilación térmica entre el verano y el invierno, ni entre el día y la noche, sobre todo en las zonas de costa, por último señalar también un viento intenso y persistente buena parte del año, el alisio, que contribuye a desecar la humedad del suelo. Por todas estas series de razones, así como por no contar con una importante cobertera vegetal y una geología que facilite la retención de las aguas de precipitación, la isla de Lanzarote presenta un panorama muy difícil para el desarrollo de las plantas en general y de los cultivos en particular.

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