Inicio > Revista Canarii > Canarii 17 (Marzo de 2010) > LAS MUJERES EN LA ÉPOCA DE LA CONQUISTA

Canarii 17 - Historia Moderna

Un sujeto histórico difícil de ver :

LAS MUJERES EN LA ÉPOCA DE LA CONQUISTA

Como se ha señalado en numerosas ocasiones cualquier intento de acercarnos a la realidad que rodea las mujeres en el mundo medieval y en los albores del mundo moderno resulta bastante complejo. Para acercarnos al tema es necesario partir de la premisa que la Edad Media es un mundo con unas características mentales, con unos principios ideológicos donde cada uno tienen su propio papel, sin embargo, las teorizaciones, la legislación y la vida cotidiana son aspectos diferentes pero complementarios para conocer la posición de las mujeres en la sociedad de la época.

La realidad cotidiana de las mujeres en aquellos momentos esta aún lejos de ser conocida, pues si bien formaba parte de un conjunto más amplio en contadas ocasiones nos ha dejado testimonio de su actuación, de sus pensamientos, de sus expectativas, han sido otros quienes nos permiten entrever su actuación.

Las fuentes disponibles para el análisis de las mujeres en Canarias son muy parcas para los siglos XV y XVI y, mucho más, cuando intentamos aproximarnos a la vida cotidiana. Las fuentes escritas, que no son las únicas pero si básicas y en gran parte conocidas, afortunadamente pueden proporcionarnos puntos de vista diferentes aplicando nuevos interrogantes a los modelos con los que trabajamos ya que el ideario de esta etapa resulta lejano a sus propias consideraciones. En el caso de las crónicas presentan el inconveniente que siempre reflejan la actividad masculina y las mujeres cuando se las menciona lo son como colectivo y las individualizaciones, cuando son citadas, lo eran porque las mujeres no desempeñaban el papel que le estaba asignado, según la percepción de aquellos que nos han dejado su testimonio. La misma situación se nos muestra en los relatos de viajes y en las exploraciones que se llevaron a cabo en las islas desde el redescubrimiento hasta finales del siglo XVI, en los que se alude a las mujeres cuando rompen los modelos establecidos o las propias concepciones que de ellas se tenían, tal como señala, entre otros, Gomes de Sintra “… e tee mulhers certas e viven mais como homes que algunos destos outros…” .

Las fuentes legislativas, y especialmente las de tipo judicial, son más explícitas y quizá pudieran reflejar un punto de vista más objetivo al limitarse a la aplicación del ordenamiento vigente, recordar que ya en el Fuero Juzgo aparecía definida la inferioridad y la sumisión de las mujeres a los hombres, aunque en el Fuero Real la ley se concibe para proteger por igual a ambos. En las leyes aparece pocas veces de forma específica, por lo que probablemente era la mentalidad clerical y aristocrática vigente en aquellas centurias quien imponía la discriminación de las mujeres tratándolas como seres débiles e inferiores, supeditadas al varón como se observa en expresiones tales como “... todas bonitas y en edad de casarse” en relación a las ocho hijas del rico comerciante Lesmes de Miranda.

Las fuentes de carácter jurídico tienen un gran valor pero deben ser contrastadas con la aplicación del derecho y las fuentes de tipo económico. Son sin duda los Protocolos Notariales una referencia imprescindible para llevar a cabo este análisis en aspectos tan variados como la religiosidad, la familia, variables demográficas, aspectos económicos, vulneración de la norma, etc. Por tanto, consideramos que cualquier aproximación a las mujeres en este período histórico implica partir del marco legal y la posición que la época atribuyó a las mujeres, así como los campos de actuación permitidos, las áreas de influencia y los espacios que les estaban vedados, pues en la vida diaria es difícil encontrar el protagonismo de las mujeres que se difumina en el interior del hogar, aunque existen indicios suficientes para poder afirmar que en los estratos bajos y medios desempeñaron un papel de extraordinaria importancia.

En Canarias la sociedad que se va a consolidar en el siglo XVI estuvo determinada por las propias características de la conquista, por ser una tierra de frontera, por la movilidad de la población, por el mestizaje… y en ella podemos encontrar tres elementos de referencia: las razzias, la evangelización y la jerarquización que modelaron la nueva sociedad.

Evangelización y conquista son dos procesos coetáneos que se justificaban en la mentalidad de la época. Si tomamos en consideración la opinión de los cronistas y viajeros observamos como éstas estaban en estrecha relación con los objetivos propuestos, y así, en las referencias a períodos anteriores a la conquista castellana cuando las razzias eran frecuentes con la finalidad de obtener esclavos no se individualiza a la población por sexos; cuando aparecen las mujeres lo son a nivel colectivo o en relación al parentesco: “… en un asalto a La Palma tomaron cautiva a una hermana del capitán Garehagua…”; también se la menciona para destacar aquellos aspectos que difieren de la sociedad que ellos conocen, el valor, la fiereza, mujeres varoniles, etc. La individualización se ejemplifica cuando estas mujeres cumplen unas funciones concretas de acuerdo a la mentalidad de quien narra los hechos, como los casos de Francisca de Gazmira en defensa de unos ideales, como defensora de sus congéneres y su actuación en la corte demandando justicia frente a las tropelías y engaños del Adelantado o el papel desempeñado por María Tasirga en la cristianización de sus coetáneos.

Los autores de la época establecieron claras diferencias entre las aborígenes antes de la conquista y con posterioridad cuando ya estaban integradas en la sociedad que ellos consideraban la única factible, como señalaba A. Thevet referente a las costumbres bárbaras de los habitantes “…esto era cuando vivían a la morisca y no eran cristianas”. En la misma línea se expresaba Frutuoso “…de fieras, bravas y guerreras se tornaron mansas, amables y conversadoras…”. El motivo de esta no diferenciación, a partir de la segunda mitad del XVI, entre las aborígenes y las que arriban en el momento de la colonización viene determinado porque la aculturación supuso el asumir o quizá mejor la imposición de unos modelos preestablecidos. Las mujeres que llegan a las islas tras la incorporación de Canarias a la corona castellana reproducirán en el Archipiélago los mismos roles que desempeñaban en sus lugares de origen, generalmente figuran como acompañantes del beneficiario de datas y pocas veces reciben predios directamente, a excepción de las que son familiares directos de los conquistadores. La normativa del repartimiento no establecía diferencias entre hombres y mujeres, de ahí que la participación femenina no sea un hecho excepcional y legalmente tenían los mismos derechos y obligaciones que los hombres, como el de tener casa poblada, debiéndose las evidentes desigualdades que encontramos en las concesiones a la categoría social y no al sexo.

De todas formas hay que señalar que independientemente de su categoría social la función prioritaria de las mujeres, según los parámetros vigentes y comúnmente aceptados, era la de “esposa y madre”. El estado civil condicionaba su actividad, pues la organización de la sociedad estaba fundada sobre el matrimonio y sobre la imagen de la casa, de ahí el papel clave que desempeñaron en el ámbito privado como guardianas de la sabiduría, la medicina, la alimentación y también en el aspecto religioso.

Una vez que se estructura la nueva organización social, tras la incorporación de las islas a la Corona, el papel de las mujeres va a estar además determinado por la propia jerarquización vigente con el agravante que siempre será considerada inferior, sin embargo esta situación no implica que las mujeres sean sujetos pasivos sino que intervendran activamente en todas las acciones que acaecen en el periodo que les tocó vivir, aunque en espacios menos visibles.

Tradicionalmente se ha considerado que las mujeres no desempeñaba ningún tipo de actividad pública, pero ésta la ejercía en la práctica cotidiana y era muy superior a lo que el rígido ordenamiento legal le proporcionaba e igual ocurría con el desempeño de una serie de oficios, algunos considerados típicamente femeninos como los relativos a los cuidados y enfermedades: comadronas, amas de cría, amortajadoras, pero también panaderas, triperas, etc. Es muy destacable su participación en actos de tipo jurídico ya sea otorgando poderes, como perceptoras de dinero por ventas, litigando en defensa de sus patrimonios, como tutoras y curadoras, etc.

Hemos señalado como la jerarquización formaba parte de la nueva sociedad y las diferencias entre los grupos son iguales entre hombres y mujeres. Así encontramos un grupo significativo de esclavos tanto hombres como mujeres ya fueran aborígenes, mulatas, negras e incluso algunas indias cuya actividad se circunscribía al ámbito doméstico en la mayoría de los casos. Uno de los sectores más numeroso era el constituído por mujeres campesinas, esas mujeres anónimas que participaron directamente en la repoblación, gentes que no realizaron hechos singulares dignos de mención, según los cronistas de la época, pero que constituyeron los pilares básicos de la sociedad canaria en formación a lo largo de la décimo sexta centuria. Es posiblemente el grupo del que poseemos menos referencias, pues éstas aparecen dispersas en las listas de contribuyentes, procesos judiciales, testamentos, y la mayoría de las referencias se circunscriben no a su vida cotidiana sino a la caracterización que los varones tenían de ellas.

Más información podemos obtener del grupo de la elite aunque en estos casos su actuación viene determinada por el lugar que ocupan en la sociedad, al igual que sus parientes varones, como podemos observar en los casos de Beatriz Cabeza de Vaca, Agueda de Monteverde, entre otras.

Junto a estos grupos que representan el cuerpo social también tiene presencia un número de féminas que trasgreden y vulneran la norma establecida, por lo que si bien no podemos considerarlo como un grupo específico y homogéneo si tienen una presencia real. Estas transgresiones podían ser religiosas, morales, jurídicas, económicas, ...

En definitiva, cualquier aproximación que realicemos a las mujeres en Canarias en los inicios de la colonización castellana debe tener en cuenta los “modelos vigentes” y las propias singularidades de la conquista y colonización de un territorio de frontera, pues sólo si insertamos la vida cotidiana de las mujeres en estos parámetros generales podemos aproximarnos a ellas.

Ana Viña Brito es Profesora Titular de Historia Medieval de la ULL

Imágenes

Las mujeres que llegan a las islas tras la incorporación de Canarias a la corona castellana reproducirán en el Archipiélago los mismos roles que desempeñaban en sus lugares de origen, generalmente figuran como acompañantes del beneficiario de datas y pocas veces reciben predios directamente, a excepción de las que son familiares directos de los conquistadores.

Recursos relacionados

Buscar artículos por

Fundación Canaria Archipiélago 2021