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Canarii 18 - Historia del Deporte

La forja del pastor canario

LA LUCHA ANCESTRAL DEL GARROTE CANARIO

La principal fuente de economía del indígena canario (los antiguos canarios) fue siempre el pastoreo de cabras y ovejas, cuyo trabajo tenía que realizarlo a base de efectuar grandes recorridos con su nutrido rebaño por un suelo accidentado.

La relación de pastor/indígena/ palo grande y grueso en su doble función de herramienta y arma, están íntimamente vinculados. Todos los estudios dedicados al pastoreo, o a los distintos aspectos de la economía indígena, están de acuerdo en afirmar que el pastoreo actual es una práctica de los aborígenes y, a través de este oficio, se han venido transmitiendo costumbres ancestrales de los antiguos canarios.

El pastor indígena, debido a las especiales condiciones de su trabajo, fue sometido a unas tensiones de vigilancia y enfrentamiento que fueron forjando su carácter.

Colocado en un lugar estratégico, el pastor cuida y vigila a cada uno de sus animales: además, ha de observar las leyes de la naturaleza (de cuyo recurso depende su trabajo). Estas obligaciones van desarrollando en el pastor un magnífico sentido de la observación a la vez que lo faculta como experto centinela. La vida errante y solitaria que el oficio imponen, le forja su carácter independiente: con la sola ayuda de su inseparable perro e insustituible garrote, este rey de la soledad tiene que alimentar esa colectividad formada por él y su rebaño a la vez que defenderla frente a las colectividades de los otros pastores.

En su trabajo, el pastor ha de desplazar a sus animales por territorio accidentado. En su largo recorrido atraviesa laderas, barrancos y montañas ayudado de su garrote utilizado como apoyo para poder llegar lo antes posible allí donde esté el codiciado alimento de sus animales y llegada la ocasión, también se verá forzado a pelear con otros pastores en sus disputas por el pasto, utilizando el mismo garrote que le ayuda en el caminar. Este tremendo y constante trajín constituye un magnífico ejercicio que hace del pastor una persona fuerte y perfectamente preparado para la pelea.

Guerreros indómitos

Los antiguos canarios fueron una población pastoril y, al mismo tiempo, portadora de una condición guerrera que fue acrecentada durante el periodo de las invasiones.

Guerreros indómitos, intrépidos, fortalecidos continuamente en su profesión y entrenados en sus luchas internas, supieron mantener a raya durante mucho tiempo las invasiones externas.

Al tener en sus manos un instrumento de doble uso (herramienta/arma) con el que llega a desarrollar un contundente método de combate, a la vez que herramienta para salvar desniveles del terreno, el indígena canario adquiere la personalidad de una pastor/guerrero, siempre preparado para la pelea, especialmente en los ataques exteriores por sorpresa.

En esta situación de alarma continua, los pastores desempeñaron un papel muy importante dada la estrategia de constante vigilancia del ganado, ahora oteando el horizonte desde las atalayas para vigilar al enemigo que viene por el mar y, de esta forma, dar la alarma de una entrada descubierta (por medio de silbos, hogueras o el sonar del bucio) al mismo tiempo que también podía adelantarse a la acción de los invasores gracias a la habilidad en recorrer el territorio escabroso y montañoso, llegando con prontitud allí donde la batalla se inicia dispuesto a entablar el combate con el mismo instrumento laboral con el que se desplaza.

La utilización del garrote después de la conquista

Después de la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla, el pastor indígena continuó en su antiguo trabajo porque suministraba a los nuevos colonos con los productos del pastoreo. Nadie mejor que el canario podía desempeñar un trabajo que venía heredando del pasado como una fuente principal de aprovisionamiento; el conocimiento del terreno, la localización de los senderos y atajos así como las mejores zonas de pastos, la sabiduría natural con que cuidaba y curaba a sus animales y su facilidad en recorrer un territorio de difícil tránsito. Esta formación laboral que venía adquiriendo de sus antepasados, hacía del pastor indígena una persona insustituible en su trabajo.

El canario prehispánico, integrado de mala gana en la nueva sociedad reinante establecida después de la conquista castellana, continuaba con su antiguo oficio de pastor, pero durante bastante tiempo después, siguió latiendo en su corazón el guerrero que llevaba dentro. Sintiéndose impotentes para expulsar a los colonos recién establecidos, un buen número de estos inquietos pastores/guerreros, continuaron indómitos e independientes amparados en el refugio de las montañas, preocupando a los nuevos pobladores europeos hasta que poco a poco, esta casta canaria se fue integrando en el nuevo orden establecido, aunque el avance de la agricultura recién importada continuó aislando a los pastores en el interior de las islas.

Establecida la paz y el orden social, las armas de los antiguos canarios ya no tenían cometido; las masas y porras prominentes, así como los toletes afilados dejaron de usarse. Sin embargo, el pastor pudo seguir utilizando su garrote de punta aguzada o cuerno agudo, que más tarde sustituye por un regatón metálico, el cual clava en el suelo para hacer firme el apoyo. Dicho instrumento siguió teniendo plena vigencia y funcionalidad en su doble uso de herramienta/arma porque constituía una pieza indispensable en el trabajo pastoril a la vez que un método de combate para hacer prevalecer los derechos heredados.

El hecho de permanecer aislados mucho tiempo en las montañas y zonas interiores de escasa comunicación, más su carácter receloso y reservado, terminó por configurar, aún más, su particular talante de independencia errante, haciendo posible la perduración de usos y costumbre de los antiguos canarios, de las cuales la manifestación más notoria y representativa es el arte de combate desarrollado con el garrote de trabajo.

Así pues, los pastores canarios de todos los tiempos, al tener que desplazarse por el mismo medio natural, la geografía abrupta de las islas, se han visto obligados a utilizar un instrumento adecuado, grande y fuerte: un garrote, como única e insustituible herramienta de trabajo con el que poder moverse con seguridad y rapidez, en un sistema de vida desarrollado ininterrumpidamente desde hace muchos siglos, con la consiguiente creación de una cultura tradicional en la que la lucha con el garrote era parte substancial.

Jorge Domínguez Naranjo es presidente de la Federación de la Lucha del Garrote Canario.

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