Inicio > Revista Canarii > Canarii 18 (Junio de 2010) > LA LUCHA CANARIA. El "SPORT" CANARIO ENTRE EL DIVERTIMENTO Y EL ESPECTÁCULO PÚBLICO

Canarii 18 - Historia del Deporte

La lucha Canaria, El "sport" canario entre el divertimento y el espectáculo público

LA LUCHA CANARIA. El "SPORT" CANARIO ENTRE EL DIVERTIMENTO Y EL ESPECTÁCULO PÚBLICO

Podemos decir que hasta el tercer cuarto del siglo XIX el sistema de lucha canaria que conocemos en la actualidad, con ciertas variantes de agarre según zonas e islas, se practicaba de una forma espontánea por la pollería (juventud) de los pueblos. Los enfrentamientos se desarrollaban unos contra otros o entre los diferentes pueblos de las islas, tomando generalmente la pila bautismal como nexo de unión de unos y otros. Estas “pilas” de luchadores se enfrentaban en sus ratos de ocio y habitualmente con motivo de las fiestas o tras la realización de sus diversas ocupaciones laborales con el fin de medir sus fuerzas y ganar para su pueblo la supremacía luchística.

No podemos hablar de competiciones, ni de equipos, ni tan siquiera de deportistas. Es cierto que con la práctica de la lucha canaria los luchadores de aquella época realizaban un ejercicio físico, pero no obstante no eran conscientes de que la realización de tal actividad significara practicar deporte alguno. Como bien dice Fernando Amador, en esta etapa, denominada por algunos autores como etapa folclórica, la lucha canaria se practica como un juego tradicional, una práctica lúdico-agonal. En definitiva, se practicaba generalmente por diversión y sólo se manifiesta con fines competitivos en contadas ocasiones, tanto de forma individual como colectiva.

Es a fines del siglo XIX, con la llegada de la Segunda Revolución Industrial y la preocupación burguesa por su estado físico, cuando nace el deporte, siendo los ingleses los primeros en atribuirle cierta importancia social.

Fruto de este interés por los deportes, la colonia inglesa en Canarias, muy numerosa a fines del s. XIX, comienza a introducir en los muelles, hoteles y lugares de descanso, la práctica de juegos hasta entonces desconocidos por los canarios. Así, el fútbol, el tenis o el golf, hicieron su aparición, aunque por sorprendente que parezca en nuestros días, ninguno de ellos logró eclipsar o usurpar la hegemonía de la lucha canaria hasta bien entrado el siglo XX, comenzando a denominarse en la prensa del momento a la lucha canaria como el "sport canario".

No obstante este “sport canario” de fines del siglo XIX y principios del s. XX difería de la práctica lúdico-agonal, por divertimento, que durante la denominada etapa folclórica caracterizó los enfrentamientos de luchadores. Y ello es así porque a partir de fines del siglo XIX adquiere la categoría de espectáculo de pago, trasladándose su práctica de los espacios abiertos y públicos, a los Teatro-Circo de las diferentes ciudades y pueblos de las islas. Así, circos como el Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, el Viana de La Laguna o el Teatro-Circo de Arucas albergaron en esta época grandes temporadas de luchas con un carácter eminentemente empresarial. Lugares donde, previo paso por taquilla, se desarrollaban espectaculares luchadas que eran anunciadas a bombo y platillo por la prensa de la época con el fin de llenar el aforo.

No cabe la menor duda de que con ello, la lucha canaria perdió su inocencia, dejándose llevar por el sentimiento capitalista que desde entonces ha movido casi todas nuestras relaciones sociales, pasando de ser una manifestación lúdico-agonal, con marcados valores tradicionales, a un espectáculo de pago por el que los luchadores, algunos convertidos en empresa, cobraban por sus actuaciones para el deleite de unos aficionados ávidos de fuertes sensaciones, pudiendo afirmar que en Canarias fue la lucha canaria el pionero de los deportes espectáculo actuales, pero sin llegar a consolidarse verdaderamente como tal deporte, porque no se le dio importancia al ejercicio físico en sí, sólo como medio para mantener una vida saludable.

La importancia social y mediática de la lucha canaria fue impresionante y, en una entrevista realizada a José Araña "Pollo de Arucas", éste contó que su padre le reñía si llegaba a su casa con los pantalones rotos o sucios por jugar al fútbol, temiendo incluso que se fuera a enfermar del pulmón, y sin embargo lo animaba a practicar la lucha canaria.

Y es que en esta etapa, eminentemente mercantilista, la prensa elevó a la figura del luchador canario hasta el nivel de los famosos deportistas actuales. Incluso, en 1912, la revista Canarias Turista dedicó todo un número especial a este deporte y en él salieron, como en un álbum de cromos de fútbol actual, todos los ases de la lucha canaria conocidos hasta el momento. Algunos incluso aprovecharon su fama para cruzar el Atlántico y llenar circos en América latina, demostrando que eran invencibles en la lucha, casos de Mandarria, Juan Castro o Ramón Méndez de El Hierro.

No obstante, la lucha canaria vivió, desde fines del s. XIX y hasta la primera mitad del s. XX, sometida a la especulación de luchadores y de empresas constituidas con el fin de explotarla como espectáculo público, provocando que a la finalización de la temporada de luchas programada y desaparecido el interés empresarial por la misma, quedara casi en el olvido, teniendo que ponerse en marcha para cada temporada toda una campaña propagandística con el fin de conseguir nuevamente el interés del público.

Frente al fútbol u otros deportes de los denominados hoy en día como universales, la lucha canaria en aquella época era en las Islas el "sport canario”, pero mientras los otros crecieron en número de practicantes y en organización, constituyéndose verdaderamente como deportes, la lucha canaria no adquirió la organización necesaria, viviendo a rachas y continuamente preocupados por la desaparición de su práctica.

Hubo intentos por organizar y reconducir la situación en las primeras décadas del s. XX y parece que la sociedad Fomento de Luchas Canarias de Tenerife de 1917 pudiera responder a unos fines ajenos a los eminentemente económicos, pero en sus actuaciones se cobraba la entrada como en cualquier otro espectáculo y lo mismo ocurre con la Sociedad la Unión de Telde en este mismo año. Por ello, cuando se acababan los contratos se acababa el fomento de la lucha canaria. También en los años veinte hubo algún intento de someterla a reglamentación en torno a sociedades previamente constituidas que hacían publicidad de sus fines amateurs, pero la publicidad era una cosa y la realidad otra, puesto que, dichas sociedades acababan también siendo contratadas y, después de acabadas las luchadas y cobradas las entradas, llegaban las mismas a su fin.

A lo largo de todo este periodo y hasta el fin de la guerra civil resultó muy difícil fomentar o promocionar la lucha canaria como deporte organizado y es sólo después de 1939 cuando el gobierno centralista de Franco pone todo su empeño en organizar una actividad que se había mantenido al margen de reglamentación y control alguno. Así, a mediados de la década de los años 40, comenzó a institucionalizarse dentro de un proceso que tardó muchos años en fraguar dada la resistencia a los cambios organizativos.

El fútbol, el tenis o el golf hicieron su aparición, aunque ninguno de ellos logró eclipsar la hegemonía de la lucha canaria hasta bien entrado el siglo XX.

La lucha canaria vivió, desde fines del s. XIX y hasta la primera mitad del s. XX, sometida a la especulación de luchadores y de empresas constituidas con el fin de explotarla como espectáculo público.

José Roque Falcón Falcón es profesor de secundaria y especialista en historia de la lucha canaria.

Imágenes

El debate en la prensa sobre su carácter deportivo

Incluso algunos criticaron en la prensa de fines del s. XIX, dudando de que se la pudiera incluir como "sport":

"...Convénzase Chaves de que eso no es sport ni cosa que lo valga, que para serlo tenía que consistir en un ejercicio de los más y no en las talegadas de los menos...Y si Chaves no se convence, allá se quede con su sport de regar polvo en el circo, trayendo latines a la mente para hacerse la ilusión de que se halla presenciando olímpicos juegos o romanos espectáculos..." (El Fígaro: 23-12-1897).

A esto le contesta Chaves:

"...recreación, pasatiempo, placer, diversión... Ergo, la lucha que es una recreación (no me permito en este momento llamarla de primissimo para evitar nuevos choques), es un sport. La condición de que entren en el ajo todos los concurrentes, actores y espectadores no me parece, salvo meliore, necesaria para que el sport se verifique... "(El Fígaro: 29-12-1897).

Y le replican:

"...Sport es y ha sido siempre, el ejercicio hecho para entretenerse, para divertirse, y no para lucrarse. Al sport hípico se dedica quien monta a caballo por placer, por gusto, sin cobrar nada por ello… Quien tal hace es un sportsman... El sport es diversión desinteresada y aún costosa. Desde el momento que se le explota como espectáculo y se paga por presenciarlo desaparece el sport y el sportman. Por eso yo concedía los luchadores que podían pretender que se dedicaban a su sport; pero esto es solo cuando luchan por gusto, sin paga. En cuanto a los espectadores, nunca, ni cuando pagan, ni cuando ven las luchas gratis, son Sportmen…” (El Fígaro: 31-12-1897).

Recursos relacionados

Buscar artículos por

Fundación Canaria Archipiélago 2021