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Canarii 2 - Prehistoria

El estudio del poblamiento indígena de Canarias

El origen de los canarios, de la odisea imaginaria europea a la raíz bereber

El interés por conocer el origen de los primitivos pobladores de Canarias hunde sus raíces en el siglo XIV y estuvo directamente ligado al redescubrimiento del Archipiélago por los europeos en esa centuria. A partir de entonces, y durante los siglos XV y XVI, el poblamiento humano de Canarias se convertiría en un tema recurrente en muchas de las fuentes etnohistóricas, crónicas, relatos, memorias y primeras historias generales escritas sobre las islas. Interesaba saber, obviamente, quiénes eran aquellas gentes “bárbaras” o “salvajes” que vivían recluidas en unas islas en medio del Océano Atlántico, cuándo habían llegado a las islas, de dónde procedían, cuáles eran sus costumbres; pero, igualmente, era preciso justificar su conquista y colonización, de ahí que las primeras visiones acerca de los indígenas canarios también estuvieran condicionadas por toda una serie de intereses no meramente etnográficos. Con posterioridad, durante los siglos XVII y XVIII, la disquisición acerca de la primitiva colonización insular no experimentaría cambios sustanciales en relación con la tradición historiográfica precedente. No fue hasta mediados del siglo XIX, y como consecuencia del nacimiento de la Arqueología y de la Antropología física, cuando se produjo una ruptura en relación con el período anterior, pudiéndose hablar a partir de entonces del desarrollo de una segunda etapa en el estudio del poblamiento.

Las primeras teorías desarrolladas acerca del poblamiento de Canarias estuvieron condicionadas por la cosmovisión judeo-cristiana y por la tradición clásica. La propia estructura cultural y mental imperante hasta bien entrado el siglo XIX propiciaría que los distintos autores acudiesen, al estudiar el poblamiento de las islas, a autoridades más valoradas por su erudición, caso de los autores clásicos, o a textos más acordes con la visión cristiana que predominaba en la época, caso de la Biblia. No hubo alternativa válida a la explicación histórica que aún se le concedía a la versión bíblica de la creación del hombre y su dispersión después del diluvio. Por ello los indígenas canarios fueron emparentados con los patriarcas de la Biblia, relacionándoseles a la postre con la estirpe de Adán. Este marco cultural y mental descrito propició, de hecho, que el modelo de poblamiento de mayor arraigo fuese la leyenda de las lenguas cortadas, elaborada a partir del relato de la Torre de Babel. Según la referida leyenda, las Islas Canarias habrían sido pobladas por africanos deportados que, como castigo, habrían sido deslenguados y expulsados por los romanos de sus dominios (Mauritania Tingitana). La arribada de estas poblaciones deslenguadas al Archipiélago, su posterior aislamiento y la incomunicación existente entre los habitantes de unas islas y otras (pues desconocían la navegación), habría propiciado, a su vez, que en cada territorio insular se acabase desarrollando una lengua o dialecto diferente, de ahí que los habitantes de las distintas islas no se entendiesen entre sí. Por su parte, según el relato bíblico de la Torre de Babel, habría sido Dios quien, como castigo, habría impuesto a la humanidad la diversidad de idiomas, propiciando igualmente su éxodo. Por tanto, nos encontramos con que en ambos relatos (Torre de Babel y leyenda) las concomitancias son evidentes: un castigo ejecutado por entidades superiores (Dios/autoridades romanas) desencadena la posterior expulsión y consiguiente dispersión de unas gentes que acaban hablando lenguas distintas.

Desde el punto de vista geográfico, el foco de origen de las primeras poblaciones del Archipiélago se ubicó en el Próximo Oriente, siguiendo el relato bíblico, pero también en el continente africano, pues la proximidad física de las Islas Canarias con respecto a África llevaría a los distintos cronistas, etnohistoriadores, etc., a emplazar el área de procedencia de los primitivos isleños, de forma acomodaticia, en la franja occidental del continente africano. Paralelamente, la información etnográfica aportada por algunos informantes indígenas (fuentes orales), también apuntaba hacia la procedencia norteafricana.

Durante los siglos XVII y XVIII los estudios sobre el poblamiento siguieron estando condicionados por unos mismos esquemas mentales, estructurados a partir de la cosmovisión judeo-cristiana y de la ciencia pagana de la tradición clásica, por lo que no se experimentó un salto cualitativo ni temático en relación con los siglos precedentes.

A partir de mediados del siglo XIX, la influencia del positivismo y del evolucionismo comenzó a ser más visible, sobre todo tras la publicación de la obra de Charles Darwin El origen de las especies (1859). Las tesis evolucionistas, especialmente el evolucionismo biológico esbozado por Darwin, pondrían en entredicho la cosmovisión cristiana medieval que había pervivido hasta bien entrado el siglo XIX. Ello era así porque, para los evolucionistas, el hombre provenía del mono, tesis ésta que iba en contra de la teoría de la creación contenida en el relato bíblico. Asimismo, estas estrechas relaciones observadas entre el hombre y el mono llevarían a ubicar en África el origen de la humanidad, es decir, se cuestionó igualmente el papel de foco originario que la Biblia había otorgado al Próximo Oriente, donde se ubicaba el Jardín del Edén. Este giro aquí esbozado, decisivo de cara al estudio del primer poblamiento de Canarias, coincidió en el tiempo con el desarrollo de la Arqueología y de la Antropología física europeas, con el nacimiento en Canarias de los estudios arqueológicos y antropológicos, y con la fundación en las islas de las instituciones científicas asociadas a ambas disciplinas: El Gabinete Científico (1877), en Tenerife, y El Museo Canario (1880), en Gran Canaria.

Fue precisamente durante este período cuando se produjo la “europeización” de los indígenas canarios, que fueron emparentados con la raza de Cro-Magnon, de procedencia francesa, e insertos culturalmente en el período Neolítico, cuando no relacionados con los celtas e indoeuropeos, entre otros. Desde el punto de vista arqueológico, toda la serie de rasgos supuestamente neolíticos que parecían detectarse en las manifestaciones de la cultura material indígena canaria (cerámica, industria lítica, industria ósea, etc.), encajaban perfectamente dentro de la visión neolitizante que desde entonces se comenzaría a defender para el primer poblamiento humano de las islas.

La ubicación geoestratégica de las Islas Canarias en el siglo XIX y la política imperialista desarrollada por potencias europeas como Francia o Alemania, especialmente tras el inicio del reparto colonial africano (1884-1885), incidiría directamente en la lectura europea de la prehistoria canaria, pues lo cierto es que se produjo un intervencionismo científico con claras repercusiones en el estudio del primitivo poblamiento insular: los autores franceses abogaron por la conexión galo-canaria (celtas) y los autores alemanes por la conexión germano-canaria (indoeuropeos).

A lo largo del siglo XX, en concreto durante la vigencia del régimen franquista, se insistiría en la adscripción neolítica de los indígenas canarios, sólo que ahora en relación con la raza de Cro-Magnon de procedencia africana. Asimismo, el foco de origen pasó a ubicarse el Sahara, en conexión con las culturas Ibero-mauritana e Ibero-sahariana. Con esta tesis, en definitiva, se refrendaba la política nacionalista del régimen franquista pues, en última instancia, los primeros pobladores de la Península Ibérica, Canarias y las colonias españolas en África, habrían compartido una misma raigambre racial y cultural desde tiempos pretéritos.

El estado actual de la investigación

Hoy en día, a pesar de haberse constatado arqueológicamente el aporte sahariano al poblamiento de Canarias, especialmente en islas como La Palma, Tenerife o Gran Canaria, el conocimiento científico obliga a descartar el empleo de conceptos tales como Neolítico, Ibero-Mauritano o Ibero-sahariano al hablar de la colonización insular, pues las dataciones absolutas hoy disponibles, si bien escasas y desigualmente repartidas entre las islas, permiten ubicar la primera colonización de Canarias, de raigambre líbico-bereber, a mediados del primer milenio a.n.e., por lo que no existe conexión alguna con la Edad de la Piedra Pulimentada.

Las hipótesis desarrolladas recientemente tienden a vertebrar el poblamiento de las islas a partir de dos momentos claves: un primer poblamiento se produciría coincidiendo con la expansión púnica por el Atlántico (básicamente a partir del siglo V a.n.e.), y el segundo tras la dominación romana del norte de África (a partir del siglo I a.n.e.), pero en ambos casos con contingentes humanos norteafricanos líbico-bereberes.

¿Indígenas o aborígenes?

Desde el nacimiento de la arqueología en Canarias en la segunda mitad del siglo XIX, la práctica totalidad de autores, tanto nacionales como extranjeros, que se ocuparon del estudio de los primeros pobladores de las islas se refirieron a ellos con el término aborigen, en sentido genérico, o bien haciendo mención expresa de su etnónimo correspondiente (guanches, canarios, bimbaches, etc...). La literatura arqueológica generada desde entonces ha seguido recurriendo al término aborigen para designar a los primeros pobladores de las islas, a pesar de que el empleo de este término es, a todas luces, incorrecto. Aborigen es una palabra compuesta de “ab”, que equivale a sin, y “origo” (el origen), por lo que significa sin origen. Por consiguiente, se aplica para designar a las poblaciones que son naturales de un país, por oposición a los que han ido posteriormente a otro lugar a establecerse. Ello quiere decir que si aceptamos que las Islas Canarias, dada su propia realidad geográfica (insularidad), fueron pobladas por grupos humanos procedentes de otros ámbitos geográficos, resulta evidente que el término aborigen no es válido para designar a los primeros pobladores de Canarias, pues usándolo caeríamos en una contradicción flagrante. Por ello, al referirnos a los primitivos habitantes de Canarias debemos utilizar el término indígena (inde genito), que hace referencia a poblaciones engendradas en un lugar, que son originarias del país, pero no aborígenes.

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