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Canarii 20 - Entrevista

"LAS MUJERES SON LAS QUE SE PROSTITUYEN, PERO SI NO VAMOS AL CLIENTE SEGUIRÁ HABIENDO DEMANDA"

LOLA LAMOTE DE GRIGNON ISUAR

Villa Teresita es una Asociación Pública de Fieles, fundada por la navarra Isabel Garbayo Ayala, que este año cumplió 105 años de edad. Tienen Centros en Pamplona, Valencia, Granada, Madrid y Barcelona. Las casas de acogida tienen un máximo de 15 mujeres que viven juntas.

El centro de Las Palmas de Gran Canaria, tanto el piso de acogida como Villa Teresita en La Isleta están en peligro de cierre. Los recortes en las subvenciones están a punto de hacer desaparecer a los pocos lugares que tienen las mujeres prostituidas para poder ir en busca de apoyo y ayuda.

En 1999 se solicitó un piso de acogida a la Consejería de Servicios Sociales del Cabildo Insular cedió para el trabajo con mujeres con problemas de alcohol y drogas, muchas de ellas víctimas de violencia de género, en el sentido amplio del término, pero que ejercen la prostitución. En 2003. Se firma otro convenio con Cabildo Ahora mismo han conseguido que en Sevilla junto con la Consejería de Sanidad de la Junta para poder entrar en los clubs de Alterne.

Lola Lamote es una de esas personas que trabajan uno de los aspectos más denigrantes, hipócritas y malvados de la violencia de género, la prostitución. Y hablamos de las mujeres prostituidas las que no existen, las que no se ven, las que no queremos ver y de las cuales nadie se ocupa. Nadie no, porque hay personas que ofrecen sus vidas al servicio de otras, como nuestra protagonista. Personas necesarias, que “comparten las mismas miserias y pretenden aliviarlas sin aspirar a volar por encima de nuestra condición”, como el buen Doctor de La Peste de Albert Camus, que opta por quedarse en una ciudad infectada cuando todos huyen para cuidar a sus compañeros de Humanidad.

¿Cuál es su labor al frente de Villa Teresita en la isla y cómo se hace religiosa?

Me metí en “esto” un poco de sopetón, porque yo no tenía ni idea, en mi juventud el mundo de la prostitución no se sabía lo que era, se sabía que existía pero no lo conocía. Yo era de una ciudad pequeña, Tortosa en Tarragona, Cataluña, y ahí nunca había oído, siquiera, la palabra prostitución.

Me planteé hacerme religiosa porque antes la vocación de servicio a los demás venía unida a la vocación religiosa.

Cuando tenía 22 años trabaje como maestra en la zona. Y quise entrar como religiosa, cuando se lo plantee a mi familia en casa me dijeron que era una locura, pero a los 26 años comencé.

¿Y cómo acaba trabajando con la prostitución?

Cuando comencé como religiosa conocí a la Fundadora de Villa Teresita y me impresionó Isabel Garbayo, una mujer con mucha voluntad y carisma. Una mujer que sigue viva a sus 105 años, ahora retirada en la comunidad religiosa que está en Pamplona. Isabel Garbayo es una mujer que abrió cauces de liberación entre las mujeres prostituidas, viendo en ellas a las más pobres, no sólo por su situación de necesidad, sino por ver rota su dignidad como personas.

Cuando la conocí me dijo: “Mira, nosotras somos muy pocas. Como yo quería consagrarme a una vida religiosa, pero a la vez quería hacer algo por las mujeres. Cuando era muy jovencita empecé a ayudar en un hospital de Pamplona, y al pasar todos los días por unas habitaciones cerradas de las que se oían gritos y llantos, pregunté quiénes estaban allí. Me dijeron que eran prostitutas, a las cuales encerraban por vergüenza y por las enfermedades que tenían y las trataban como apestadas. Pedí que me dejaran ayudarlas, lo que me costó mucho porque no me entendían. Allí las escuche y empecé a intentar hacer algo por ellas. Así me di cuenta de sus vidas y sus circunstancias, y a buscar fórmulas para ayudarlas, porque pensé que no me podía morir sin hacer algo por ellas. Si quieres puedes unirte a nosotras y ayudarnos”.

Y así lo hice.

¿Cómo llega a Canarias?

Yo entré en la Comunidad en 1966 y en 1971 me envían a Las Palmas. Vinimos a la ciudad porque una señora de aquí estaba muy preocupada por el mundo de la Prostitución, de las madres solteras, que era un poco mezcla entonces, ya que muchas de las madres solteras de la época derivaban en la Prostitución porque no tenían ayudas para sobrevivir.

Pues esta señora nos ofrece el darnos una casa y sufragarnos nuestros gastos mientras empezábamos. Por lo que vinieron dos compañeras de la Comunidad en el verano de 1970, vinieron a ver Las Palmas y decidimos quedarnos en 1971.

¿Cuáles son sus recuerdos de lo que te encontraste al llegar a Las Palmas de Gran Canaria?

Yo ya había trabajado 5 años con la Prostitución en Pamplona y Granada, y cuando llegué aquí me encontré 2 grandes focos de prostitución: la Isleta y Lugo.

En un primer momento pensamos vivir en Lugo, pero aquella señora no entendía nuestro planteamiento de trabajo, de querer vivir donde estaba la Prostitución, en sus barrios para estar cerca de las mujeres, para poder ayudarlas y compartir con ellas nuestras vidas. Esto no lo entendió y sólo quería ponernos una casa, como las que había por entonces, casas para que las mujeres dejaran la prostitución, sólo para éstas.

Y nos ofrece una casa en Vegueta. A lo que decimos que no, que se lo agradecemos mucho pero nuestro planteamiento para ayudar a las mujeres era otro.

¿Y cuál era ese otro planteamiento?

Ya habíamos trabajado en otros lugares del país, pero cuando llegamos a trabajar a Barcelona nos fuimos al barrio de prostitución, al Chino, y para poder trabajar con las mujeres pusimos una peluquería de cara a acercarnos y compartir la vida con ellas. También en Valencia teníamos otra casa dentro del barrio donde vivían y ejercían las mujeres. Y era la manera que encontramos de que nuestro trabajo funcionara, por lo que cuando llegamos a Canarias queríamos trabajar de esta manera.

Esto significa que hasta este momento se trabajaba de otra forma con la prostitución, ¿cómo cambia?

Hasta ese momento, el trabajo con las prostitutas desde las organizaciones religiosas era sacarlas de ese mundo. Nuestra premisa no sólo era esto. Si bien es cierto, que hay que sacarlas de dónde estaban, había que prepararlas para ello, no sabían trabajar y no tenían oficios o títulos.

Para nuestra fundadora era necesario prepararlas para que tuvieran una salida, ya que no podrían estar con nosotras en nuestras casas de acogida toda la vida. Pero a la vez, vivir con ellas para compartir la vida, y desde la cercanía comprender cuáles eran sus necesidades, sus demandas y así saber qué era lo que se podía hacer para ayudarlas.Tienes que entender que la mayoría de las mujeres que se dedicaban a prostituirse en esta época eran madres solteras que acababan en la prostitución porque no estaban bien vistas en ningún lugar, y no les daban trabajo, las marginaban. Es más, si una mujer era maestra y tenía un hijo sola perdía la plaza.

Entonces, ¿qué ocurre con la oferta de la “señora”?

Renunciamos a la casa que nos ofrecía en Vegueta, por lo que renunciamos, también, a toda la ayuda que nos iba a dar, porque ella rompe con nosotras pues no entiende que unas religiosas vayan a vivir en un barrio de prostitución y con mujeres de “mala vida”. En resumen, no entiende nuestra manera de trabajar.

Y con mayores dificultades nos vamos a vivir a la c/ León y Castillo, esquina Carvajal, cerca de Lugo y empezamos, a la vez, a conectar con La Isleta, para intentar saber cómo poder entrar al barrio.

¿Cómo eran los barrios de la Isleta y de Lugo en los 70´?, ¿existían diferencias entre los barrios?

Grandes diferencias, por lo que conlleva estar uno de ellos cerca del muelle. Venían los barcos, por lo que venía una cantidad enorme de gente, “hombres”, cuando desembarcaban iban directamente al barrio de La Isleta.

Mientras que Lugo era un barrio más cerrado, las mujeres, que en su mayoría eran españolas y algunas marroquíes, estaban en casas, en La Isleta la gente estaba y vivía más en la calle, había más libertad, se respiraba. Aunque las mujeres también estaban en casas se movían libremente por la calle, tenía que ver con la forma de ser del barrio.

Por ejemplo, la calle Andamana era dónde estaba la mayor parte de la prostitución, desde la plaza Manuel Becerra hasta, más o menos, el nº 40 de la calle, y algunas de las transversales, y las esquinas de las calles Tecén y Sansofé.

Era más visible la prostitución en La Isleta que en Lugo, aunque en éste también se veía. Por este motivo nos resultó muy fácil contactar rápidamente con las mujeres de La Isleta, porque estaban en la calle y escuchándolas y viendo sus necesidades, la cantidad tan grande de mujeres y locales, bares que había abiertos, decidimos en el 72 al 73 alquilar un piso en la zona, para que las mujeres pudieran ir para poder hablar con ellas más tranquilamente. Por lo que, a través de escuchar sus reclamaciones, se nos ocurrió abrir en el barrio un Dispensario médico con voluntariado sanitario, pues estas mujeres no tenían seguridad social y estaban desprovistas de todo (Dispensario que estuvo abierto hasta 1990).

¿Qué es lo que hacían cuando llegaron a Villa Teresita?

Primero había que ganarse la confianza de las mujeres, por lo que teníamos que estar en la calle y los lugares donde trabajaban, por las mañanas en la zona de Lugo y por las tardes en La Isleta. Pero justo cuando empezamos a trabajar ocurre que el Gobernador Civil cierra las casas de prostitución de Lugo durante 2 año (1972 y 1973) y, la verdad, no sabíamos qué hacer.

Pensábamos que no se abrirían más, pero no tardamos muchos en descubrir que aunque las casas permanecían cerradas, de puertas para dentro se seguía trabajando igual o más que antes. La verdad que nunca lo entendimos y se oyeron todo tipo de rumores que nos contaban las prostitutas. Pero no hay que olvidar que la prostitución era y es un gran negocio para muchos y de todos los colores y niveles. Un par de años duros, luego se volvió a abrir como si nada.

Pero este hecho tuvo consecuencias, ya que muchas mujeres que ejercía en Lugo marcharon a La Isleta, por lo que el barrio se superpobló de mujeres y bares.

¿Cómo era La Isleta en ese momento?

Yo recuerdo un barrio muy cordial, las mujeres no creaban problemas, la mayoría de ellas estaban en prostitución porque eran madres y tenían que sacar a sus hijos adelante y no querían problemas. Mientras hubo prostitución en el barrio no hubo problemas graves con las mujeres. Los problemas vinieron después, con la droga, con la venta en el barrio.

Antes había muchos negocios, incluso en medio de la calle Andamana había una farmacia. Venían los comerciantes de todo tipo a hacer sus ventas y negocios como iban a cualquier otro barrio. Era lógico, como las mujeres no salieran del barrio, que era donde se sentían protegidas, había una actividad comercial importante, y venía todo el mundo a vender a La Isleta, porque las mujeres tenían dinero.

Muchas de esas mujeres tenían hijos, ¿qué pasaba con ellos?

Ellas incorporaban a sus hijos a sus vidas, muchas mujeres tenían sus niños detrás de las barras de los bares en los que trabajaban, en sus capazos. Yo los vi bastantes veces, por eso lo digo. Era increíble, pero no tenían opción.

¿Y 40 años después?

Cuando entró en los años 80 la droga todo cambió. Empezamos a ver cómo la prostitución se iba yendo. Que se vendiera droga, que los drogadictos robaran a los clientes…, de alguna forma hizo que el barrio cambiara, ya no era seguro ni para los clientes ni para ellas. Fue el fin del barrio.

Aunque las mujeres en los barrios de prostitución siempre habían tenido problemas con otras dependencias como el alcohol. Muchas mujeres, sobre todo las que trabajaban en los bares, en las barras, bebían, tenían que hacerlo para acompañar a los clientes. Pero en ningún caso era una dependencia tan brutal como con las drogas, ya que las mujeres que bebían, luego, por el día, hacían una vida más normalizada. En cambio, las que consumen drogas, estaban día y noche, no tienen ninguna faceta de sus vidas normalizada por lo que era y es más difícil poder ayudarlas.

En todo momento hablamos de mujeres en prostitución, según tu experiencia ¿existen hombres que se prostituyen?

En mi experiencia, yo los he visto, pero se prostituyen para otros hombres. Aquí en Las Palmas nunca he encontrado. Lo único son transexuales pero como ellas se ven a sí mismas como mujeres, así las tratamos nosotras. Este año en el piso de acogida tenemos, por primera vez a la primera mujer transexual.

¿Cómo ves el trabajo con la Prostitución en la actualidad?

Las mujeres son las que se prostituyen, pero si no vamos al cliente seguirá habiendo demanda. Y los últimos datos nos dicen que hay una demanda grandísima.

Cuando hablo con las mujeres ellas me dicen que si tuvieran otro trabajo lo dejarían inmediatamente. Es necesario ayudarlas a buscar otras salidas. Si a una mujer inmigrante, como son muchas ahora, no le das trabajo y le complicas la vida con los papeles, estamos en lo mismo. Si no les damos papeles, sólo les damos la opción de que sigan en la calle.

¿Ve motivación desde las instituciones para resolver el fenómeno de la Prostitución?

No.

¿Y desde la sociedad?

No. Es último problema de la cola a resolver.

Por último, ¿cuál es su postura legislativa hacia la Prostitución?

La experiencia me dice que la de Abolir la Prostitución.

Begoña Vera Guanche es periodista

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