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Canarii 20 - Historia Social

VIOLENCIA Y CONFLICTIVIDAD FAMILIAR EN CANARIAS DURANTE EL SIGLO XVIII

VIOLENCIA Y CONFLICTIVIDAD FAMILIAR EN CANARIAS DURANTE EL SIGLO XVIII

La violencia en el ámbito familiar no solo es un triste y penoso acontecimiento que invade con frecuencia los medios de comunicación de nuestro mundo contemporáneo. Es también una realidad estructural presente en tiempos pasados con tanta o más frecuencia que en la actualidad. En este artículo desarrollaremos un balance general que nos permita aproximarnos fundamentalmente a la realidad de la violencia matrimonial en Canarias durante el siglo XVIII, incidiendo en una amplia tipología de asuntos de los que se deriva en mayor o menor grado una actitud de violencia, como es el caso de las injurias, los malos tratos y por supuesto el asesinato del cónyuge.

Una mirada general a las circunstancias sobre las agresiones maritales nos permitirá hacernos una idea sobre las características de la violencia doméstica en la sociedad isleña. Ciertamente, una primera lectura sobre las causas de la violencia marital a tenor de la documentación consultada (Vid. cuadro I) hacen visibles algunas de sus principales características. Por un lado, el abrumador predominio masculino entre los acusados de agresión doméstica, sin descartar la participación, aunque minoritaria, de algunas mujeres como protagonistas de la violencia doméstica.

Por otro lado, también se deduce de la documentación consultada que el asunto prioritario en las causas de las agresiones es fundamentalmente las relaciones ilícitas, concretamente el adulterio. Otro rasgo significativo a destacar es el grado de violencia que se observa en el ámbito doméstico, cubriendo un amplio abanico que va desde los malos tratos “de palabra y obra”, pasando por el apuñalamiento y llegando hasta la muerte del cónyuge; aunque, ciertamente, estas últimas circunstancias son escasas, en relación con la documentación consultada hasta el momento. Por último, destacar que en estos conflictos violentos, desde una perspectiva social predomina el protagonismo de los grupos populares, aunque no está ausente la presencia de las elites, a pesar de sus notorias influencias para enmascarar estos delitos o bien salir airosos de ellos.

Un último asunto a analizar es la actitud de la sociedad canaria ante la violencia doméstica y el contexto relacional en la que se producía esta. En efecto, desde hace ya algunas décadas la historiografía modernista ha puesto de manifiesto la participación del campesinado de algunas comunidades rurales, como sancionadores de las conductas desviadas de algunos de sus miembros. El escándalo que producen los individuos que transgreden los valores consuetudinarios, determina en esencia la intervención de la comunidad rural; es lo que ocurrió en 1753 en la pequeña aldea de Arguayo, vinculada al señorío de Santiago del Teide en el suroeste tinerfeño, donde el vecino Luis Torres fue denunciado por un elevado número de vecinos antes los poderes locales llegando el proceso hasta la máxima instancia jurídica de las islas, la Real Audiencia. Se sancionaba por la comunidad rural el comportamiento escandaloso de Luis Torres y los continuos malos tratos a su mujer, temiendo incluso los vecinos por la vida de su cónyuge, la causa de este escandaloso comportamiento se atribuye a un matrimonio forzado por incumplimiento de palabra de casamiento y a la que se vio forzado el acusado por los poderes locales. Si en el ejemplo que analizamos lo malos tratos no desembocaron en la muerte del cónyuge, posiblemente a causa de la actuación de varios miembros de la comunidad rural; en otros casos en cambio nos encontramos situaciones de uxoricidio, así en 1760 José Francisco González, un pescador del pago de Geneto (La Laguna) dio muerte a su mujer acusándola de: “varios excesos y no tener enmienda alguna”, entre estos excesos se señalaba no cumplir con el débito conyugal y realizar hurtos con frecuencia. Tras varios años huido, José Francisco fue encarcelado en 1762 juzgado y condenado a la horca en 1768, pero todavía en 1784 no se había ejecutado la sentencia, las pugnas competenciales entre las diversas instituciones-comandante general, corregidor, Real Audiencia-, la lentitud y ineficacia de la justicia en el Antiguo Régimen, más bien parece que premiaban al homicida en vez de castigar el delito.

Adolfo I. Arbelo García es profesor de la ULL

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