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Canarii 21 - Historia Social

CRÓNICA DEL APOYO A LA CAUSA SAHARAUI

EL PRINCIPIO FUE LA SOLIDARIDAD

Alguien dijo que la solidaridad es la suma de intereses de grupos o personas cuando a éstos les une su fuerza alrededor de una causa. Fueron muchos los intereses en juego a finales del verano de 1975 en torno al Sahara Occidental, asunto del que, por cierto, no podía hablarse abiertamente por ser “materia reservada”. Después del informe de la Misión de la ONU y antes de que comenzara la “Marcha Verde”, presintiendo el “Acuerdo Tripartito”, todos esos intereses se pusieron de manifiesto y comenzaron a crearse en España asociaciones de amigos del Sahara – Madrid, Canarias, Asturias, las primeras- con el objetivo de alzar la voz, lo posible en los estertores de la dictadura, para denunciar la barbaridad que se iba a cometer contra un pueblo indefenso.

Representantes de partidos políticos (1) –todos clandestinos- movilizaron a su alrededor a sectores empresariales relacionados con el comercio, la construcción, la pesca y hasta el juego, ex soldados que habían hecho el servicio militar en batallones de castigo, profesionales liberales… a los que, una vez consumada la ocupación marroquí-mauritana y el posterior abandono español (26/2/76), se unieron evacuados de la ex provincia y familiares de militares disconformes por cómo se hicieron las cosas.

Distintas motivaciones propiciaron confluencias.

Es de destacar que en el mismo clamor contra la flagrante violación de los derechos fundamentales de los saharauis iba implícito el convencimiento de “un Sahara independiente, un futuro mejor para Canarias”, lema de la Asociación de las Islas.

Un local de la calle Torres, cedido generosamente por el periodista Pepe Rivero, fue la primera sede y el ingeniero Fernando Navarro Miñón el primer presidente. Otro ingeniero, José Fernández, que había construido todos los faros a lo largo de la costa del Sahara, hacía las veces de secretario. En distintas ocasiones fueron portavoces Óscar Bergasa, Juan Rodríguez o el irreemplazable Armando León. Lucy Morales imprescindible. Álvaro Morera en Tenerife.

Desde esta primera etapa acciones políticas y campañas humanitarias iban en paralelo. Campañas humanitarias que tenían más de agitación que de eficacia. El tiempo y la distancia eran los enemigos. Poco alcanzaba a los saharauis en momento tan crucial, tan necesitados de todo tipo de ayuda cuando, recién emprendido el éxodo, llegaban malheridos huyendo del napalm marroquí.

Posteriormente, cuando ya se han creado asociaciones en Europa y las ONGs que reciben fondos comunitarios toman conciencia de la situación, la Media Luna Roja Saharaui, responsable de la coordinación de toda clase de asistencia, organiza las aportaciones y reparte los cometidos. A Canarias le toca material escolar.

De aquella célebre primera “campaña del gofio” que marcaría para siempre al primer alcalde de la democracia, Manuel Bermejo, llegaron más gorgojos que alimento.

Eran tiempos convulsos. Las formaciones buscaban su espacio. Cubillo arengaba desde Argel. Recién aprobada la Constitución había cierto interés por parte de algunas instituciones del poder –y de la base- de que se relacionara la solidaridad con el Sahara con el MPAIAC y ésta, la solidaridad, se partió en dos: la Asociación Canaria de Amigos del Sahara y la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui. Simplificando: a la primera se la identificaba con los “partidos sucursalistas” y a la segunda con los “nacionalistas”. No duró mucho el divorcio, a principios de los ochenta volvió a unificarse si bien capitidisminuida; las organizaciones políticas, ocupadas en sus cosas, aunque se mostraban menos interesadas por el tema, siempre respondían apoyando acciones puntuales. Los sindicatos cobraron un papel más activo; ellos financiaron la invitación al grupo ‘El Uali’ (1979) para una gira por las islas. Gira que no se realizó por prohibición del Gobierno Civil.

Fueron años difíciles. España negociaba y firmaba Acuerdos Pesqueros con Marruecos sobre las aguas del Sahara y el POLISARIO retenía barcos y tripulaciones para hacer valer sus derechos sobre las mismas.

Al mismo tiempo que hacía de intermediaria entre los pescadores y sus familias, la ACAS (Asociación Canaria de Amigos del Sahara) (2) encargaba informes jurídicos sobre la legalidad, o no, de esos acuerdos para hacerlos llegar al Congreso. Importantes fueron los de Antonio Pérez Voituriez y Eloy Ruiloba, catedráticos de Derecho Internacional de la ULL. Este último repetiría junto a Julio González Campos, de la Universidad de Oviedo, y Maurice Barbier de L’Université de Nancy-II con un dictamen enviado al Parlamento Europeo después del ingreso de España en la U.E. En la entrega de éste dictamen es justo destacar el papel jugado por un eurodiputado canario, el liberal César Llorens Bargés, presentando a los delegados de las Asociaciones a los portavoces de distintos grupos políticos.

Sin apoyo institucional de ningún tipo, dependiendo siempre de la buena voluntad de los solicitados, fueran médicos, jueces, abogados o profesores de la ULL, para resolver problemas de salud –ya se tratara de consultas, tratamientos u operaciones a heridos de guerra-, zanjar órdenes de busca y captura (Eligio Hernández y Humberto Guadalupe, en aquellos momentos en los juzgados de Telde), frustrar expulsiones (José Joaquín Díaz de Aguilar pasó muchas noches en la comisaría de la Plaza de la Feria hasta que conseguía evitarlas) o recuperar expedientes universitarios de estudiantes que se habían quedado a mitad de carrera, es de bien nacidos reconocer la aportación solidaria y desprendida de buena parte de nuestros paisanos, aún a costa de que algunos medios de comunicación la pusiera en entredicho.

Es preciso traer a la memoria colectiva en cuantas ocasiones se presenten que, al contrario de lo que contemplaba la práctica internacional respecto a la obligación de las potencias colonizadoras de ofrecer a sus antiguos colonizados la posibilidad de optar por su nacionalidad, España, una vez más, conculcando todos los derechos de los saharauis, publicó sin darle la más mínima publicidad una disposición en el B.O.E. (Agosto de 1976) estableciendo un plazo de meses para acogerse a la misma. La ACAS se enteró por una llamada de Díaz de Aguilar una semana antes de su vencimiento y como pudo lo comunicó a los afectados. Convertida en “gestoría” fue testigo impotente de decepciones y tragedias: pocos pudieron cumplir con todos los trámites burocráticos exigidos y, encima, gran parte de los que pudieron cumplirlos vieron cómo su solicitud era rechazada. Ante el temor a ser enviados-as a los territorios ocupados por Marruecos se produjeron situaciones verdaderamente dramáticas, auténticos estados de pánico que en varios casos llevaron a intentos de quitarse la vida y en alguno al suicidio. Las gestiones de Díaz de Aguilar consiguieron que, por lo menos, los expulsados pudieran elegir entre las zonas ocupadas por Mauritania y Marruecos o los campos de refugiados a través de Argel. Un nombre para un mal recuerdo: Comisario Zamora.

Momentos más relajados vinieron tras la constitución del primer Gobierno Autónomo con la organización de las primeras vacaciones de los niños, difíciles si no llega a ser por la labor de Felo Monzón Geara, director General de Juventud- y posteriormente con la campaña de hermanamiento entre municipios canarios con municipios saharauis. Santa Lucía de Tirajana fue, junto con Vitoria y San Sebastián, de los primeros en iniciar esta nueva vía de solidaridad. Otro tipo de solidaridad, parte de la cual beneficiaba también a pequeños industriales canarios, surgió cuando, a petición de la Media Luna Roja, ONGs europeas decidieron financiar envíos de gofio (3). Dirigidos por el imprescindible Raimundo Bolaños los portuarios realizaban la estiba sin cobrar una peseta.

Los tiempos han cambiado, pero los principios que inspiraron la creación de organizaciones como ésta se mantienen. Además de la amistad solidaria está, también, el “hoy por ti, mañana por mi” y el convencimiento de que un Sahara independiente traerá un futuro mejor para Canarias, porque siempre será más interesante tener enfrente dos países con sus fronteras consolidadas, con los que llegar a acuerdos ventajosos para todas las partes, que no uno solo que además no disimula sus afanes expansionistas.

Herminia Fajardo es perioditas y miembro fundador de la Asociación Canaria de Amigos del Sáhara

Algunas ediciones de la ACAS: Sin periodicidad fija una revista “Sahara” en la que colaboraron, entre otros, Agustín Millares Sall, Pedro Lezcano, Maribel Lacave, Felo Monzón Grau-Basas…..“Monografía sobre el. Sahara Occidental?”. “La historia del Sahara en Cómic” de Daniel León Lacave, etc. Carteles ilustrados y firmados por artistas de la talla de Alvarado Janina, Felo Monzón, Tony Gallardo o Domingo González.

(1) Sobre todo y fundamentalmente el PCE.

(2) Anécdotas curiosas. Una: a la vista del buen trato dispensado por el POLISARIO a los marineros, ratificado por las cartas que éstos escribían a sus esposas, una de las mujeres se dirigió a un miembro de la Asociación: “Y digo yo si están tan bien ¿por qué no los dejan unos meses más?”. Dos: Cuando se montó la primera muestra de artesanía saharaui (Convertir armas en objetos de paz) se exhibió en la Galería Vegueta, de Rosa Mary y Nano Doreste, en el Colegio de Arquitectos de Tenerife, y en “El Almacén” dirigido por César Manrique cuyo ecologismo y pacifismo nadie cuestiona; pues bien, una hora antes de su inauguración en Arrecife, la muestra estuvo a punto de ser desmontada “¿qué es esto, armas aquí? Esto no se abre” gritó el artista conejero sorprendido; al final todo se subsanó descolgando los carteles de guerrilleros portando fusiles y las fotografías de los tanques –recuperados del ejército marroquí- que los artesanos saharauis convertían en utensilios bellos y prácticos.

(3) Para los saharauis el gofio también entra en los alimentos importantes de su dieta. Lo toman en verano –dos cucharadas revueltas en un vaso de agua- a modo de bebida refrescante. Los envíos han de llegar a primeros de julio. Todos los molinos de Gran Canaria y alguno de otra isla comenzaban a trabajar el mismo día. En tres semanas la mercancía estaba en Tinduf.

Vacaciones en Paz

Uno de los programas solidarios más arraigados en España es Vacaciones en Paz, que organiza la Asociación Canaria de Solidaridad con el Pueblo Saharaui (ACSPS). Entre los objetivos del proyecto, que está destinado a niños con edades comprendidas entre los siete y los 12 años, está proporcionarles una dieta rica, variada y equilibrada; hacerse una revisión médica para detectar posibles enfermedades y actuar adecuadamente y darles la oportunidad de que adquieran experiencias diferentes a las vividas en los Campamentos de Refugiados.

Para acoger a un menor saharaui en verano, se han de cumplir una serie de requisitos, como ser mayor de edad; tener una situación personal y familiar psicoemocional estable y equilibrada; colaborar con los coordinadores y con la ACSPS en la entrega de documentación en tiempo y forma; en las actividades que se organicen para recaudar fondos que ayuden a sufragar los gastos del programa, etc.; ser rigurosos y estrictos con las citas médicas; participar en las actividades comunes que se organicen durante la estancia de los menores (visitas protocolarias, convivencias, etc.).

Varias instituciones colaboran en este proyecto, como el Servicio Canario de Salud, la Dirección General de Atención al Menor y Familia, la Subdelegación del Gobierno o las áreas de Solidaridad de muchos ayuntamientos de las Islas.

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