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Canarii 21 - Historia Social

LA EMIGRACIÓN CANARIA AL SÁHARA A TRAVÉS DE SUS TESTIMONIOS

"SE ABRIÓ UN POZO Y SE HUNDIÓ TODO EL PUEBLO. AQUEL DÍA NO HUBO CLASES"

A finales de siglo XIX España consiguió algunos territorios en la vecina costa africana en régimen de colonato. Las fronteras del Sahara español quedaron delimitadas a través de diversos tratados a principios del S. XX, pero el asentamiento español fue limitado, quedando vinculado, en un principio, al sector pesquero en sus costas, con factorías establecidas en determinados puntos, caso de la Güera o Villa Cisneros, y a la presencia militar, donde cabe destacar el carácter de presidio de Villa Cisneros. La ocupación efectiva fue lenta y se realizó en la década de los treinta, teniendo este territorio un interés mayormente geoestratégico.

La llegada al poder de Franco en 1939 supuso la apertura de un nuevo periodo para España, donde aumentó el interés por el Sahara. Los años de la autarquía supusieron para Canarias un periodo de fuerte crisis, cuyo resultado fue la emigración de los canarios a Venezuela y el comienzo hacia el destino africano.

En 1959, el Plan de Estabilización propició un cambio económico. A pesar de la recuperación que se observa en la terciarización de la economía canaria a partir de los sesenta a través del turismo, el crecimiento demográfico en las Islas hizo que se mantuviese la necesidad de emigrar. De esta forma, la emigración canaria hacia el Sahara tuvo su periodo de máxima expansión a partir de los años sesenta y su auge en la primera mitad de la década de los setenta, ya que en 1975 se abandonó el lugar.

El incremento de este movimiento a partir de los sesenta queda patente al tener que ajustar las primitivas disposiciones de inmigración, reguladoras de la entrada y permanencia en el territorio, para cubrir las necesidades surgidas del consecuente crecimiento de las principales poblaciones. Coincide así con la revalorización económica del territorio, debido a las investigaciones petrolíferas y fosfateras, y con su provincialización, justo en el momento en que Naciones Unidas promovía la descolonización.

Así, el Sahara fue un reclamo para numerosos canarios, fundamentalmente de las Canarias orientales, que establecieron allí empresas o comercios y que marcharon como comerciantes, representantes, empleados de empresas españolas y extranjeras, albañiles, electricistas, transportistas, maestros, cuidadoras de niños, o pescadores. De esta forma, los canarios constituyen el mayor colectivo de población en la colonia, según el censo de 1967.

La mayor parte de los emigrantes canarios marcharon en su juventud y ya con trabajo desde las Islas. Las causas son, mayoritariamente, de índole económica y nunca se establecía un periodo temporal determinado de permanencia en la colonia. Se buscaba cubrir una necesidad presente, ya que allí había trabajo y los sueldos eran bastantes más elevados y, en ocasiones, se trataba de romper con el destino agrícola que determinaban las Islas, pero, sobre todo, se buscaba un futuro. Así lo cuenta Salvador Suárez: “(...) no podía... Yo cuando salí del cuartel iba a hablar con mi novia, e iba caminando, (...) y decía “Debería venir una guerra y llevarme”, porque no tenía medios de yo independizarme, ¿cómo me voy a independizar sin tener una casa donde vivir, y sin tener nada?”.

En un principio los principales destinos fueron Sidi-Ifni y Villa Cisneros en el Sahara. Posteriormente el flujo derivó hacia la capital, El Aaiún, que, según el censo de 1967, contaba con 5842 europeos, mientras que en Villa Cisneros estaban censados 3090.

En Villa Cisneros la vida era más tranquila. El Fuerte, construido en 1884 y derruido por Marruecos en 2004, sede de la factoría Hispano-Africana, constituyó desde los inicios la piedra angular del urbanismo y de la vida social, por ubicarse allí la primera tienda de modas por unos canarios o encontrarse la escuela de los más pequeños. La impresión al llegar a esta población en 1966, según Mª Luisa Bolaños, fue que era “(...) todo tierra, desierto, completamente desierto. Sólo había aquellas casitas ahí. Ya después se fue construyendo y se fueron poniendo cosas bonitas pero… incluso ese parque, (...) ese no estaba…”

Pero si hay algo que quedó grabado en la mente de los pobladores de Villa Cisneros fue el día que se abrió el pozo de agua en 1962 y puso fin al abastecimiento de agua a través de los buques aljibes. Así lo recuerda J. C.:

“Se abrió el pozo, un surtidor de agua de miedo, entonces se inundó todo el pueblo, porque las tuberías muchas están mal puestas y de no usarlas saltaron, entonces ya veías a los obreros, enseguida ya arreglaron lo del agua... Todo el pueblo se inundó ¡La fiesta del agua! Hubo tres días de fiesta alrededor del pozo; bailes, pinchitos... Fíjate tú lo que supone un pozo de agua y enchufar para todas las casas de agua buena. No hubo clase.”

La perforación de los pozos de agua por todo el Sahara, o el avituallamiento a las empresas petrolíferas o de búsqueda de fosfatos, fueron también trabajos ocupados por canarios, que vieron sus sueldos triplicados en relación a los de las islas. Estos tenían un carácter trashumante por todo el interior del territorio, bien haciendo vida en tráiler o en verdaderos poblados prefabricados.

Ya en la década de los setenta, la empresa de fosfatos FosBucráa atrajo multitud de canarios. Esta se dividía en la mina, con su campamento adyacente, la base administrativa situada en Aaiún y el cargadero en la playa. El principal llamamiento lo constituían las condiciones, ya que se daba la posibilidad de permanecer allí de lunes a viernes, y el sueldo. Como ejemplo podemos volver la mirada a Luis Romero, maestro entonces en el campamento de la zona de minas: “(...) yo estaba recién casado, tenía pocos meses de casado, y aquí, yo ganaba aquí 7.500 pesetas (...) y allá ganaba 90.000. O sea que más de 10 veces el sueldo”

La tensión surgida en el territorio a partir de 1973, como consecuencia del desarrollo de las ideas independentistas saharauis en un contexto de presión por parte de Naciones Unidas para la descolonización y las pretensiones de Marruecos, coincidió, además, con la inestabilidad política de los últimos años del franquismo, que se agudizaba ahora con la enfermedad del dictador. Todos estos acontecimientos supusieron el comienzo de un retorno por parte de los habitantes europeos, españoles y canarios, voluntario en un principio, pero que más tarde desembocó en una vuelta forzosa a través de la “Operación Golondrina”, organizada en noviembre de 1975, y cuyo principal destino fue Las Palmas de Gran Canaria, aunque desde esta ciudad muchos retornaron a su lugar de origen.

Allí dejaron sus casas, sus negocios, sus muebles, sus cosas, que con las prisas y la situación se malvendieron en ocasiones, y sus sueños. Muchos canarios ahorraron suficiente como para invertir en un nuevo hogar, finca o negocio en las islas, otros vivieron al día y vinieron sin nada. La valoración del tiempo que allí pasaron y lo que les supuso regresar, a ellos les corresponde contarlo. Según la impresión de Candelaria, el regreso supuso un trauma para toda una generación:

“(...) mi padre murió en el 77 (...) De mi padre o sea, la vida que tenía allí mi padre era su trabajo. La zapatería estaba dentro de mi casa. Él, al medio día, cogía su coche... (...) la vida allí era sedentaria total. La pesca, la playa los domingos... y mi padre cuando ya tuvo su coche, pues se iba al muelle, su cervecita, se pegaba allí hasta la una, media horita estaba allí en el muelle y después se venía, la comida estaba hecha y se acostaba su siesta hasta las cinco de la tarde. (...) Al llegar aquí ¡Buf! A él le afectó, y a todas esas personas como mi padre, porque en esa época murieron todos los hombres...”

Ante la pregunta formulada a estos canarios sobre si repetirían la experiencia, J.A. contesta emocionado:

“(…) Si yo fuese hoy que el destino me dijera: “Bueno elige o escoge, camina para atrás 50 años”, bueno, lo haría con los ojos cerrados, así tuviera que empezar, no me importaría, porque para mí, como te voy a decir (se emociona y llora) (…) Los mejores años de mi vida… los pasé allí. Hubo malos, hubo de todo, pero…es algo que te atrae, una cosa que te llama.”

Beatriz Andreu es licenciada y doctorando en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y actualmente realiza su tesis doctoral sobre los canarios que emigraron y se asentaron en el antiguo Sáhara español durante el período franquista

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