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Canarii 21 - Historia Moderna

LA PESCA EN EL BANCO SAHARIANO DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN

UN RECURSO LIMITADO POR LEY AL MERCADO LOCAL

El área de actuación tradicional de estas pesquerías la habían constituido los límites norte y sur respectivamente de los cabos Aguer y Bojador. La dirección de los barcos dependía de la estacionalidad, normalmente en primavera y verano iban hacia el norte, pero en otoño e invierno, hacia el sur, siguiendo el movimiento de los peces, porque el pescado depende de los tropismos de las estaciones.

Las razones que explican por qué nuestros pescadores viajaban a la búsqueda de sus cardúmenes hasta la costa africana, pasan por tener en cuenta el medio ecológico. Es decir, debemos considerar que la pesca es abundante sólo cerca de las costas y en las zonas de contacto de las corrientes que dan lugar al afloramiento de aguas profundas. Estamos en una corriente marina fría del sistema de la Gulf Stream. La dirección de esta corriente es sur-suroeste, paralela al litoral africano, con una velocidad media débil, entre 15 y 25 centímetros s-1, aunque entre las Islas llega a alcanzar 60 centímetros. En esta zona predominan los vientos alisios que con su desplazamiento sobre el océano Atlántico se va cargando de humedad y facilitan el ascenso de aguas profundas, más frías, menos salinas y ricas en nutrientes.

Estas características dotan al Archipiélago de un ecosistema marino más rico que el continental, pero con un contingente menor; es decir, que la fauna ictiológica canaria es muy variada, aproximadamente hay 350 especies, pero cada una de ellas tiene un número no muy elevado de individuos. Además, las condiciones señaladas facilitan la navegación a vela y remo desde la costa africana a las islas, pero es conveniente evitar los vientos en el viaje de retorno.

La costa entre el Cabo Aguer y el Banco de Arguin es de las regiones marítimas más productivas del planeta. Por tanto, la mayor cantidad de peces hacía rentable el desplazamiento y las inversiones, porque en torno a las Islas no era posible mantener una explotación pesquera a gran escala, por la escasez de las plataformas insulares, debido a la propia génesis del Archipiélago como entidades autónomas que hace que la superficie subacuática sea extraordinariamente abrupta y rocosa, con fondos marinos muy profundos, que hacen impracticable cualquiera de las artes pesqueras masivas, esto es más reseñable en los litorales del norte y oeste, mientras que en el sur y el este, son menos escarpados y con mayores zonas de abrigo del alisio.

Desde mayo hasta octubre faenaban en la zona de barlovento. Durante el siglo XVIII la mayor parte de los parajes en que atracaban para tocar tierra en estos meses, iban desde Puerto Cansado, que está frente a Fuerteventura, hasta Cabo Blanco, muchas veces fondeaban en la bahía de Santiago para evitar las brisas constantes en esta parte del año. Entre Puerto Santiago y Cabo Blanco había otras cinco áreas de atraque: el Parcher (topónimo que ha dejado influencias en Gran Canaria), Playas de las Carabelas, Buenjardín, las Cañuelas y Río de Oro, era una zona con poca población, únicamente unos pocos árabes que vivían en jaimas y ni siquiera tenían barcos.

El sustrato más numeroso de estos pescadores era el de los marineros en diferentes escalas. Constituían la principal mano de obra dentro de la nave. Eran los que cargaban, colocaban y descargaban mercancías; los que levaban y echaban el ancla; los que atendían al velamen y a todo el entramado de jarcias y demás pertrechos; los que limpiaban el barco baldeándolo, achicaban el agua, embreaban las fisuras, reparaban los aparejos, cosían los desgarros de las velas, atendían a las faenas de pesca, limpiaban y preparaban el pescado y, en definitiva, los que atendían un sinfín de labores relacionadas con la mar, pero siempre obedeciendo a sus superiores.

Antes de llegar al escalafón de marinero había que pasar por una serie de pasos, concretamente los puestos de muchachos y de mancebos. Los primeros eran los que estaban aprendiendo el oficio y, generalmente tenían menos de 17 años, se encargaban de las labores menos especializadas dentro de la nave, al tiempo que obedecían las órdenes tanto de marineros como de mancebos. Estos últimos también cumplían las órdenes de los marineros. Eran jóvenes que no habían alcanzado todavía la máxima experiencia profesional, sus edades rondaban entre los 17 y los 20 años; por su juventud se les dedicaba a labores que requerían una mayor agilidad y fuerza.

Por encima de estos sectores estaban el capitán o maestre, el mercader y, a veces, un piloto. Normalmente, presentaban una fuerte división jerárquica, donde la edad era una cualidad importante.

El tipo de compañías que predominaron en esta actividad fue el de la “Sociedad a la parte”, con reparto de beneficios entre el dueño o armador, que casi siempre hizo las veces de capitalista, y el resto de la tripulación que se repartía las ganancias en función de la categoría y el trabajo realizado.

El modelo de barco utilizado en esta pesca fue casi siempre el bergantín, aunque no de forma exclusiva, pero por su tamaño, movilidad y costo fue el más común en esas aguas.

Un factor decisivo fue la falta de apoyo, tanto de la administración central como local, en desarrollar las exportaciones pesqueras. Tengamos en cuenta que los cabildos competían por asegurar el abastecimiento de pescado en más de una ocasión, por lo que no fomentaron en ningún momento la exportación. Antes bien, con su intervencionismo, promulgaron ordenanzas que perjudicaban este destino mucho más rentable.

No obstante, debemos relativizar el atraso de las pesquerías: hasta ahora se ha creído que fue mayor durante el siglo XVII. Sin embargo, la regularidad de las expediciones durante esta centuria, y el que participasen embarcaciones extranjeras, nos hacen dudar de este marasmo. Al mismo tiempo, es verdad que las expediciones de pesquería tenían cierto atraso tecnológico, pero considerar anquilosada una actividad que subsiste y se desarrolla durante dos siglos, por no decir durante todo el Antiguo Régimen, en la que participan capitales canarios, y que proporciona constantes beneficios, aunque limitados, nos parece un tanto exagerado. Es cierto que el pescado canario no inundó el mercado europeo, a diferencia de las capturas de Terranova o del Mar del Norte, pero cumplió una función para la economía del Archipiélago durante un amplio periodo de tiempo.

Juan Manuel Santana es Catedrático de Hª Moderna de la ULPGC

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