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Canarii 23 - Historia de la Música

Un campo artístico en auge

Las mujeres compositoras en Canarias

Hoy en día existen en Canarias varias jóvenes compositoras que realizan una relevante labor en este terreno, cuya obra trasciende el ámbito de nuestro Archipiélago, y cuyos catálogos sobrepasan generalmente, en número y calidad, a la de otros compositores masculinos de su misma generación. Pero no siempre esto fue así.
La mujer en el Antiguo Régimen, sobre todo de clase acomodada, solía recibir una formación musical, más o menos aceptable, que le permitía participar en la música de ámbito doméstico y camerístico, pero eso sí en el papel de intérprete, bien como cantante o bien como tañedora de algún instrumento de tecla, al mismo tiempo que practicaba también la danza. Las noticias sobre este particular aparecen en Canarias desde el siglo XVI, así como aquellas referentes a monjas cantoras o tañedoras, que eran eximidas de la dote al entrar en un convento, por tener sólidos conocimientos para desempeñar tareas de orden musical en el culto. Sin embargo, no tenemos ninguna noticia sobre mujeres compositoras.
En el siglo XIX, con la creación de las sociedades musicales y la consiguiente implantación de una vida de concierto más o menos normalizada, que se sumaba ahora a las viejas y siempre vigentes veladas musicales aristocráticas y burguesas, y sobre todo con la expansión del piano, en cuya difusión (docencia e interpretación) tanto protagonismo alcanzó la mujer, es cuando empezamos a atisbar los primeros brotes de la creación musical femenina.

Las primeras compositoras en el marco de las veladas musicales

La primera compositora conocida, que desarrolló sus aptitudes dentro de este ámbito, fue Teresa Saurin Gras (1834-1923), nacida en La Laguna, de padres franceses, quien participó durante su juventud en las mencionadas veladas como pianista, y que compuso algunas obritas para piano que fueron premiadas en diferentes concursos en ambas capitales canarias, y una de ellas publicada en “El Instructor y Recreo de las Damas” (febrero de 1858). A ella le siguió, ya a finales del siglo, otra célebre pianista nacida en Las Palmas, con estudios fuera de su tierra natal, llamada Fermina Enríquez (1870-1949). Esta dotada mujer, después de recibir una esmerada educación musical por parte del organista de la catedral Luis Rocafort, revalidó los estudios en el Real Conservatorio de Música de Madrid. La revista quincenal “La Ilustración Hispano Americana”, editada en Barcelona por el gran musicólogo Felipe Pedrell, le publicó una temprana composición suya, el vals El Teide, explicando que su autora era la primera compositora de prometedor futuro de Canarias. A pesar de su posterior matrimonio en Las Palmas, Fermina siguió tocando el piano en audiciones públicas, componiendo y celebrando veladas en su casa, adonde acudía Saint-Saëns durante sus estancias en esta ciudad. Fue a ella a quien este gran músico francés le dedicó su estudio virtuosístico Las campanas de Las Palmas, siendo correspondido por ella con el vals El beso, que se publicó en una editorial madrileña. Después de unos años de vida musical intensa, su astro se fue apagando lentamente.
Lo mismo sucedió con otra autora grancanaria de talento como fue Carmen Martinón Navarro (1877-1947), quien aparte de la formación pianística tan común en la época, va a estudiar composición con el maestro Bernardino Valle, destacado compositor y director de la Orquesta de la Sociedad Filarmónica. En 1900 Carmen se casa con el también músico y director de bandas Luis Manchado Medina, componiendo a partir de entonces algunas obras conjuntamente con él, caso poco frecuente. Su traslado a Madrid siguiendo la trayectoria profesional de su marido, le permite ampliar estudios en el Real Conservatorio. Entre 1906 y 1911 se instalan en Zaragoza, donde él dirigía la banda del Regimiento Figueras, y a partir de ese último año se le destina a Madrid donde estará al frente de la del Saboya, adscrita al Palacio Real. Es entonces cuando a ella se le ofrece la oportunidad de ser invitada a participar como pianista en las tertulias que la Infanta Isabel organizaba en Palacio, en las que presenta algunas de sus composiciones entre las que se encuentran varias pianísticas, algunas canciones y otras para banda. Su regreso a Las Palmas en 1914 y la llegada de varios hijos, sume poco a poco su labor en el anonimato.
Décadas después, la compositora Blanca Báez de Silva (1920), sufrirá un destino parecido, pues tras una brillante carrera pianística en el Conservatorio Provincial de Santa Cruz de Tenerife y otra compositiva bajo las enseñanzas del maestro Santiago Sabina, director de la Orquesta de Cámara de Canarias, quien le estrenó un par de piezas para orquesta, mientras en otros círculos se interpretaban sus obras pianísticas o sus canciones, su matrimonio y posterior traslado a Caracas, vino a poner punto final a una trayectoria prometedora.

Cuando la verdadera vocación llama a la puerta

Un camino muy diferente fue el seguido por la pianista y compositora Emma Martínez de la Torre Shelton (1889-1980), nacida en La Habana y trasladada a España a los tres años, a Cádiz concretamente, en cuyo Conservatorio de Santa Cecilia va a realizar una carrera meteórica y brillante con excelentes profesores y calificaciones. En 1908 llega con su familia a Tenerife y aquí va a permanecer el resto de su vida, realizando una gran labor como pianista, compositora y docente en el recién creado Conservatorio. Como pianista acompañante intervino en múltiples conciertos organizados por el gran barítono canario Néstor de la Torre entre 1909 y 1917, fecha de la marcha de éste de la isla, labor que siguió ejerciendo después con solistas foráneos o locales en el teatro. También organizó conciertos benéficos con obras exclusivamente suyas, en los que también participaba como intérprete. Más tarde, en la década de los treinta y cuarenta dio varios recitales de piano, participó en grupos de cámara y tocó con la Orquesta de Cámara de Canarias, obteniendo críticas muy elogiosas. Incluso también empuñó la batuta y dirigió a la orquesta en el estreno de sus propias composiciones. Con intelectuales y músicos del momento fundó en 1917 un grupo artístico denominado "Caricato", con el que montaba obras teatrales y óperas, entre ellas Cavalleria Rusticana de Mascagni, en la que ejerció de maestra-concertadora.
Aunque compuso muchas partituras de forma autodidacta, su labor creadora, ciertamente muy prolífica, es tardía. Estudió a partir de 1935 con Santiago Sabina Armonía y Composición, quien le estrena con la Orquesta de Cámara de Canarias más de una decena de obras, que se reponen en muchas ocasiones. Entre ellas varias son de corte andalucista, como las tituladas Danzas gitanas, Danza Andaluza y Copla; alguna de raigambre canaria como Estampa canaria; mientras que otras, en cambio, se desenvuelven en la línea neoclásica del momento: Suite, Preludio, Coral y Fuga, Estampas del siglo XVIII, Marionetas, etc. También compuso numerosas obras de cámara, para piano y sobre todo numerosas canciones, la mayor parte de corte ligero, de las que algunas llegaron a ser interpretadas por Bing Crosby

La creación musical como profesión

Después de los casos aislados citados, y también tras el impasse que sufrió la creación musical en Canarias en los años sesenta, setenta y parte de los ochenta -salvando algunas notables excepciones-, el despegue de la misma debido a la creación de las Asociaciones de Compositores tanto en Tenerife (Cosimte) como en Las Palmas (Promuscán), junto con los estudios normalizados de esta disciplina en los Conservatorios, trajo consigo el despertar de un campo creativo antes ignorado por nuestros jóvenes estudiantes. En este despertar, mucho tuvieron que ver las creadoras de nuestra tierra, que asumieron con valentía y entusiasmo una tarea muy poco reconocida entonces en el ámbito musical, y que en la actualidad ha alcanzado un enorme auge, hasta el punto de poder calificar esta época como la edad de oro de la creación musical culta en Canarias, en la que participan por igual ellos y ellas.
Las primeras obras de compositoras de esta etapa que pudimos escuchar a comienzos de los años noventa se deben a una croata, Milena Perisic (1962), formada en Zagreb y en Estados Unidos, quien afincada en Tenerife desde el año 1988, ha realizado una gran labor en el campo docente de la Armonía en el Conservatorio de Santa Cruz. Su catálogo es bastante extenso con obras de cámara para varias formaciones, para piano, coral, para cine, para teatro, para niños, además de hacer arreglos de música pop, new age y folclore.
A la misma generación de los sesenta pertenecen las compositoras Lourdes Díaz Herrera (1959-2007), Lourdes Suárez Correa (1962) y la más internacional Gloria Isabel Ramos Triano (1964), que han recorrido trayectorias diferentes, ligadas las dos primeras a la docencia en los Conservatorios de Santa Cruz y de Las Palmas respectivamente, y la última a la dirección de orquesta, carrera que ha combinado con la de Composición. Sus catálogos, lenguajes y difusión de su música transitan caminos bien diferentes, y son poco habituales en las programaciones de las Islas, aunque la obra de Gloria Isabel se haya difundido más en Alemania y en Suiza, donde reside.
Todo lo contrario sucede con tres compositoras de la generación de los setenta, volcadas todas ellas en una creación constante de obras de encargo o presentadas a premios. Nos referimos a Dori Díaz Jerez (1971), a Raquel Cristóbal (1973) y a Laura Vega (1978), cuyas partituras están presentes con gran frecuencia en los programas de los conciertos camerísticos y también de nuestras orquestas, habiendo estrenado las tres obras sinfónicas en el Festival de Música de Canarias en años sucesivos.
Asimismo, las tres tienen varias obras grabadas en diversos discos de la colección RALS y de otros sellos, y las tres han visto estrenadas sus composiciones en salas de la Península y del extranjero. Son, además de Gloria Isabel Ramos, las más internacionales de nuestras compositoras.
La tinerfeña Dori Díaz Jerez después de realizar los estudios de piano en el Conservatorio de su tierra natal, ingresó en la Manhattan School of Music de New York, donde aparte de ampliar estos estudios descubrió su vocación para la composición de la mano de Giampaolo Bracali, faceta esta que amplía con Robert Cuckson en el Mannes College of Music de esta ciudad. En 2001 gana el Premio Bohuslav Martinu de Composición. Es profesora actualmente del Conservatorio de Tenerife, mientras compone obras camerísticas, para la voz y orquestales por encargo, todas ellas estrenadas en diferentes foros nacionales y extranjeros.
Raquel Cristóbal estudió piano y composición en el Conservatorio de Tenerife. Terminados estos marcha a Düsseldorf donde va a trabajar con Manfred Trojahn la Composición en la Musikhochschule Robert-Schumann. Su estancia en esta ciudad le abre nuevos horizontes, pudiendo estrenar allí diversas obras de cámara con distintas formaciones. Ha ganado diversos premios, siendo el más importante la mención de honor que obtuvo en el V Concurso Internacional de Composición “Alberto Ginastera” por su obra sinfónica Sueño de la Razón que fue estrenada por la Orquesta Sinfónica de Tenerife.
Por último, la grancanaria Laura Vega, que ha sido hasta hace muy poco presidenta de Promuscán, mantiene un nivel de creación frenético, con muchas obras de encargo y con varios estrenos en capitales peninsulares, canarias y europeas, que han configurado un catálogo bastante amplio. Realizó los estudios superiores de piano y de oboe, además de los de Composición en el Conservatorio de Las Palmas, en donde imparte actualmente docencia. La SGAE, la Fundación Autor y la Asociación española de Orquestas Sinfónicas, le encargó en 2006 un Concierto para oboe y dos grupos orquestales. Ha sido nombrada recientemente Académica de Número de la Real Academia Canaria de Bellas Artes.
En la estela de estas tres autoras, y en la generación de los ochenta que ha recibido clases de los compositores de la generación anterior, han surgido nuevos valores, como son las compositoras Ylenia Álvarez (1980), Nisamar Díaz (1980), Elsa García Rodríguez y Cecilia Díaz Pestano (1982), que habiendo finalizado las cuatro su carrera de Composición, con Premio extraordinario esta última, inician la cuesta dificultosa de situarse en el mundo del concierto y de los estrenos.

Imágenes

La autora

Rosario Álvarez Martínez es musicóloga. Catedrática de Historia de la Música en la Universidad de La Laguna y Presidenta de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, fue Presidenta de la Sociedad Española de Musicología (SEdeM) y de la Asociación de Compositores y Musicólogos de Tenerife. Ha publicado varios libros y numerosos artículos sobre Organología e Iconografía musical, música de tecla del siglo XVIII, órganos de Canarias y música y músicos del Archipiélago. Dirige la colección discográfica El patrimonio musical hispano de la SEdeM y junto con el musicólogo Lothar Siemens ha desarrollado el proyecto musicológico RALS para la recuperación y difusión de la música culta con CDs, libros de investigación y partituras. Medalla de Oro de Canarias y otros galardones y nombramientos.

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