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Canarii 3 - Historia Contemporánea

Conservacionismo y Ecologismo en los periódicos del s. XIX

Orígenes de la preocupación medioambiental en la prensa canaria

A lo largo del siglo XIX, la presencia de los temas ambientales en los periódicos canarios irá adquiriendo de forma progresiva una mayor relevancia como preámbulo del destacado papel que alcanzarán en la siguiente centuria. Ello es la constatación de una realidad, en la medida en que se agudizan los problemas y con ellos, una mayor conciencia ciudadana, a lo que por cierto contribuye la propia prensa.

‘El Atlante’, es el primer periódico, “no oficial”, impreso en Santa Cruz de Tenerife y, según señala J. Yanes Mesa en su estudio sobre el periodismo tinerfeño, la primera de las publicaciones diarias del Archipiélago, que salió a la calle el 1 de enero de 1837. Dentro de la recopilación de legislación que realizó en sus páginas, entregó a los lectores en el mes de mayo la Ordenanza de Montes acordada por la Diputación Provincial. En otros números, de meses posteriores, es posible apreciar el interés existente en fomentar el arbolado.

Dentro de la preocupación mostrada hacia los animales, ‘El Atlante’, en su edición del 6 de diciembre de 1837, insertará un artículo en el que se denuncian las peleas de gallos, que califica de “diversión cruel”. Por su parte, en un periódico de carácter gremial como era ‘El Auxiliar’, orientado a los maestros, se publicará un texto dedicado a la defensa de las aves, en concreto de los palmeros o gorriones. Especial relevancia alcanza el episodio suscitado en torno a la construcción de una plaza de toros en la ciudad de La Laguna en el año 1891, lo que motivaría una serie de artículos en el periódico ‘Diario de Tenerife’, donde se expresarán las opiniones enfrentadas entre los defensores y detractores de la celebración de tales espectáculos. Destacan por su contundencia los publicados por el escritor Luis Maffiote, con el seudónimo de Félix de Valladares.

Según las poblaciones isleñas van adquiriendo mayor importancia, a la vez que se van introduciendo las nuevas ideas en el ámbito urbanístico, y en el caso canario, se plantea la rivalidad entre las dos urbes que pugnan por el liderazgo del Archipiélago, la prensa se hará eco de las mejoras urbanas que se acometen en la población, en concreto en lo que se refiere al aumento del arbolado o la necesidad y mejora de los espacios públicos. Los artículos que a dicha cuestión dedican medios grancanarios como ‘El Canario’ (en 1855), ‘El Ómnibus’ (en 1861) o ‘Las Palmas’ (en 1876), entre otros, resultan ilustrativos.

Un medio de Santa Cruz, ‘Eco del Comercio’, insistía en la necesidad de que dicha ciudad sirviera de ejemplo al resto de localidades del Archipiélago: “El ornato de la capital estimula el de los pueblos pequeños, que, según sus recursos cubren sus necesidades. […] los elementos de salubridad, que se acumulan en la capital, contribuirán a que se fijen otros de iguales resultados en el resto de los pueblos de la provincia”. Precisamente este periódico publicó en el año 1855 una serie de artículos de Sabino Berthelot dedicados a los montes de Canarias donde se recogía una documentada relación de datos sobre sus características y estado, y que ejemplifican la función divulgadora que desarrollaba la prensa.

En varias ocasiones, las páginas de los periódicos reflejarán las inquietudes de Berthelot sobre el estado de la vegetación en el Archipiélago, pues de nuevo en el año 1880, tanto ‘Revista de Canarias’ como posteriormente ‘El Memorándum’ recogerán en sus páginas el contenido de la conferencia que éste pronunciara el 25 de enero en la capital santacrucera, en la que precisamente abordó el tema, “Necesidad de la conservación y repoblación de los bosques y de la plantación de arbolados en la cuenca de Santa Cruz de Tenerife”. Su importancia cobraba aún mayor interés, por haber sufrido la capital un devastador temporal el 20 de diciembre del año anterior.

Una cuestión que se abordaba con frecuencia será la disponibilidad de recursos hídricos y, en este sentido, la forma de remediar los efectos de las sequías que afectan al Archipiélago. Así, en las páginas de ‘El Porvenir de Canarias’, a mediados de la centuria, a lo largo de cuatro artículos se plantea en profundidad la situación de los diezmados montes grancanarios, afirmando que “las fatales consecuencias de la imprevisión de nuestros antepasados y de nuestra apatía en remediar el daño son tan palpables que por todas partes resuenan los lamentos…”. El ya señalado El Ómnibus, en su edición de 25 de agosto de 1858, se ocupará del tema, a la vez que demandará la repoblación forestal de los arrasados bosques grancanarios: “¿Porqué al destruir en tiempos no muy remotos nuestros renombrados pinares, no se han respetado los pinos jóvenes y se ha cuidado de hacer nuevas plantaciones en los lugares más apropiados a su reproducción?”.

Otro periódico de la capital grancanaria, ‘El Bombero’, en 1869, también desarrolla una cuestión que califica “de vida o muerte para el país” cual es “la causa de la irregularidad, cada año más notable, de las estaciones y de la escasez de lluvias en el otoño y en el invierno”, que se relaciona con la desaparición de los montes que poseía la Isla. Se insistirá pues en la entonces sostenida y equivocada relación entre la desaparición de la vegetación con el cambio climático y la consiguiente reducción de las precipitaciones, estableciendo también una vinculación entre la pérdida de la vegetación y la merma de la salud pública, sirviendo todo ello de argumento para reclamar que “siendo el Pinar propiedad del Estado, toca a la autoridad civil de la provincia tomar las medidas oportunas para evitar los destrozos que la opinión pública denuncia y entregar a los tribunales a los taladores de profesión”.

También en La Palma, dicha cuestión ocupará un espacio destacado en medios como ‘El Time’. Desde sus primeros números, aparecen informaciones, que en ocasiones se despliegan a toda página, caso del artículo firmado por Víctor Pérez, el 23 de agosto de 1893, en el que deplora “la indiferencia general que se nota en nuestras islas hacia la existencia de los árboles”, a la vez que resalta sus ventajas e indica las causas que determinan su retroceso, entre ellas el ganado.

En este periódico palmero, el primero que se editó en dicha isla, vinculado a la Sociedad Económica de Amigos del País, con frecuencia aparecen informaciones acerca de abusos y fraudes en los cortes de madera, el continuo embarque de ésta hacia otras islas, la necesidad de una mayor vigilancia, los incendios y, en definitiva, de la especial importancia que adquiere el arbolado en un territorio con pendientes tan fuertes, cuya desaparición agudiza los procesos erosivos.

En resumen, las continuas denuncias que aparecen en la prensa canaria, que dan cuenta de las talas que se vienen efectuando en determinados lugares del Archipiélago o de la necesidad de plantear una relación más respetuosa con la naturaleza, obtendrán escaso resultado práctico y se continuarán repitiendo en el siglo entrante sin solución de continuidad. Reflejo de una respuesta ciudadana, de denuncia hacia una situación, en la que la apropiación que realiza la clase económica dominante y las desigualdades sociales existentes favorecerán la progresiva devastación del valioso patrimonio natural.

Rubén Naranjo Rodríguez es historiador y profesor de Secundaria

Imágenes

Pleito insular y ecología

Muestra de cómo el pleito insular salpica también las cuestiones relacionadas con los montes es el editorial publicado por el santacrucero ‘El Zurriago’ en 1881 en el que, tras analizar la causa de la presencia o ausencia de las precipitaciones en las distintas islas del Archipiélago, arremete contra de las autoridades grancanarias, echándoles en cara su preocupación por otras cuestiones que mantienen viva la disputa entre Santa Cruz y Las Palmas y su desatención hacia la reforestación en las islas orientales: “¿Por qué, pues, conociendo como deben conocer esos señores las faltas de nuestro país, que es el suyo, no cooperan unidos y buscan los medios […] de que prosperen estas desgraciadas islas, replantando sus abandonados montes?”.

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