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Canarii 3 - Tema Central

Canarias-África, una relación conflictiva

Piratas, cautivos y renegados

Canarias y Berbería durante el Antiguo Régimen (siglos XV-XVIII)

Las relaciones entre las islas y el continente más próximo no han estado caracterizadas precisamente por la concordia. A partir de la conquista del archipiélago, África fue un lugar donde los señores de las islas realizarán incursiones a la búsqueda de esclavos o rescates. También, desde África numerosas incursiones de piratas y corsarios asaltarán periódicamente las islas más orientales. En la etapa contemporánea España colonizará el Sáhara y ello facilitará el poblamiento de ese territorio con canarios en busca de fortuna. El territorio saharaui será el escenario de intrigas y soterrados enfrentamientos entre los intereses marroquíes, franceses y españoles.

Las relaciones de nuestro archipiélago con las vecinas costas africanas se caracterizaron en esta etapa por la violencia. Violencia que comenzarían los señores de Lanzarote y Fuerteventura, que saquearán los aduares berberiscos buscando el botín material y sobre todo el humano que pudieran brindarles. Tras la pesquisa de Cabitos que otorgó a la corona las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma, los señores centrarán su atención en la escena africana aumentando sus incursiones, y construyendo en torno a 1478 la fortaleza de Santa Cruz de Mar Pequeña como base para las mismas.

La torre será reconstruida por orden real, con la finalidad de facilitar la penetración castellana, siguiendo la política expansionista de la Corona. No obstante, la resistencia indígena, que provocará la derrota canaria de las Torres, cuando el Adelantado D. Alonso de Lugo intentaba construir una nueva fortaleza, será una de las causas por la que se abandonarán los proyectos de asentarse en la zona. También influirán en esta decisión, la hostilidad portuguesa y el descubrimiento colombino, que desviará el interés del continente africano hacia el americano. A partir de los primeros años del siglo XVI el interés por esta zona será básicamente depredador, plasmándose en las numerosas cabalgadas que partirán prácticamente de todas las islas. Los cautivos pudientes serán canjeados por diversas mercancías y sobre todo por esclavos negros destinados fundamentalmente a las plantaciones azucareras. Los que no podían pagar el rescate, permanecerían como cautivos en las islas, aunque muchos conseguirían emanciparse, pasando de moros a moriscos al tener necesariamente que bautizarse para permanecer en ellas. Los que más se distinguirían en estas actividades esclavistas serían los señores y sus vasallos de las islas más orientales, que utilizarían a los cautivos para repoblar estas dos islas, pues muchos de sus habitantes habían emigrado a las de realengo tras su conquista.

Las cabalgadas serían prohibidas por Felipe II en 1572, aunque posteriormente serían autorizadas unas pocas en zonas muy concretas que no controlara el soberano marroquí y que cesarían definitivamente a finales de este siglo. Aunque generalmente se ha explicado que esta prohibición tenía como motivo aplacar al Jerife que había comenzado a atacar las islas en 1569, la realidad es otra. El motivo fundamental de esta medida, formaba parte de la real politik de Felipe II en estos años, consistente en apoyar a Marruecos enfrentado al avance turco en el Magreb, mucho más peligroso para los intereses españoles.

Los moriscos isleños no serían incluidos en la expulsión de sus correligionarios peninsulares de 1609, porque por su origen y cultura estaban más integrados que los anteriores. Pocos años después, conseguirán una real cédula que prohibirá denominarlos moriscos y que además, y sobre todo, les posibilitará acceder a los cargos públicos antes vedados. De manera, que los canarios tenemos nuestras gotas de sangre morisca, y hay que recordar que según el censo de los moriscos encargado por la Corona a la Inquisición de 1595, la mitad de la población de Lanzarote, un tercio de la de Fuerteventura, un 5% de la de Telde, el 15, 5 % de la de Agaete, un 7, 2 de la de Adeje en Tenerife, y un 9% de la de los Llanos en La Palma, tenían este origen. Lo que no está mal tener en cuenta en los tiempos que corren.

Es cierto también, que coexistiendo con las cabalgadas, se realizaban los rescates, expediciones encaminadas a canjear a los cautivos, pero que también tenían como objetivo el intercambiar productos canarios por los africanos. No obstante, las relaciones canario-africanas se caracterizaron sobre todo por la violencia. Máxime, cuando en 1569 las cañas se vuelvan lanzas, y el corsario Calafat de Salé conquiste Lanzarote. Desde esta fecha hasta 1618, esta isla será ocupada por los corsarios marroquíes y argelinos en cuatro ocasiones, Fuerteventura en 1593 y San Sebastián de La Gomera en 1618. Pero además, hasta 1749 que se produjo la última invasión argelina en Femés, miles de isleños serían esclavizados en incursiones en las islas y sobre todo en el mar. Entre 1587 y 1768, 805 canarios serían liberados por las órdenes redentoras: la Merced y la Trinidad. La cifra sin embargo es equívoca, pues los cautivos fueron muchos más. Tan sólo en las invasiones mencionadas fueron apresados cerca de dos mil isleños, y en tierra y sobre todo en el mar varios miles más. Algunos conseguirían rescatarse por sus propios medios, pero otros muchos morirían en Argel o Salé. Unos en su cultura cristiana, pero otros se convertirían al Islam: los renegados. No fueron pocos los canarios que se inclinaron por esta opción.

En definitiva, durante siglos, ambos mundos vivieron enfrentados, con la excusa ideológica de la cruzada contra el infiel y de la Yihad, aunque en realidad la causa real de este enfrentamiento radicaba en la “cudisia de coger cautivos”, como explicaba un corsario apresado en Arinaga. Las consecuencias materiales de estos hechos son claras, de las espirituales ignoramos las del mundo musulmán, pero para el nuestro podrían resumirse en el refrán de las islas orientales que reza así: “le tengo más mieo que a una lancha moros”.

No obstante esta situación, en el XVIII, existirá un trato con Marruecos a través de intermediarios europeos, especialmente franceses, consistente en la importación de cueros, dátiles, cera y frutos secos. Tras la firma del acuerdo de paz con este país los canarios participarán en este comercio, importando los anteriores productos y también cereal.

Luis Alberto Anaya Hernández es profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Un canario renegado

El más famoso canario renegado fue sin duda Alí Arráez Romero, Gran Almirante de la Armada de Argel y Presidente de la Taifa de los corsarios, que fue embajador ante el sultán otomano al menos en dos ocasiones. Pirateó en aguas canarias, pero sin embargo ayudaba a los isleños cautivos en Argel a sobrellevar su esclavitud y sobre todo les proporcionaba dinero para rescatarse en lo que podríamos describir como una cierta esquizofrenia. Su nombre original era Simón Romero, un marinero que vivía en la calle Triana y que había sido cautivado faenando en la costa africana a los 16 años. Prueba de su popularidad es que como explica un excautivo canario, las argelinas le recitaban a sus hijos: “Hijo mío, as de ser moro fino, y ellos responden que sí, y ellas les disen: sí, as de ser tan fino como Alí Romero y ellos responden que sí, y las dichas moras les disen: Alá te aga como él”.

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