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Canarii 4 - Historia Moderna

La suerte del rey guanche después de la conquista

El mencey Hernando de Anaga contra Alonso de Lugo

Los nuevos datos que hemos recabado del mencey de Anaga son coetáneos de los ya narrados de don Enrique de Icod, del que hablamos en el número tres de esta revista. Existen tres documentos en la sección de Registro del Sello, en el Archivo de Simancas, que nos ilustran sobre algunos pormenores de su vida después de la conquista.

El primero de ellos es de septiembre de 1500, estando la Corte en Granada, pocos meses antes de que, como vimos, se denunciara la esclavización del mencey de Icod. El mismo procurador de los pobres Alonso de Sepúlveda hacía llegar a los Reyes Católicos en aquella fecha la queja de otro de los antiguos menceyes tinerfeños. En este caso era el del bando de Anaga, cuyo nombre cristiano era Hernando o Fernando, posiblemente porque el padrino de bautismo fue el propio rey. Sepúlveda solicitaba y los monarcas accedieron a que el caso fuera visto por el juez especial designado para tramitar los procesos de los canarios, don Juan de Silva, conde de Cifuentes, asistente de Sevilla.

Se encomendaba al citado juez que, oídas las partes, hiciera justicia a la petición del procurador. No hay referencia expresa de que el mencey estuviera en Sevilla, aunque tampoco de que hubiera vuelto a Tenerife. Se deduce del documento que el mencey había conservado su hacienda en la Isla después de la conquista, algo que sólo puede deberse a su pertenencia a un bando de paces, y que el gobernador Lugo la había incautado, sin especificar el motivo. Este documento nos hubiera inducido a equívoco si no conociéramos otro de dos años después, que nos aclara la situación.

En febrero de 1502 los monarcas respondían a otra petición de justicia de don Hernando. Por lo que parece, el juez Silva no había hecho justicia al mencey, por lo que el asunto se dirigía al gobernador de Gran Canaria, a quien encomendaba actuar como juez. Sabemos por esta carta que los monarcas habían ordenado expresamente al mencey que se trasladara a vivir a la isla de Gran Canaria, posiblemente para evitar problemas con las autoridades locales.

Más datos se aclaran con este documento. Lugo, pretextando el empobrecimiento de la región de Anaga, no le permitía llevar consigo su ganado, prácticamente el único bien de que disponía don Hernando. Sin pretender justificar al gobernador, hay que reseñar que era moneda corriente en aquellos años que las autoridades insulares intentaran evitar que los habitantes, fueran castellanos o aborígenes, se trasladaran de una isla a otra llevando todos sus bienes. Problemas de este tipo hubo con bastante frecuencia y no sólo con los aborígenes.

El otro dato importante a tener en cuenta es el referente a los esclavos. No se trataba de esclavos del mencey, sino del gobernador, que fueron comprados a éste por don Hernando y liberados a continuación, ya que eran sus parientes. Esta técnica de ahorramiento o liberación de esclavos guanches por parte de sus parientes o amigos libres se estaba dando en la Isla desde hacía tiempo, y fue considerada varias veces como peligrosa por los miembros del concejo de la Isla.

De esto debe deducirse que don Hernando sí volvió a Tenerife, aunque fuera por poco tiempo. No sabemos si la orden de los monarcas de que se trasladara a Gran Canaria fue dada desde su llegada a Castilla en 1496 o cuando regresó a Tenerife. El hecho es que, en cualquier caso, le dio tiempo de liberar a sus parientes esclavizados.

Como detalle emotivo, el mencey también solicitaba que se le diera el beneficio judicial de pobreza dando “el juramento e solenidad de pobre” y se le asignara letrado y procurador de oficio. La respuesta regia a la petición del mencey consistió en encargar al gobernador de Gran Canaria, por entonces Antonio de Torres, que hiciese justicia al agraviado, asignándole un letrado de oficio para la defensa de los intereses lesionados y prohibiendo que se le cobrara derecho alguno por el litigio.

Conocemos por otras fuentes que el mencey de Anaga se asentó en Gran Canaria en la sureña Arguineguín, donde aparece dedicado a actividades pastoriles en 1505 acompañado de sus dos hijos don Diego y don Juan de Anaga.

Todos estos hechos se complementan con un tercer documento, que hasta este momento nadie había puesto en relación con los otros dos, de noviembre de 1504. Se trata de una solicitud de información del Consejo Real al gobernador de Gran Canaria sobre otra queja de don Hernando. Según este documento, el pleito entre el mencey y Alonso de Lugo fue fallado por el gobernador de Gran Canaria, que en aquellos años tuvo que ser, o bien el teniente de gobernador Juan Fernández de Anaya en ausencia del gobernador Antonio de Torres, que falleció en octubre de 1502, o bien el nuevo gobernador, Alonso Escudero, que llegó a Gran Canaria el 10 de noviembre de 1503. La sentencia fue favorable al mencey, para contrariedad del gobernador tinerfeño, quien, según el documento, dio al mencey un plazo perentorio de sesenta días para trasladar su hacienda a Gran Canaria, tiempo en que don Hernando no pudo sacar todo lo que tenía en Tenerife. Una vez se cumplió el plazo, Lugo lo privó de hacerlo.

Don Hernando se quejaba de esto, y además del hecho de que el gobernador, ya adelantado por entonces, no le permitía ir a la isla de La Palma a cobrar deudas que tenía allí, por lo que perdió mucho dinero. Esta noticia indica que el nivel económico del mencey, aunque no fuera de riqueza, con la relatividad de lo que se podía entender por riqueza en aquellos años y en aquellas circunstancias, no era de los peores. Si don Hernando pudo liberar a sus parientes comprándolos al gobernador y pudo hacer tratos comerciales, aunque fueran de simple venta de ganado con pago aplazado, es evidente que poseía un significativo potencial económico en un momento en que el ganado era el principal bien de la Isla, lo que le permitía incluso hacer llegar su voz a la Corte y, lo que es más novedoso, que realmente tuvo que estar una temporada residiendo en Tenerife después de la conquista.

No hay más noticias de don Hernando de Anaga. Dudamos de que lograra recuperar la hacienda que estaba pendiente de sacar de Tenerife. Asentado en el sur de Gran Canaria, concretamente en Arguineguín, quisiéramos creer que fue testigo de la escala en Maspalomas del último viaje de Cristóbal Colón a las Indias en 1502 y, dado que se dedicaba a la cría de ganado, que incluso le vendiera cabras y quesos para la travesía.

Teniendo en cuenta la mentalidad de la época, los Reyes Católicos trataron dignamente a los menceyes tinerfeños que se presentaron en la Corte en 1496. La protección judicial que los monarcas castellanos dispensaron a los régulos que se vieron en problemas ejemplifica la sensibilidad de la Corona para con los jefes vencidos. Por otro lado, la presencia comprobada de los menceyes de Adeje y Anaga en Tenerife después de la conquista indica que al menos estos dos volvieron a la Isla y pudieron mantener un nivel económico suficiente para no pasar estrecheces. Da la impresión de que el trato a los menceyes de bandos de paces fue más benévolo que a los de los bandos de guerra. A estos últimos no se les permitió el regreso. E incluso a los que regresaron, como don Hernando de Anaga, se les obligó a emigrar a otra isla. Triste es la suerte de los vencidos, aunque, en estos dos casos que hemos rescatado del olvido, al menos la justicia cayó de lado de los débiles. Las sentencias que fueron falladas en su favor tuvieron que significar una gran victoria interior dentro de la terrible tragedia personal que tuvieron que vivir al ver su mundo caer hecho pedazos bajo las armas y estandartes de Castilla.

Mariano Gambín García es licenciado en Historia e investigador por la Universidad de La Laguna

Carta de los Reyes Católicos (1502)

“Sepades (A Silva) que el bachiller de Sepulveda, procurador de los pobres en esta nuestra Corte, nos hizo relaçion por su petiçion diziendo que Alfonso de Lugo, nuestro governador e de las yslas de Tenerife e La Palma, diz que tomó çiertos hatos de ganado e esclavos al Rey que fue de Anaga”. Carta del Procurador de los Pobres, Jorge Sepúlveda, a los Reyes Católicos (1500)

"Sepades que don Fernando, rey que fue de Anaga, canario de la ysla de Tenerife, nos fizo relaçion por su petiçion diziendo que al tiempo que por nuestro mandado se pasó de la dicha ysla de Thenerife a esa dicha ysla de la Gran Canaria, dis que Alonso de Lugo, nuestro governador de la dicha ysla de Tenerife, no le dexo pasar su hazienda, segund que por Nos le avia sido mandado, y demás de esto le tomó dos esclavos que conpró de él porque heran sus parientes, e que asymismo le tomó la mitad de sus ganados e otros muchos agravios que dis que le fizo ynjustamente...".

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