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Canarii 5 - Tema Central

El patrimonio arqueológico canario supone sin duda una rica y original herencia, pero que desafortunadamente no se ha sabido conservar.

El patrimonio, víctima de la desidia

El patrimonio arqueológico canario, el legado de las comunidades indígenas que habitaban las diferentes islas del Archipiélago hasta la colonización europea, y que ha quedado como testimonio de sus formas de vida, de sus estrategias de adaptación y supervivencia en este medio insular, supone sin duda una rica y original herencia, pero que desafortunadamente no se ha sabido conservar. La consecuencia de ello es que estos bienes culturales, se encuentran en un lamentable estado. Si ya la colonización de las islas, desde el siglo XV, supuso una progresiva desaparición de los asentamientos aborígenes, cuando no la reutilización de muchos de estos espacios ocupados por las antiguas poblaciones canarias, otros elementos materiales simplemente fueron eliminados sin más contemplaciones. En el siglo XVIII, con la llegada de la Ilustración, el interés por cualquier aspecto relacionado con el conocimiento, con la cultura en un sentido amplio, despertó la atención hacia estas “antigüedades”, que ya dentro del espíritu del Romanticismo que se desplegó en la siguiente centuria, alcanzará sus mayores cotas. El afán por investigar ese pasado, con elementos tan fascinantes como las supuestas “momias”, o los numerosos restos antropológicos, así como otras manifestaciones culturales: grabados rupestres, cerámicas, ídolos, pintaderas, ..., determinaría una incesante búsqueda, que en ocasiones se envolvía de una retórica científica, que vanamente intentaba ocultar lo que en muchas ocasiones constituía un expolio en toda regla.

El lamento de Gregorio Chil y Naranjo, al visitar Guayadeque y comprobar cómo los pastores de la zona, le comentaron la consciente destrucción del material arqueológico de muchas cuevas funerarias, prácticamente tiene continuidad hasta nuestros días. Ahora bien, si los bienes muebles que han logrado rescatarse y que forman parte de los fondos de los diferentes museos arqueológicos existentes en el Archipiélago, parecen tener asegurada su conservación, no puede decirse lo mismo del rico patrimonio que suponen los diferentes bienes inmuebles: estructuras habitacionales (casas); cuevas destinadas a habitación, graneros, enterramientos; estructuras de carácter cultual, caso de las torretas y recintos de piedra; manifestaciones rupestres, grabados y pinturas de diversa tipología; canales y cazoletas; estructuras funerarias (túmulos), ...

La fuerte presión que en las últimas décadas sufre el territorio isleño, constituye algo más que una amenaza de todo este acervo cultural. Son numerosas las ocasiones en que la prensa se convierte en notaria de una sistemática destrucción del patrimonio arqueológico, cometido ante la inoperancia de la administración responsable, cuando no son las propias administraciones, locales, insulares o autonómicas, las que contribuyen por acción u omisión, al saqueo de esta herencia dilapidada. Basta dar un repaso a las hemerotecas o navegar por Internet para comprobar esta afirmación.

Lanzarote y Fuerteventura

Si hacemos un recorrido comenzando por la isla más oriental, Zonzamas es un claro referente de un inacabado proyecto, que se eterniza en el tiempo. Apenas una carretera separa el espacio arqueológico más importante de Lanzarote, del vertedero insular que lleva su mismo nombre. Un lugar éste, donde se recogen los residuos sólidos generados en la isla y que merece más atención que la herencia de los majos. A su vez en el sur de la isla, el asentamiento franco-normando de El Rubicón, ha conocido también las consecuencias del abandono, en un espacio que constituye un destacado referente del contacto entre la sociedad indígena canaria y la de finales del medioevo europeo. Todo ello en una isla donde en los últimos años, novedosos y llamativos hallazgos, caso de las estaciones de grabados rupestres o los conjuntos de canales y cazoletas, han venido a enriquecer y singularizar el inventario de su patrimonio arqueológico.

En Fuerteventura, además del asunto de Tindaya la sorprendente riqueza arqueológica que se atesora en la geografía majorera, sufre continuas agresiones, que desde la ocupación militar que supuso la llegada de la Legión, tras la descolonización del Sáhara español, no ha tenido solución de continuidad con la desbocada transformación que viene sufriendo el paisaje insular.

Gran Canaria

La apertura en el año 2006 del Parque Arqueológico de la Cueva Pintada de Gáldar en el norte de Gran Canaria, tras una gestación demasiado larga y costosa, pues inicialmente se planteó su inauguración en el año 1995, supone uno de los contados logros que cabe sumar en el haber de la conservación del patrimonio arqueológico canario. Desde el Servicio de Patrimonio Histórico, departamento administrativo que incluso llegó a ser eliminado dentro del organigrama del Cabildo grancanario, se concebía a estos “Parques arqueológicos y etnográficos como parte de una oferta cultural complementaria que mejore la imagen de la isla y genere nuevos ingresos en el sector”. A su vez, una serie de excavaciones y diferentes hallazgos, a lo largo de toda la geografía insular, han aportado nuevos datos sobre los antiguos canarios. Pero en el debe permanecen aún sonrojantes realidades como “los muertos de la autopista del Sur” (Necrópolis del Lomo de Maspalomas), que siguen abandonados en un maltrecho almacén. Nada menos que desde finales de la década de los 80 del pasado siglo, estos restos fueron trasladados de su original ubicación, para dejar paso a la nueva infraestructura viaria. Sin embargo, como ya se predecía en alguna publicación de la época, jamás se ha acometido el prometido Museo de Sitio, ni mucho menos se ha procedido a la restauración y acondicionamiento del próximo poblado de Lomo Perera, que ha sufrido una progresiva destrucción. Algo semejante cabe señalar del yacimiento arqueológico de Las Meloneras, cuya próxima destrucción ante la construcción de un campo de golf, ya fue denunciada en la prensa en el mes de febrero de 1994, tras lo cual el propio alcalde en ese momento de San Bartolomé de Tirajana, afirmó que se había llegado a un acuerdo con la empresa urbanizadora para recuperar las casas de los antiguos canarios que se conservaban en la zona, e integrarlas como oferta cultural, dentro de la infraestructura deportiva prevista. No obstante, pese a que continuaron las denuncias, no por ello se impidió que la definitiva construcción del campo de golf se llevara por delante una parte destacada del yacimiento, quedando apenas unos restos en un total abandono.

Se trata apenas de algunas muestras, dentro del amplio listado de yacimientos arqueológicos que son reflejo de la desidia e incapacidad en la gestión que ha venido sufriendo el patrimonio arqueológico en esta isla. En todas las ocasiones, situaciones objeto de denuncia pública, pero que no evitaron la consumación de la destrucción, caso de los enclaves arqueológicos de la costa de Jinámar por la urbanización de un macrocentro comercial; el avance de las edificaciones junto al yacimiento del Lomo de San Gregorio; o el vandálico y brutal atentado perpetrado contra los petroglifos del barranco de Balos, el pasado mes de junio, por citar sólo algunos ejemplos destacados. Demostración palpable de que la atención centralizada en determinados enclaves “elegidos”, deja desprotegidos a todos los demás, sin más destino que irlos borrando de los inventarios meticulosamente realizados.

Tenerife

En Tenerife, cabe señalar los trabajos que se han venido desarrollando en el noroeste de la isla, más concretamente en Buenavista del Norte, y que han permitido documentar aspectos novedosos sobre el pasado indígena y algunas actuaciones, como la adecuación del conjunto arqueológico de las cuevas de Chinguaro.

Pero como sucede en el resto del Archipiélago, muchas de las manifestaciones de la cultura guanche que se reparten a lo largo de su geografía van desapareciendo, mientras algunos siguen entretenidos en la búsqueda del perdido eslabón que permita conectar el pasado precolonial de las Islas con el milenario mundo fenicio, con la famosa “piedra Zanata” como hilo conductor.

Dentro del patrimonio irreversiblemente perdido, cabe destacar el conjunto arqueológico de Guargacho, en el sur de la isla, dentro del municipio de San Miguel de Abona. Dado a conocer en 1972, fue excavado por Luis Diego Cuscoy, considerándose como “uno de los grandes hitos de la arqueología de Tenerife”, aunque ello no impidió que se convirtiera en un solar donde se acumula basura, lo que daría lugar a las correspondientes denuncias desde la década de los noventa del pasado siglo. En el mes de marzo pasado, se anunciaba el apoyo desde el Gobierno autónomo al proyecto denominado Centro de Interpretación de Guargacho, que pretende su recuperación, así como un “proyecto de museilización”, desde el Museo Arqueológico, espacio cultural que conserva los elementos recuperados en la excavación del indicado yacimiento..

Otro ejemplo de indolencia en la preservación del patrimonio lo constituye lo sucedido con los grabados rupestres del barranco del Muerto, dentro del municipio capitalino de Santa Cruz, enclave que constituye la primera referencia que se tuvo de la presencia de este tipo de manifestaciones en la isla, y que pese a las continuas denuncias vecinales, han venido sufriendo diversos atentados. La declaración desde el año 2003 de Bien de Interés Cultural, hecho que según la legislación vigente, se le adjudica a todo tipo de grabados o pinturas rupestres, no ha impedido las continuas agresiones, sino que incluso éstas también alcanzaran a los denunciantes.

La Gomera

San Sebastián de la Gomera cuenta desde abril de este año con un Museo Arqueológico insular, que permite acercarse al conocimiento de las comunidades indígenas gomeras. Aunque tampoco su patrimonio arqueológico se ha visto libre de agresiones, la investigación sistemática que se viene desarrollando en esta isla, ha permitido ir sacando a la luz numerosos elementos, algunos de ellos novedosos, y que vienen a situar el pasado precolonial de la isla en su adecuada dimensión.

Sin duda la sorprendente estación de grabados de Las Toscas del Guirre, localizada en el este de la Isla, con un centenar de signos de la escritura líbico-bereber, ha sido uno de los hallazgos más importantes habidos en los últimos años en la arqueología canaria. Junto al estudio y las prospecciones realizadas en dicha zona, los pasos que se han ido dando para garantizar su adecuada protección, en lo que se incluye la compra por parte del Cabildo de dicho espacio, parecen marcar el buen camino en lo que a la gestión del patrimonio se refiere.

La Palma y El Hierro

También en La Palma, concretamente en Los Llanos de Aridane, se ha abierto un Museo Arqueológico insular, soporte necesario para acercarnos al mundo de los auaritas. Belmaco, en la actualidad Parque Arqueológico, al igual que el conjunto de La Zarza y La Zarzita, Parque Cultural, constituyen sólo una pequeña parte, del amplio muestrario de representaciones rupestres diseminadas por toda la isla, aunque de forma más destacada en su vertiente noroeste. Agresiones de toda índole, entre las que incluso se señalan los incendios forestales, han venido a mermar este rico catálogo, que sin duda merece una mayor atención en cuanto a su conservación y divulgación.

También El Hierro ha sufrido el expolio o la destrucción de varias de sus estaciones de grabados rupestres, entre las que destacan los existentes en el conjunto arqueológico de El Julan. Un espacio de especial significación dentro del pasado bimbache, con un proyectado centro de interpretación que sigue esperando su apertura. El continuado saqueo a que ha sido sometido dicho espacio, prácticamente desde el siglo XIX, en que ya se arrancaron algunos fragmentos con grabados, para llevarlos a distintas colecciones, entre ellas las del propio Museo Canario de la capital grancanaria, no parece tener solución de continuidad. Aunque la destrucción del valioso patrimonio arqueológico no se centra en este espacio, pues también estaciones de grabados sobradamente conocidos, como los de La Caleta, han sufrido las consecuencias de unas obras para construir un paseo marítimo y un acceso a la costa, que además han afectado a un yacimiento paleontológico existente en el lugar. A su vez, otros yacimientos herreños también se han visto perjudicados por nuevas construcciones o la existencia de una cantera en sus inmediaciones, como sucede con los grabados de La Candia o las Cuevas del Solimán.

Entre los aspectos a destacar, la excavación arqueológica y el estudio desarrollado en la Necrópolis de Montaña La Lajura, en El Pinar, en el lugar también conocido por la Curva de los Huesos, ha permitido documentar uno de los mayores depósitos funerarios investigados en el Archipiélago, aportando nuevos conocimientos e interpretaciones, que facilitan la reconstrucción y explicación del modelo social de la población indígena herreña.

Pese a su innegable valor patrimonial, el inventario arqueológico de las culturas indígenas canarias, en particular sus bienes inmuebles, apenas parecen constituir una rémora para los voraces planes de ocupación del territorio que afectan a todas las islas del Archipiélago. La singularidad de este legado, carente de la espectacularidad de otras culturas de la antigüedad, pero sin duda con unas características originales, al constituir la única muestra existente de la cultura amazig (a los que los griegos antiguos llamaron libios y los romanos bereberes) en un ámbito insular, donde evolucionó durante al menos unos 2.000 años, recibiendo a su vez a lo largo de este tiempo diferentes arribadas y esporádicos contactos con otras culturas, le confiere además una especial significación, que merece una mayor atención desde todos los ámbitos que le afectan. Frente a ello, apenas llegan a plantearse algunas propuestas, que en algunos casos, constituyen una mera Disneylandización de la pseudo-arqueología, de lo que los denominados “parques temáticos” de las “pirámides” de Güimar, en Tenerife, o el grotesco “Mundo Aborigen”, en el sur grancanario, constituyen el mejor ejemplo.

Imágenes

El despropósito de Tindaya

Tindaya, en el norte majorero, constituye otro hito entre los despropósitos que envuelven la gestión del maltrecho patrimonio cultural canario. La sagrada montaña de los majos, con el mayor conjunto de grabados podomorfos del norte de África hasta ahora conocido, se ofrece como víctima de un megalómano proyecto que puede acabar con la integridad de este edificio volcánico, teóricamente protegido por sus valores naturales y culturales. En definitiva, agujerear la montaña con el pretexto de crear una escultura, no supone añadirle nuevos valores, que los tiene sobrados, yendo por el contrario en detrimento de su auténtica significación. Este domo volcánico, que sobre el papel “goza” de varias categorías de protección, en atención a su singularidad geológica, su importancia paisajística y su valor patrimonial, constituye todo un paradigma del escaso peso real que supone todo este arsenal legislativo, cuando priman otra clase de intereses, ajenos por supuesto a su preservación.

Inútiles propuestas, estériles esfuerzos

Ya en septiembre de 1988, se presentaba un Programa de Actuaciones y Gestión en el Patrimonio Arqueológico y Etnográfico del Archipiélago Canario, elaborado por el Servicio de Arqueología del Museo Canario, en cuya introducción se afirmaba que en aquel momento, cuatro años después de que fueran transferidas a la Comunidad Autónoma las competencias en materia de Patrimonio Histórico, “un balance de la gestión realizada” ofrecía “un resultado ciertamente negativo”. Dicho Programa planteaba una serie de objetivos, que se concretaban en un ambicioso plan de actuaciones en las diferentes islas del Archipiélago, entre 1989-1991, aunque su concreción definitiva y resultados prácticos, cabe señalar que fueron realmente escasos. A lo largo de los años se han planteado diversas propuestas encaminadas a la toma en consideración de la importancia del patrimonio arqueológico canario, como es el caso de las diferentes iniciativas de cara a su inclusión como Patrimonio de la Humanidad. Ya en el I Simposio de Manifestaciones Rupestres del Archipiélago Canario-Norte de África, en abril de 1995, se acordó en sus conclusiones la solicitud de la inclusión en dicho listado de la UNESCO, del conjunto de los petroglifos de la isla de La Palma. A su vez, en el año 1997, el PSOE propuso la declaración entre otros bienes culturales de La Gomera y El Hierro, de la zona arqueológica de El Julan, en esta última isla. Por último, el 15 de julio de 2004, se presentó ante la Reunión de la Federación de Centros Internacionales del CICCOP, que tuvo como marco el Palacio Espínola en la lanzaroteña villa de Teguise, una propuesta encaminada a incluir el patrimonio arqueológico canario dentro del catálogo de bienes Patrimonio de la Humanidad. Se acordó que dicho expediente debería relacionar una serie de rutas arqueológicas, en cada una de las islas del Archipiélago, en las que se recogieran aquellos elementos de mayor singularidad. Ese mismo año, en la sesión extraordinaria que celebró la Comisión Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Lanzarote, se aprobó dicha propuesta de declaración, siendo la única institución que hasta el momento ha dado pasos en este sentido. Hay pues un largo y laborioso camino que recorrer, pero una gran oportunidad para que las Administraciones públicas, responsables de velar por la conservación de esta singular y valiosa herencia que supone el patrimonio arqueológico de los primeros canarios, se impliquen para que alcance el reconocimiento internacional que sin duda merece. Y con ello, paradójicamente, que reciba la debida atención de la que hasta el momento carece, asegurando su adecuada conservación y, por supuesto, su estudio y conocimiento. Movilizarse desde instancias oficiales, por reivindicar una momia guanche exhibida en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en un pretendido acto de preocupación y desvelo por recuperar el expoliado patrimonio canario, no deja de ser un gesto para la galería, que difícilmente oculta la consentida despreocupación observada por las diferentes administraciones públicas canarias, pero que dibuja en la práctica un panorama donde este legado de siglos conoce una paulatina e irreparable ruina, camino de su definitiva desaparición. Se diría que existe un interesado proceso por llevar a cabo una especie de “limpieza étnica” del territorio, dejando algunos cachivaches y unos cuantos paneles explicativos relegados a los museos, o también, empleando la afirmación expresada por Luis Diego Cuscoy, se diría que “el guanche – y por extensión, añadimos, los indígenas canarios en su conjunto- no parece haber vivido sino muerto, y son sus despojos lo que se buscan; Canarias da la impresión de ser una inmensa necrópolis”. En cuanto a la conservación y puesta en uso del patrimonio arqueológico preeuropeo, la política que se ha seguido, en general para todo el Archipiélago, se ha centrado en la selección de algún yacimiento “estrella”, mientras que el resto, en buena medida va desapareciendo, víctima del abandono y de la ocupación incontrolada del territorio, con su corolario de urbanizaciones, campos de golf, carreteras y pistas, canteras, vertederos...

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