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Canarii 5 - Tema Central

El patrimonio, víctima de la desidia

Franquismo y arqueología

La victoria del bando franquista en la Guerra Civil española dio paso a un marco político definido por un modelo de Estado autoritario, unitario y ultra-nacionalista, de apoyo oligárquico, y cuyas máximas políticas fueron, entre otras, la unidad nacional, el centralismo administrativo, la religación con el pasado y la enérgica y sistemática aplicación de políticas culturales unitarias y asimilistas.

En el ámbito arqueológico este marco propició, por un lado, que la investigación prehistórica de posguerra estuviese dominada por hombres de ideas de derechas, reaccionarios, conservadores y religiosos; y por otro lado, que la investigación arqueológica fuese vulnerable a las presiones ideológicas del franquismo. El autoritarismo centralista del gobierno de Franco hizo posible que los trabajos arqueológicos fuesen empleados para respaldar las aspiraciones del régimen.

Este marco aquí descrito estuvo acompañado, en el ámbito administrativo, de la pertinente centralización burocrática, siendo consecuencias directas de esta reorganización la creación en 1939 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, dirigida esta última por Martínez Santa-Olalla y diseñada con el objetivo de garantizar el cuidado administrativo, la vigilancia técnica y la elaboración científica de cuantas excavaciones arqueológicas se llevasen a cabo en un futuro. En el ámbito canario, esta política administrativa centralista se hizo efectiva a partir de 1941 con la implantación de las Comisarías Provinciales de Excavaciones Arqueológicas. En la provincia de Las Palmas de Gran Canaria el cargo de Comisario Provincial recayó, hasta 1968, en Sebastián Jiménez Sánchez (1904-1983); mientras que en la provincia de Santa Cruz de Tenerife recayó en primera instancia en Dacio V. Darias Padrón (1880-1960), quien lo detentó entre mayo de 1941 y diciembre de 1942, pasando a manos de Juan Álvarez Delgado (1900-1987) entre diciembre de 1942 y julio de 1951, fecha en que renuncia y pasa a ocupar la vacante Luis Diego Cuscoy (1907-1987), que permanece en el cargo hasta 1968.

La incidencia en la arqueología canaria de este contexto político-administrativo aquí descrito acabó garantizando, de hecho, su nacionalización, a la par que posibilitó el desarrollo de una lectura españolista de la prehistoria insular, fuertemente influenciada por algunas de las premisas políticas del propio sistema, como pudieron ser la unidad nacional, la vocación africanista del régimen o su propia inclinación pro-germana. De esta manera, al estudiarse el poblamiento prehistórico de Canarias, las posesiones españolas en África se convirtieron, acomodaticiamente, en el área de procedencia de los primeros pobladores de Canarias, quienes fueron vinculados a partir de entonces con las culturas Ibero-mauritana e Ibero-sahariana, atribuyéndosele al Sahara Español el papel de Heimat o patria en relación con Canarias. Paralelamente, se rompieron los lazos que hasta la fecha se habían establecido entre los cromañones franceses y los canarios, abogándose a partir de entonces por la relación con la raza de Mechta-el-Arbi y Afalu-bu-Rhummel, de procedencia africana, la cual se suponía que habría llegado a las islas durante su etapa neolítica. Hoy en día, a pesar de haberse constatado arqueológicamente el aporte sahariano al poblamiento de Canarias, el conocimiento científico obliga a descartar el empleo de conceptos tales como Neolítico, Ibero-Mauritano o Ibero-sahariano al hablar de la colonización insular, pues las dataciones absolutas hoy disponibles, si bien escasas y desigualmente repartidas entre las islas, permiten ubicar la primera colonización de Canarias, de raigambre líbico-bereber, a mediados del primer milenio a.n.e., por lo que no existe conexión alguna con la Edad de la Piedra Pulimentada.

Los indígenas canarios... ¿prehispánicos?

Durante el franquismo, la necesidad de contar con un término o nomenclatura que permitiera definir al conjunto de la población y de la cultura canaria primitiva en su totalidad, llevaría a Julio Martínez Santa-Olalla a acuñar el concepto prehispánico como voz y grafía unificadora. El término, acuñado por un autor falangista afín al régimen, llevaba implícita toda una carga ideológica, pues con él se reforzaba la vinculación de Canarias con la identidad y nación hispana (baste recordar que por estas fechas se defendía una raigambre ibero-mauritana e ibero-sahariana para los indígenas canarios), al tiempo que la identidad cultural precedente se anulaba, cobrando ésta sentido sólo en función del aporte hispano. Es decir, la cultura indígena existente antes de la conquista y colonización de las islas era simplemente prehispánica, anterior al aporte civilizador español, aspecto éste que implicaba la infravaloración del propio bagaje cultural canario y, por ende, del bagaje norteafricano de los primitivos isleños, que encontraba sentido a partir de un marco de referencia español. La denominación, por tanto, obedecía a un criterio seudo-historicista y no a una realidad objetiva per se. El concepto prehispánico, en cualquier caso, fue enarbolado por la intelectualidad de la época, lo que refleja, en definitiva, la existencia de una clara intencionalidad significativa – en el ámbito conceptual – que entronca, obviamente, con la propia naturaleza del discurso franquista.

Con posterioridad al franquismo, Celso Martín de Guzmán, sin analizar previamente el contexto político y científico en que había surgido el término prehispánico, insistiría en lo incongruente que resultaba el uso de este concepto al abordarse el estudio del mundo indígena canario, pues según señaló Martín de Guzmán, se trata de un término ambiguo que debería aplicarse exclusivamente a lo que está antes de lo hispano, pero de inmediato, y con un registro cronológico que no puede dejarse liberado indefinidamente, pues una secuencia cultural no admitiría esta adjetivación simplista para abarcar dos o tres mil años de proceso cultural. Consiguientemente, el término debería aplicarse, según Celso Martín, a la fase final de las culturas canarias, es decir, al período comprendido entre el redescubrimiento de las islas por los españoles y europeos y la liquidación de la cultura indígena (siglos XIV-XV). Esta postura, no obstante, tampoco resulta válida, pues habría que presuponer que la cultura indígena desapareció, irremisiblemente, tras la conquista y colonización de las islas, algo que no se corresponde con la realidad histórica. Asimismo, es sabido que el redescubrimiento de las islas no fue una tarea exclusivamente hispana (hubo participación normanda, portuguesa, etc.), por lo que el término prehispánico, empleado para definir este período, seguiría siendo incorrecto a todas luces. Por ello – y tal y como ya argumentamos en el número 2 de Canarii –, al referirnos a los primitivos habitantes de Canarias debemos utilizar el término indígena (inde genito), que hace referencia a poblaciones engendradas en un lugar, que son originarias del país, independientemente del momento cronológico en que esto acontece.

Hoy en día, la práctica totalidad de la comunidad científica sigue empleando, incorrectamente, el término prehispánico, haciendo caso omiso de su carga ideológica y de su incongruencia histórica.

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La arqueología del Imperio

La prehistoria fue utilizada fuera de los confines de los círculos académicos para validar las aspiraciones nacionalistas. En este sentido, un autor franquista como Julio Martínez Santa-Olalla (1905-1972) insistiría en los orígenes célticos de España con el objetivo de legitimar la unidad nacional esgrimida por el régimen franquista. Otro autor afín al régimen, Martín Almagro Basch (1911-1984), intentaría justificar la unidad ancestral de España bajo el argumento de la homogeneidad etnológica o racial primigenia, en detrimento de unas nacionalidades descalificadas igualmente con argumentos etnológicos. Asimismo, el referido Martínez Santa-Olalla intentaría crear, junto con José Pérez de Barradas (1897-1980), una “Arqueología del Imperio” basándose en la comunidad prehistórica hispano-africana, en el carácter español absolutamente neto (en lo prehistórico, naturalmente) de todo el Sahara Español, de toda Mauritania, y en la comunidad estrecha entre Canarias y la costa atlántica africana.

Bibliografía

DIEGO CUSCOY, L.: 1968. Los Guanches. Vida y cultura del primitivo habitante de Tenerife. Publicaciones del Museo Arqueológico de Tenerife, 7. Excmo. Cabildo Insular de Tenerife. Servicio de Investigaciones Arqueológicas. Santa Cruz de Tenerife. FARRUJIA DE LA ROSA, A. J.: 2007. Arqueología y franquismo en Canarias. Política, poblamiento e identidad (1939-1969). Colección Canarias Arqueológica, 2. Organismo Autónomo de Museos y Centros. Cabildo de Tenerife. JIMÉNEZ SÁNCHEZ, S.: 1949. Breve reseña histórica del Archipiélago Canario. Desde los aborígenes hasta nuestros días. Imprenta España. Las Palmas de Gran Canaria (4ª edición). MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: 1947. África en las actividades del Seminario de Historia Primitiva del Hombre. Publicaciones del Seminario de Historia Primitiva del Hombre. Notas, 1. Diana Artes Gráficas. Madrid.

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