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Canarii 5 - Tema Central

Los castillos de espaldas a su historia

La recuperación de las fortificaciones canarias: un objetivo prioritario

A comienzos del siglo XVI la práctica totalidad de las incipientes ciudades canarias se encontraban sin fortificar. En el siglo anterior, durante el proceso de conquista, se habían levantado torres defensivas en la costa y algunos puntos del interior de ciertas islas. Tras la conquista, el archipiélago canario, experimentará un período de relativa calma y cierta prosperidad económica.

Pero todo cambiará a partir de 1521, cuando se inicia la primera de las cinco guerras que librarán las dos grandes potencias del momento, España y Francia. Desde entonces y a lo largo de todo el siglo XVI las islas apenas conocerán momentos de paz.

Su situación estratégica en el Atlántico medio hizo que sus ciudades más importantes fueran objeto de constantes ataques y saqueos por parte de los enemigos del Imperio: franceses, ingleses y holandeses, entre los más importantes. Además, la proximidad del Archipiélago al litoral africano añadió un punto de vulnerabilidad a un territorio fragmentado y sin defensas para unas ciudades que habían sido fundadas, en su mayor parte, a la orilla del mar.

Para paliar las consecuencias de aquellos ataques y saqueos, durante el quinientos, se levantarán torres, fortalezas y murallas en un intento por blindar estas ciudades marítimas, donde se encontraban, además, los puertos principales de islas como Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

El enorme esfuerzo, realizado para la construcción de estas costosísimas obras defensivas, recayó en parte en la propia población, que contribuyó con sus recursos económicos o como mano de obra directa.

En ocasiones la Corona contribuyó al esfuerzo de la construcción de las fortalezas aportando ingenieros y militares especialistas en este tipo de obras, además de procurar armamento y medios económicos siempre insuficientes, que provienen de distintas fuentes, como lo fue el tráfico de esclavos, tal y como sucedió en 1575, cuando Felipe II autorizó la venta de mil esclavos africanos para sufragar la construcción de las murallas, baluartes y el armamento para la defensa de la ciudad de Las Palmas:

“De parte de la isla de la Gran Canaria se ha suplicado a V.M diversas veces que para la guardia y defensa de su fortificación se le proveyese, de seis culebrinas que ha menester con todos sus encabalgamientos y municiones y de cincuenta quintales de pólvora, y quinientas picas para que las fortalezas de aquella ciudad puedan ofender a los enemigos y defender la tierra, que sin ello está a tanto riesgo, que cualesquier corsario la podrán saquear y porque aquella isla no tiene propios ni forma alguna para proveer el dinero que para esto es necesario que se hace cuenta costará (…) poco más o menos suplicamos a vuestra majestad le haga merced de darle licencia para pasar trescientos esclavos a las Indias en navíos sueltos y fuera de flota por la misma orden V.M se la hizo de otras mil licencias de esclavos con que se ha hecho y hace las dichas fortalezas (…) “ ( AGS.: GUERRA ANTIGUA. Leg. 154. fol.352).

Aunque, sin ser obras de gran envergadura, lo cierto es que estas viejas fortalezas desempeñaron un papel indiscutible en la defensa de las islas y todas, de una u otra forma, tienen una historia que contar. La Torre del Conde, el Castillo de Guanapay o la Fortaleza de Las Isletas, son fieles ejemplos de ello y, sin embargo, ninguna de ellas ha sido acondicionada para “contar” su propia historia. En la Torre del Conde se expone una colección de arte precolombino, el Castillo del Guanapay es hoy el museo del emigrante, y el Castillo de La Luz fue hasta hace unos años sede del Patronato del Carnaval. Otras fortalezas fueron convertidas en cuarteles, prisiones, museos de arte y salas de conferencias. Muchas han sucumbido derruidas por la pica infame, otras apenas se distinguen entre tantos edificios, las vemos también aisladas y solitarias impertérritas en lo alto de montañas o a la orilla del mar.

En Gran Canaria, de unos años a esta parte, se han puesto en marcha iniciativas encaminadas a recuperar este valioso legado histórico. En concreto, se trabaja en la rehabilitación de dos fortalezas emblemáticas y representativas de la defensa del Puerto y de la ciudad de Las Palmas: los castillos de La Luz y Mata. Los dos proyectos llevaban aparejados estudios arqueológicos que han motivado importantes hallazgos relacionados con la evolución histórica de estas dos construcciones defensivas.

Las excavaciones arqueológicas en el Castillo de la Luz han puesto al descubrimiento los restos casi intactos de la fortaleza primigenia: La torre de Alonso de Fajardo y la barrera artillera que la ceñía alrededor. Ante la imposibilidad de resistir el impacto de la artillería naval, esta obra defensiva fue enterrada en arena y cubierta por otra obra defensiva levantada en 1563 que es la fortaleza que hoy conocemos. La historia de esta fortificación es apasionante, pues sus murallas fueron testigos, entre otros, de los ataques de Drake y Van der Does entre 1595 y 1599.

En el Castillo de Mata no solo se ha logrado recuperar el baluarte del los siglos XVII y XVIII, obra de los ingeniero Prospero Casola y Miguel Hermosilla, sino también la Torre de San Francisco, hallada en el interior del Balaurte, única obra de fortificación que se conserva de la defensa norte de la ciudad de Las Palmas, que participó activamente en la defensa de la ciudad durante el asedio perpetrado por las tropas de Van der Does en 1599, un acontecimiento que sin duda constituye el hecho histórico más importante de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

La musealización de estos castillos, sin duda, contribuirá a mejorar por un lado la oferta cultural de la ciudad pero, lo que es más importante, constituye un paso decisivo para lograr una mayor comprensión, sensibilidad e implicación social hacia un pasado histórico que al fin y al cabo les pertenece.

Julio Cuenca Sanabria. Arqueólogo, director de los proyectos de excavación Arqueológica de los castillos de La Luz y Mata.

Imágenes

La Fortaleza de Las Isletas

La única fortificación que protegía la ciudad de Las Palmas en 1522, por entonces la capital del Archipiélago, era la Torre de Alonso de Fajardo, construida por este gobernador en 1494, a una “legua” de la ciudad, en un lugar despoblado, en el extremo norte de la bahía de Las Isletas, el principal puerto natural de la Isla. La torre había sido reforzada entre 1515 y 1519 por medio de un baluarte y varios tiros de hierro que resultaron insuficientes para mejorar la defensa del puerto, lo que se demostraría a a partir de 1521, fecha en que se inicia la primera guerra con Francia, y se produce el primer ataque al puerto de Las Isletas, resultando estas obsoletas defensas inoperantes ante los devastadores cañones de los navíos franceses. “(…) ha visto este testigo que por no haber en la torre artillería ni recaudo que conviene para defender el puerto han entrado varios navíos de franceses en el puerto e robado e llevado navíos cargados con muchos azúcares e otras mercaderías que sumaban más de cuarenta mil ducados porque el año de 1544 pasado o cuarenta y tres entraron en el dicho puerto tres naos francesas gruesas e llevaron dos urcas y una nao cargadas de mercaderías e azúcares e tuvieron el puerto por suyo con otros navíos y siendo señores del puerto dos días e una noche e murieron muchas personas cuando tomaron las naos matando un capitán de la urca flamenca e otro de la nao portuguesa e otras veces han entrado otros navíos de corsarios e han fecho mucho daño lo cual no hicieran si en la dicha torre oviera artillería e munición como convenía” (AGS,Diversos de Castilla,Leg.13,doc.7) “ (…) y que asimismo ha visto que por estar la ciudad a la costa de la mar e sin defensa ninguna una nao vizcaína se puso delante e la empezó a bombardear hasta que le dieron unos hombres que le tenían preso e otra vez vinieron cuatro naos francesas e surgieron en el puerto e después de haber robado los navíos que hallaban dijeron que les diesen tantos mil ducados sino que bombardearían la ciudad.(Testigo Luis de Herrera alcalde vecino de la villa de Agáldar) (AGS: Diversos de Castilla, legajo 13. doc.3).

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