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Canarii 6 - Efeméride

Noventa y seis años de la masacre de obreros de Arenales

15 de noviembre de 1911

En la historia del archipiélago hay pocos sucesos que sinteticen y condensen, bien a las claras, lo que fue toda una época. Lo que ocurrió a las cuatro y cinco minutos de la tarde del 15 de noviembre de 1911 puede considerarse como un acontecimiento singular, una coyuntura muy concreta, pero que pone en cuestión, de manera poderosa, la estructura caciquil de un régimen político, el de la Restauración, cuyos cimientos acabarían desmoronándose por el imperativo de la realidad social. No es que los hechos que vamos a analizar provocaran reacciones en cadena que cambiaran las cosas. Nada más lejos de la realidad, los obreros se replegaron, no se exigieron las responsabilidades con la contundencia necesaria, las fuerzas del republicanismo se perdieron en sus propias contradicciones y los caciques de siempre permanecieron en sus puestos. Pero fue un aviso del despertar de la clase obrera canaria que escribiría sus páginas más gloriosas en la década de los años 30.

Los protagonistas principales de la historia son bastante identificables: un alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Felipe Massieu y Falcón, que quiere ganar unas elecciones por goleada, incluso con apaños y componendas ilegales; un Delegado del Gobierno que es cómplice de las ansias de poder del alcalde; una guardia civil y una guardia municipal que está al servicio del poder oligárquico y caciquil; una oposición republicana-federal y disidente liberal que quiere tener presencia, aunque fuera exigua, en las instituciones locales y que está dispuesta a usar todas las armas legales para que no se repita el falseamiento de la voluntad popular; unos obreros de La Isleta que confían ciegamente en sus dirigentes federales, que adoran a su líder Franchy y Roca y que no están dispuestos a permitir más apaños electorales. Estos son los actores. El lugar: la entrada de un colegio electoral en el barrio obrero de Arenales. El motivo de la matanza: una piedra que cae a los pies del jefe del destacamento de la guardia civil. El resultado: seis obreros muertos por las descargas de la fusilería.

Ese día, naturalmente el 15 de noviembre de 1911, el ambiente estaba bastante caldeado. Al abrirse el colegio electoral Molino de Viento, en la calle denominada La Marina, entre las arterias de León y Castillo y Carvajal, una muchedumbre de apoderados y candidatos se abalanza al interior del local. Era miércoles, y el domingo se habían suspendido las elecciones en ese colegio porque un desalmado había roto la urna, posiblemente encomendado por los que no querían que el candidato republicano y un independiente, triunfasen.

La candidatura del alcalde ya había obtenido una victoria aplastante en toda la ciudad. Tenía ya asegurado 21 concejales de 25 y ese distrito elegía a sólo dos. La votación del colegio de Molino de Viento podía inclinar la balanza a la oposición, pero el alcalde no estaba dispuesto a ceder, quería humillar a sus contrincantes y tensó la cuerda. Discusiones, gritos, impugnaciones, amenazas, todo un guirigay en la mañana del miércoles 15 de noviembre.

El presidente de la mesa, parece que un hombre fiel a las directrices de arriba, expulsa a todo un notario que había acudido allí reclamado por la oposición. Decisión salomónica: sólo pueden haber en el interior del colegio cinco representantes por cada uno de los cinco candidatos en liza. Se quedan dentro 20 apoderados y los miembros de la mesa. Los votantes van entrando, depositan sus votos y salen, abucheados o jaleados por los espectadores de la calle. Las sedes de los partidos rodean el colegio electoral. Naturalmente, la más cerca es la de los candidatos del Alcalde, los republicanos no la tienen tan cerca, en la Plaza de la Feria. Desde la azotea de la sede oficialista se detectan piedras y se denuncian los hechos, pero no parece que las autoridades hagan mucho caso. La guardia municipal hace algunas detenciones de entre las filas republicanas por alteración del orden público.

A las 12 del mediodía se corre el falso rumor de que Franchy ha sido detenido. Eso basta para que cientos de obreros del Puerto abandonen sus trabajos y acudan al Colegio de Molino de Viento para averiguar lo que pasa. Los republicanos lo desmienten y se disuelve el grueso de la multitud, aunque permanece vigilante en los aledaños. La guardia civil ya estaba sobre aviso y acude inmediatamente a las puertas del local. Los tenientes Abella y Almansa están prestos a intervenir a la menor alteración. La hora de comer, la tensión se suaviza.

Muchos se van a sus casas o a ver los barcos que entran o salen del Muelle y que se ven perfectamente desde el muro que está muy cerca. Por fin, las cuatro de la tarde, se cierra el colegio, la gente se acerca a conocer los resultados, hay alguna tensión. Un cabo de la guardia municipal, un “guindilla” conocido por sus actitudes prepotentes, es increpado por la multitud pero no va a más. De repente, una piedra o dos, según las versiones, caen desde no se sabe dónde.

El jefe de la guardia civil se altera y ordena disparar, sin aviso, sin advertencia previa, sin pensárselo dos veces. No es una descarga, son varias que se dirigen a los que se mueven. Un joven va a ayudar a uno de los abatidos y una nueva descarga acaba con su vida. Cae encima del primero formando una equis, o una cruz, según se mire. Quedan en el suelo tres muertos, posteriormente morirían otros tres. Caras de terror, indignación, pánico, un temblor helado recorrió la ciudad y se quedó paralizada.

¿Y qué pasó después? El alcalde siguió en su puesto, los 23 concejales muy liberales tomaron posesión, el teniente Abella reconvenido por su exceso de celo, el gobernador civil de la única provincia canaria, con sede en Tenerife, acudió al entierro compungido, Fernando León y Castillo, el gran cacique benefactor que movía los hilos de la política canaria desde Biarritz impertérrito, como siempre, y los hijos, madres, nietas, abuelas, sobrinos, nueras, cuñados, padres y concuños de los seis asesinados, jodidos, como siempre.

Sergio Millares Cantero es historiador

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Cronología

12 de noviembre: Elecciones municipales en las Palmas de Gran Canaria. El Partido Liberal pretende ir al copo de los 25 concejales. Ganan los candidatos oficialistas del Partido Liberal, liderado por el alcalde de la ciudad Felipe Massieu y Falcón. En uno de los colegios electorales de Arenales, el de Molino de Viento, un testaferro rompe la urna y se anulan las elecciones en esa mesa.

13 de noviembre de 1911: La Junta Municipal del censo decide repetir la elección en la mesa del colegio de Molino de Viento en Arenales.

14 de noviembre de 1911: Ante los rumores de pucherazo y de violencia, algunas personas, como Juan Rodríguez Quegles, intentan evitar la elección haciendo gestiones ante Felipe Massieu para que deje a la oposición republicana algún puesto en virtud del art. 29 de la Ley electoral por el que no se realizarían elecciones en caso de presentarse el mismo número de candidatos que de elegibles.

15 de noviembre de 1911: Tensa jornada en el colegio electoral de Molino de Viento, con discusiones entre apoderados sobre la validez o no de los votantes. Un notario, convocado por la oposición, es conminado a abandonar el local. Numerosos obreros acuden a las puertas del colegio ante la noticia, infundada, de la detención del republicano federal José Franchy y Roca. La guardia civil hace acto de presencia y, junto a guardias municipales, custodian la entrada del colegio.

A los cinco minutos de cerrarse las urnas, a las 16,00 horas, una piedra cae al pie de los guardias y estos, sin previo aviso, dispara varias ráfagas con sus máussers en dirección a los concentrados. Mueren seis personas, todos ellos trabajadores de La Isleta.

16-18 de noviembre de 1911: La guardia civil emite un comunicado en el que dice que fueron atacados por una multitud de más de 3.000 que les arrojaron piedras y les dispararon. Las autoridades prohiben asistir a los entierros de los asesinados. Rumores de que Franchy y Roca va a ser procesado.

19 de noviembre de 1911: Acto multitudinario en las calles de Las Palmas, presidido por el gobernador civil de Canarias, Sr. Eulate, que desemboca en el cementerio de Las Palmas, donde se depositan numerosas coronas de flores.

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