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Canarii 6 - Historia Moderna

Las extraordinarias coincidencias de las expediciones atlánticas de 1492

Cristóbal Colón y Alonso de Lugo

El primer viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo ha sido objeto de innumerables estudios a lo largo de los últimos decenios. Sin embargo, en muy pocos se hace constar que la primera expedición colombina no fue la única que se proyectó en los meses posteriores a la caída de Granada. Se da el caso de que al mismo tiempo en que se concertaba y preparaba el viaje de Colón, los monarcas católicos atendieron la solicitud de conquista de la isla canaria de La Palma presentada por uno de los capitanes conquistadores de Gran Canaria, capitularon con él las condiciones de la empresa y se realizaron los preparativos con una extraordinaria coincidencia en tiempo y formas.

Las vidas de Cristóbal Colón, descubridor de América y primer gobernador castellano en aquel continente, y de Alonso Fernández de Lugo, conquistador y gobernador de La Palma y Tenerife, se cruzaron con cierta frecuencia. Ambos propusieron a la Corona empresas que podrían parecer a primera vista descabelladas. Ambos solicitaron y obtuvieron algo que los reyes de Castilla jamás habían otorgado con anterioridad y que no concedieron en lo sucesivo: gobernaciones vitalicias y hereditarias de territorios que no pertenecían a sus reinos. Los dos fueron atendidos con una asombrosa coincidencia de fechas, ultimaron sus preparativos al mismo tiempo y en los mismos lugares, y ambos volvieron exitosos a la Corte al cabo de un año. Ambos fueron distinguidos con la merced regia de que sus hijos primogénitos sirvieran como pajes a la Reina. Los dos emprendedores tenían muchos intereses personales en la ciudad de Sevilla, y las coincidencias no terminan sólo en el hecho de que los dos tenían por socios comerciales a las mismas personas, como los comerciantes italianos Berardi y Riberol, sino que también algunos autores han asegurado que amaron a la misma mujer, Beatriz de Bobadilla, que casó con Lugo en torno a 1498.

Cristóbal Colón había propuesto a la corona castellana desde 1486 el proyecto de llegar a la India navegando hacia el oeste, en vez de recorrer el camino de los portugueses de circunnavegar África por el sur. A pesar del rechazo inicial, el tesón del navegante y la protección de personajes próximos a la Corona mantuvieron abierta la posibilidad, durante más de cinco años, de que los monarcas pudieran tomar en consideración sus propuestas. Las razones de la dilación constante del proyecto colombino fueron la propia guerra granadina, que absorbía todos los recursos de la Corona, los erróneos cálculos geográficos de Colón, y las excesivas pretensiones en privilegios y prebendas del navegante.

Por su parte, Alonso de Lugo era capitán de la conquista de Gran Canaria y posterior hacendado propietario de un ingenio de fabricación de azúcar. En 1491 acudió a la Corte con la propuesta de la conquista de la isla de La Palma, cuyos habitantes aborígenes todavía se resistían al dominio europeo. Lugo proponía cargar con casi todos los gastos y hacerlo en el tiempo récord de un solo año, algo que parecía temerario, sobre todo teniendo en cuenta que las campañas conquistadoras de Gran Canaria se alargaron por espacio de cinco años.

Sin embargo, ambos proyectos no fueron atendidos hasta que finalizó la guerra de Granada. Los meses de febrero a mayo de 1492 fueron cruciales para que la Corona diera el apoyo necesario a los mismos, se capitularan las condiciones y se diera vía libre a los preparativos de ambas expediciones.

Para nosotros está fuera de toda duda que Lugo tuvo forzosamente que coincidir con Colón en la Corte. La semejanza de las solicitudes nos induce a pensar que existió un intercambio de información en cuanto a los proyectos presentados y las prebendas y privilegios deseados por ambos. Lugo también pedía, como Colón, una gobernación vitalicia y hereditaria en uno o varios de sus descendientes en la isla a conquistar.

Colón solicitaba unos privilegios extraordinarios: Desde el punto de vista político solicitaba el Almirantazgo, el virreinato y la gobernación vitalicia y hereditaria de los territorios que descubriese. A pesar de ello, las influencias de algunos cortesanos movieron a los monarcas a aceptar las condiciones del genovés en las denominadas Capitulaciones de Santa Fe de abril de 1492.

Por su parte, Alonso de Lugo también solicitaba algo que nadie había conseguido hasta la fecha: La gobernación de las islas por conquistar de La Palma y Tenerife. Al igual que Colón, pretendía que el cargo fuera no sólo vitalicio, sino también hereditario. También pedía nombrar a sus oficiales directos y la facultad de repartir tierras. Tras cuatro meses de conversaciones simultáneas a las de Colón, por parte de los Monarcas y su Consejo Real se llegó al acuerdo de conceder a Alonso de Lugo licencia sólo para la conquista de La Palma, con la concesión de la gobernación de dicha isla condicionada al éxito de la empresa. Dichos acuerdos, concertados en abril o mayo, tomaron validez jurídica a través de varias provisiones reales emitidas entre junio y julio de 1492. A pesar de que se haya perdido el texto de las capitulaciones de Lugo con los monarcas, deducimos que en ellas se contempló de modo condicional la concesión de la gobernación vitalicia para él y hereditaria en un solo sucesor tanto de las islas de La Palma como de Tenerife. Se deduce este extremo por la rapidez con que se concedieron una vez finalizada la conquista de ambas islas en el año 1496.

Que tengamos noticia, nunca en la historia de Castilla los reyes habían concedido gobernaciones o corregimientos vitalicios en lugares de realengo, dado que eran oficios de rigurosa elección real, prerrogativa a la que los monarcas nunca renunciaron. En el plazo de pocos meses, este principio fue conculcado en las dos ocasiones citadas de Colón y Lugo, sin que volviera a repetirse en el futuro.

También en los preparativos encontramos coincidencias notables, ya que se les puede localizar a ambos en Sevilla y su entorno en el verano de 1492.

Colón se encontraba en Palos el 23 de junio, enrolando la tripulación de los navíos. Por su lado, Alonso de Lugo, firmó en esos meses el acuerdo económico de colaboración con los comerciantes Riberol y Berardi, que al año siguiente sería el representante en Castilla de Colón, por lo que no es descabellado pensar que pudieran coincidir los dos expedicionarios en las casas sevillanas de Riberol o de Berardi. En agosto de 1492 Lugo estaba en Sevilla reclutando soldados para la conquista de La Palma. Se han conservado varios contratos de fecha 20 de agosto de ese año por los que varios hombres se obligaban con Lugo a servirlo como soldados durante un año. Sabemos que en Sevilla convenció a muchos familiares para que le acompañaran a La Palma. La expedición, que no fue muy grande, recogería más combatientes en Gran Canaria en septiembre de 1492.

Por muy pocos días no coincidiría la armada de Lugo con las tres carabelas de Colón, que hicieron escala en La Gomera y Gran Canaria camino de las fabulosas Indias. Colón estuvo en Las Palmas del 25 de agosto al 1 de septiembre, partiendo definitivamente de La Gomera cinco días después. Lugo debió llegar a Gran Canaria, escala previa para ir a La Palma, en la primera quincena de septiembre, apenas una o dos semanas después de que partiera Colón, fechándose tradicionalmente el desembarco en La Palma el 25 de septiembre.

Ambos expedicionarios volvieron en 1493 a la corte habiendo finalizado con éxito sus empresas. Volvieron a coincidir en Barcelona, pero la llegada previa de Colón ensombreció el logro de Lugo.

De todo lo antedicho destacamos como, en un corto período de tiempo, los monarcas católicos tramitaron capitulaciones con dos emprendedores a quienes no pocos calificaban de temerarios. Se concedieron prerrogativas desconocidas hasta el momento a cambio de obtener dos islas difíciles de conquistar y un continente de dimensiones y recursos insospechados en aquel momento. Colón y Alonso de Lugo fueron los primeros y los últimos gobernadores vitalicios nombrados por la Corona, ambos en el mismo momento histórico, para unas empresas de bajo coste a desarrollar fuera de la Castilla peninsular, y que se saldaron con dos completos éxitos. Un extraordinario paralelismo que nunca se volvió a repetir en la historia de España.

Mariano Gambín García es licenciado en Historia e investigador por la Universidad de La Laguna

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Unas condiciones muy ventajosas

Dentro de los acuerdos económicos de ambas capitulaciones, los exigidos por Colón eran: la décima parte de todas las mercancías de cualquier especie que se adquiriesen o hallasen dentro de los límites del almirantazgo; la facultad optativa de contribuir con la octava parte de los gastos de todas las expediciones que se enviaron a las Indias, para obtener, consecuentemente, la octava parte de los beneficios; y los derechos inherentes al oficio de Almirante.

A Alonso de Lugo se le concedió el quinto real de todos los cautivos, ganados y bienes de los habitantes de La Palma. En principio, el posible beneficio era tan atractivo que gracias a ello consiguió el apoyo económico de los mercaderes italianos Berardi y Riberol, con quienes haría compañía para costear la conquista de La Palma.

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