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Canarii 6 - Historia del Deporte

Sobre el origen de la lucha canaria

Del juego al deporte: entre lo autóctono y lo foráneo

Sin lugar a dudas, la lucha canaria elevada a deporte es, de todos los juegos tradicionales, con el que más se sienten identificados los canarios. Resulta un factor de identidad propio, un referente social que nos distingue y que va más allá de la práctica meramente deportiva.

Su origen no termina de estar claro y, ciertamente, el tema resulta bastante oscuro. Dejando a un lado la idea romántica de glorificar el pasado aborigen, nos encontramos con que todas las luchas cuerpo a cuerpo son patrimonio de la humanidad y la misma está documentada desde la antigüedad entre los sumerios y los egipcios, hace más de 4.000 años. Después, los griegos la tuvieron en enorme consideración como parte de su preparación física y mental, hasta el punto de que el mismísimo Platón pasó a la posteridad no sólo como filósofo, sino también como buen luchador.

Investigar el origen de la lucha cuerpo a cuerpo en cualquier cultura siempre nos depara el mismo problema y es que generalmente se atribuye su origen a hechos legendarios o mitológicos, obligándonos a adentrarnos en el mundo de la literatura, del mito y de la leyenda, representando Hércules, Teseo, Gilgamés o Jacob, facetas mitológicas y literarias de esta práctica milenaria. Las crónicas de la conquista y la literatura posterior nos presentan episodios de combates donde se destaca la habilidad y destreza de los antiguos habitantes de las islas, así como que en cada isla se desarrollaba una cultura propia, aunque con un sustrato cultural común en el que parece no se incluía un solo sistema de lucha, ya que incluso hasta fechas recientes cada isla utilizaba un sistema de agarre diferente, no pudiéndose precisar por ello en qué isla se dio origen a lo que hoy conocemos por lucha canaria.

La fuente más recurrida para su estudio es el canto IV del poema “Antigüedades de las Islas Afortunadas”, de Antonio de Viana, si bien es cierto que es la que más desconfianza merece puesto que el autor se toma tantas licencias literarias que cuesta dar excesivo crédito a su relato como histórico. Así, Viana canta un combate idílico, cuerpo a cuerpo, sin armas y por parejas, entre aborígenes de Tenerife, despojándolo de toda carga de violencia, donde desnudos, untados de manteca y con los tamarcos a la cintura se enfrentan en un terrero, término que en la actualidad nos sirve para denominar el espacio donde se desarrollan las luchadas.

Abreu y Galindo y Torriani nos hacen una descripción más detallada de los enfrentamientos que se desarrollaban en Gran Canaria, erigiéndose los palos y las piedras en verdaderos protagonistas. Así, Torriani expresamente introduce un grabado representativo en su obra al que denomina “Lucha Canaria”, describiéndola así: “Entre los canarios había tres modos de pelear; y por lo mismo tenían tres armas diferentes… Primeramente se tiraban las piedras, que hurtaban con destreza meneando el cuerpo, sin mover los pies. Después bajaban en tierra y se enfrentaban con los magodos, esgrimiendo y buscando cada uno su ventaja, como se acostumbra entre nosotros; y con el furor, llegando a brazo partido, se hería con las tres piedras delgadas, que llevaban entre los dedos de la mano izquierda”.

Igualmente, casi dos siglos después, Viera y Clavijo mantiene también en su “Historia de Canarias” las diferencias entre estos dos sistemas de combate que acababan cuando se llegaba al suelo o continuaban en él de forma más violenta, así cuando habla de los juegos de los antiguos isleños nos relata idílicamente cómo eran “…inclinados a los juegos y regocijos públicos; pero las fiestas anuales del Beñesmen… Eran también los isleños grandes luchadores consumados. Ungíanse con grasas de animales y jugos de yerbas para disponerse al combate, y se abrazaban con el tronco de un árbol a fin de fortalecerse los músculos...". Sin embargo, para Gran Canaria, expresamente, pide que se trate con alguna individualidad: “…el juego que en la Gran Canaria tenía más aceptación y mucha similitud con el pugilato de los griegos…”, narrando a partir de entonces el violento combate con piedras y palos que Abreu y Torriani nos describen en sus obras, pero aderezadas con connotaciones del mundo griego y de sus juegos olímpicos.

Lo cierto es que cada autor relata los hechos después de muchos años de conquistadas las islas, aportando una visión particular del sistema de lucha empleado por los aborígenes, pudiéndose incluso establecer algún paralelismo con la literatura griega y romana, así como con obras de autores coetáneos como “La Araucana” de Ercilla, presentándonos generalmente una sociedad aborigen idealizada que para algunos es tanto como falseada y, por tanto, inventada.

Viera y Cavijo también hace mención de una luchada celebrada en 1527, en La Laguna, con motivo de los festejos por el nacimiento de Felipe II. Luchas y luchadores que como canarios generalmente atribuimos a luchadores aborígenes, pero encuadradas como un evento más de los numerosos juegos caballerescos peninsulares que se celebraron con motivo del nacimiento de Felipe II, apareciendo junto a las cañas, la sortija, los toros o la lotería, actividades todas ellas en las que se ejercitaban los peninsulares y que cuentan, por ejemplo, en la obra de Cervantes con numerosos ejemplos.

Pero no es sólo la obra cervantina la que se hace eco de la práctica de la lucha cuerpo a cuerpo en la península, sino que de forma paralela a la conquista y colonización de las islas existió en Europa cierta literatura especializada sobre el tema, destacando “El arte de la lucha” impreso en Wittemberg en 1539, donde algunas ilustraciones nos pueden resultar muy familiares, existiendo testimonios de torneos populares de lucha, incluso de carácter internacional.

En definitiva, la lucha cuerpo a cuerpo es una práctica universal, y no era desconocida para los peninsulares ni el resto de europeos, ni tan siquiera para los esclavos africanos que llegaron para el cultivo de la caña de azúcar, estos últimos auténticos habitantes invisibles de las islas. No obstante y al margen de cualquier hipótesis, resulta incuestionable que los aborígenes la practicaban superándolos en agilidad.

Eso si, parece claro que empleaban un sistema de lucha que difiere con el que se practica en la actualidad, así mientras unas fuentes nos describen para Gran Canaria un sistema de lucha donde los palos y piedras toman gran protagonismo, e incluso continúa en el suelo, para Tenerife nos describen épicos combates cuerpo a cuerpo, desnudos y untados de manteca, no pudiéndose afirmar que un sólo sistema de lucha formara parte de un sustrato cultural común, coincidiendo sólo en que se trataba de un sistema de lucha sin agarre inicial, es decir todo lo contrario a la lucha canaria actual, donde tal y como cantan los Sabandeños “…la Lucha Canaria es mano al calzón y a la espalda…”, no comenzando la brega sin este agarre inicial.

Parece evidente que nutriéndonos de la literatura, del mito y de la leyenda, el debate esté lleno de conjeturas, hipótesis y teorías, pero quizás sea lo más natural razonar que, al igual que nuestra cultura, la lucha canaria actual haya sido consecuencia de un proceso de sincretismo, resultado de la mezcla de culturas que apreciaban su práctica y que adaptada al entorno y al gusto del canario por la misma fue desarrollando a lo largo del tiempo un estilo y técnicas propias que la caracterizan, identifican y hacen única. Un juego tradicional que institucionalizado se ha convertido en deporte, donde quizás la utilización de términos como autóctona o vernácula no sean los más apropiados.

José Roque Falcón Falcón es profesor de Secundaria e historiador

Imágenes

Adargoma contra Gariraygua

En contraposición a las confrontaciones idílicas con motivo de fiestas y celebraciones que los autores nos narran para Tenerife, nos encontramos con unas descripciones mucho más violentas en la isla de Gran Canaria. Así Antonio Cedeño y Pedro Gómez Escudero hacen referencias a combates cuerpo a cuerpo, con el fin de dirimir conflictos por el ganado y los pastos:

"Anduvieron grande espacio de tiempo luchando asidos, más la destreza de Gariraygua derribó a Adargoma en tierra, quedando Adargoma debajo y Gariraygua encima. Más Adargoma, cuyas fuerzas eran extraordinarias, ciñendo con los brazos el cuerpo de su contrario y haciendo fuerza con el cuerpo y piernas en la tierra, le apretó tan reciamente que, sintiendo Gariraygua la descompasada fuerza de Adargoma y que entre su brazos iba perdiendo el aliento y vida, crujiéndole los huesos, le dijo: -Adargoma, no me mates, que yo me doy, para que de mi hagas tu voluntad".

Pedro Gómez Escudero

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