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Canarii 6 - Tema Central

El comercio con América a cambio de pobladores canarios

El Tributo en Sangre

A lo largo de todo el Antiguo Régimen, Canarias fue un punto de referencia en los intercambios entre Europa, África y América. Desde los momentos iniciales se alza como escala necesaria de las embarcaciones que cubrían la travesía oceánica, primeramente sólo como lugar de avituallamiento y, más tarde, se inicia una fluida relación comercial entre Canarias y América. Desde el primer viaje de Colón las Islas Canarias se convirtieron en escala obligatoria, el último punto del Atlántico oriental desde el que se partía hacia la otra orilla, debido a las mareas y los vientos que facilitan dicha travesía, no sucede lo mismo en el tornaviaje que es más conveniente ascender en latitud aproximadamente hasta la Islas Azores. Al mismo tiempo que intercambio de mercancías se producirá un traspaso de personas, con distinto grado de intensidad según las coyunturas.

Castilla estableció un monopolio comercial con las nuevas tierras, denominadas las Indias Occidentales, así quedó establecido el Consejo de Indias en Madrid para dirimir todos los asuntos políticos de las colonias, mientras que la institución que regía todo lo referente a los asuntos económicos quedó fijada en la Casa de Contratación situada en Sevilla, que posteriormente se trasladó a Cádiz. Con esto, todas las embarcaciones que saliesen desde Europa hacia América para comerciar tenían que salir y arribar al puerto de Sevilla y solamente ese lugar tenía licencia para dichas actividades.

En los años 1610, 1611 y 1612, se limita la posibilidad de comerciar entre Canarias y América, pero la Corona española intentó favorecer el comercio en determinados puntos del Caribe a través de navíos que enlazaban con Canarias, es cierto que eran destinos de menor interés económico dado que eran lugares que no producían oro y plata. A mediados del siglo XVII fue prohibido el comercio entre Canarias y las Indias, lo que perjudicó considerablemente a la economía de las Antillas y, al interrumpirse esta actividad mercantil, se dio abierta entrada al contrabando. De este modo, con la real cédula de 16 de mayo de 1650, se restablece la licencia para enviar productos a La Habana y se mantienen las limitaciones con los otros mercados. El 6 de febrero de 1652 era confirmada dicha cédula.

Pero los primeros datos sobre los intentos por buscar solución a la escasa demografía de Indias con canarios se remonta a 1663, cuando la Corona pide información al Gobernador de Puerto Rico, don Juan Pérez de Guzmán, sobre si convendría enviar familias isleñas. Desde 1663 los navíos que iban de registro para Cuba estaban obligados a embarcar cinco o seis familias con destino a Puerto Rico.

La Real cédula de 25 de mayo de 1678 inaugura lo que se ha denominado el tributo en sangre. Esta iba dirigida al Gobernador de Puerto Rico y demás islas de Barlovento, permitiendo que desde Canarias pudiesen enviar a América 600 toneladas, pero ordenando que las embarcaciones canarias autorizadas a comerciar debían de llevar a 5 familias de 5 individuos por cada 100 toneladas, a las que se les concedía el privilegio de no pagar alcabalas en diez años, lo que respondía a las demandas de las autoridades americanas y específicamente portorriqueñas ante el monarca para poblar aquella isla argumentando el peligro de incursiones piráticas. En el primer viaje se manda que vayan familias de Tenerife, en el segundo, de La Palma, y en el tercero de Gran Canaria.

La Cédula de 4 de julio de 1679 ordena a don José de Beitia Linaje que disponga lo necesario para recibir a las familias canarias en Puerto Rico. El 28 de marzo de 1681 se encomienda al juez superintendente del comercio de Indias en Canarias que dé cuenta de si los navíos que han salido de Canarias cumplían con las familias por tonelaje y el 23 de agosto se le vuelve a dar instrucciones al respecto. El 11 de abril de 1688 otra Real cédula incrementa en 400 las toneladas que pueden exportar hacia Puerto Rico, para que aumenten los pobladores canarios. El 14 de junio de 1702 se insiste en términos parecidos. También se intentó algo similar con La Española: en 1697 el rey concede una nueva prórroga de 1.000 toneladas siempre que se llevasen a Santo Domingo 5 familias por cada 100.

Otra Real cédula de 18 de abril de 1704 volvió a conceder una nueva prórroga por otros ocho años de 1.000 toneladas para Tenerife, Gran Canaria y La Palma, insistiendo en la obligatoriedad de enviar cinco familias por cada 100 toneladas a Santo Domingo. Esto se mantuvo igual hasta el reglamento de 1718, que ratifica la obligación de transportar a estos contingentes canarios a Santo Domingo o al continente, en total debían ser 50 familias de 5 personas, con el fin de poblar las tierras americanas. Si los dueños de los navíos no cumplían con esta exigencia, debían satisfacer por cada familia que quedase en Canarias 1.000 reales de moneda corriente, que era la cantidad en la que se calculó el flete.

Entre 1729 y 1731 se concede un permiso para comerciar con Buenos Aires, donde se especifica que aparte de las 5 familias por cada 100 toneladas, se mandaban a llevar 15 más. Sabemos que esa ley no fue cumplida con exactitud, porque los problemas financieros de la Corona la retardaron. De hecho, en ese año, entraron en Puerto Rico tres barcos procedentes de Canarias y ninguno trajo emigrantes isleños. Así, una cláusula eximía de su ejecución, si el capitán o propietario abonaba 2.400 maravedíes por cada tonelada que no correspondiese con una familia. Para 1685 hay quejas desde Puerto Rico porque no llegan las familias esperadas con los navíos canarios. En abril de 1688 vuelve a prorrogarse la franquicia comercial, dejando explícita la vigencia de la cláusula respectiva al envío de familias, con una ampliación de 600 toneladas que se debe satisfacer con familias a Puerto Rico, para lo que se remitieron cédulas a las autoridades respectivas. Pero en julio de 1689 el juez superintendente comunica que en los dos años anteriores no ha habido persona alguna que haya querido embarcarse para Puerto Rico. Para el periodo entre 1681 y 1702 se dirigieron a Puerto Rico 14 familias canarias, y se ha calculado que entre 1720 y 1733 llegaron 799 personas, siendo éste el destino que recibió más inmigrantes en este tiempo. Con respecto a este asunto, hay autores que elevan esa cifra a 882 y otros la rebajan a 785, además señalan que no hubo más expediciones organizadas después de 1730.

El final del tributo en sangre tiene una vinculación directa con la libertad definitiva del comercio con Indias, está en relación con las reformas ilustradas de los ministros de Carlos III, donde se buscaban soluciones a los distintos problemas del Reino.

La real cédula de 21 de agosto de 1764 ordenaba el cese del traslado de gente a Santo Domingo y las familias fueron llevadas a otros lugares. Junto con las reformas agrarias se promulga en 1778 el comercio libre, pero ya era demasiado tarde para la economía isleña, puesto que la competencia de los puertos peninsulares era mayor y la decadencia canaria era aguda. A partir de este momento se diversificaban parcialmente los lugares de destino y se abría la posibilidad de comerciar con más productos. Los descontentos los encontramos en el propio grupo de ilustrados, don Fernando Rodríguez, miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, escribe el 23 de enero de 1779, refiriéndose a la situación anterior: "El principal comercio de la Península era con Veracruz, Honduras, Buenos Aires, Chile y Perú, donde no concurrían las embarcaciones canarias...", se insertan las dos Reales Cédulas que tratan de la rebaja que S.M. se ha servido conceder a los derechos del Oro, y el arancel que deben observar los Escribanos de registro de los puertos de Indias en que se permite el libre comercio.

El reglamento del 12 de octubre de 1778, orientado en favor del librecambismo había supuesto la apertura al comercio de diversos puertos de España y de América, con el fin del monopolio gaditano, acompañado de una serie de reformas impositivas. En Canarias encontramos la extensión del libre comercio de “los puertos habilitados de España, Mallorca y Canarias” a Buenos Aires hasta las provincias interiores.

Juan Manuel Santana Pérez es profesor titular de Historia Moderna de la ULPGC

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Atenuar los conflictos sociales

Debido a la crisis del vino y al aumento general de la población del Archipiélago, las emigraciones y las levas, más que constituir una sangría poblacional para Canarias, atenuaban las contradicciones estructurales, es decir, sirvieron para frenar posibles conflictos sociales generalizados, aunque de todos modos los motines fueron frecuentes. Por eso la salida de canarios hacia América, en gran parte, respondió a la demanda de Tenerife y Gran Canaria para rebajar las tensiones por la afluencia de majoreros y conejeros a estas islas, al tiempo que a la Corona le servía para repoblar los nuevos territorios y defenderlos frente a los enemigos de España. Sin embargo, en muchas ocasiones, no se logró cubrir el número de familias y se emplearon procedimientos coercitivos.

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