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Canarii 6 - Entrevista

Antonio Bethencourt Massieu

“Hay que desmitificar la historia de Canarias”

La historia de Canarias está llena de mitos, y se ha centrado en lo local y lo insular frente a lo regional. Así opina el presidente de la Academia Canaria de la Historia, Antonio Bethencourt Massieu, para quien “hay que estudiar las peculiaridades de las Islas en relación con su condición atlántica”, que la hacen más vulnerable que el resto de España a los cambios externos. Cree que por las venas de todo canario corre sangre judía, morisca, bereber, inglesa, francesa, normanda… y que la verdadera seña de identidad de las Islas es este mestizaje.

Desde la experiencia y perspectiva de sus 88 años, el ex rector de la Universidad de La Laguna (1976-1980) se muestra crítico con el mundo académico de hoy: cuestiona el actual sistema, la falta de profundización y el exceso de personalismos, y considera necesario abrir un debate sobre el futuro de la historiografía canaria.

¿Cómo surgió su vocación de historiador?

Ya cuando estudiaba en el Viera y Clavijo, mi interés iba por ese camino. Como quería estudiar historia, una vez que entré en la Universidad por la Laguna me pasé a Madrid, que todavía era una Facultad espléndida… Pero como comencé mis estudios en 1936, perdí dos años por la guerra. Teníamos el Plan de la República, y era una manera de enseñar distinta. Sólo te examinabas cuando terminabas los estudios comunes y cuando terminabas la licenciatura. Entonces tenías que hacer primero los exámenes escritos de cada asignatura, y después el examen oral, donde estaban todos los profesores que habías tenido, y tenías que responder a todos las asignaturas, y te iban sacando la media… Hoy día el oral seguro que no lo pasaban muchos, porque era difícil, además no sólo te examinaban de lo que daba el profesor, sino de todo el programa.

Ahora que ve las cosas con perspectiva histórica, ¿en qué ha cambiado la historiografía canaria desde que usted empezó con sus investigaciones?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la historia de Canarias está llena de mitos, y naturalmente hay que desmitificarla. Claro que hay dos clases de mitos. Don Elías Serra dijo y escribió que había roto todo lo que se refería a los mitos de Canarias porque eso no servía para nada. Pero la mitología sí sirve, tiene un aspecto también positivo y además refleja una realidad. Nace porque hay una sustancia que la genera. Pero yo me refiero a los mitos negativos: por ejemplo la pobreza de Canarias a lo largo de los siglos, que no es verdad. Porque si Canarias hubiera sido tan pobre y tan miserable como en las épocas malas durante todos los siglos, aquí no hubiera quedado nada; se hubiera emigrado masivamente, y si embargo hubo incluso inmigración en los siglos XVI y XVII, y en la mitad del XIX empieza la inmigración catalana, mallorquina… Hay muchos extranjeros que se establecen aquí: sólo tiene que ojear la lista de teléfono para descubrir la cantidad de apellidos extranjeros que quedan. Y eso que algunos vivían dentro de su colonia, la ‘colonia inglesa’, que no era la de los colonizadores, porque ese es otro cuento chino… Todo el mundo aquí cree, por ejemplo, que el dinero de la cochinilla desapareció, pero es un dinero que se reinvierte, y la inversión que hace es mayor que la inversión exterior… Lo mismo ha pasado con el turismo: cuánto han invertido en el sur los canarios, y cuánto los extranjeros; es mucho mayor la inversión que han realizado los canarios que los extranjeros, pero el capital extranjero invierte en cosas muy positivas e invierte a lo grande, y por tanto obtiene más beneficios.

Además, es que en Canarias pasa una cosa con lo que viene de fuera, que es que canariza al que se establece. Este es un archipiélago que desde su más remota antigüedad, desde que llegan los bereberes, aquí lo que hay es una mezcla de todo el mundo. Aquí, posiblemente, todo el mundo tiene sangre judía, sangre morisca, sangre bereber, y después todo el mundo tiene sangre inglesa, sangre francesa, sangre normanda… Todo el mundo tiene de todo. Y esa asimilación que se realiza aquí es uno de los signos más positivos de Canarias.

Y los historiadores actuales, ¿en qué medida están contribuyendo a desmitificar nuestra historia?

Al respecto hay que decir dos cosas. Una es que estamos haciendo demasiada mini-historia, que no es lo mismo que micro-historia: mucha historia local. El otro defecto es que hay también demasiada historia insular, cuando la historia tiene que ser mayor. La historia de la isla vale, pero vale más la historia de las Islas. Lo que hay que hacer es la historia regional. ¿Por qué? Porque el Archipiélago es una unidad geográfica, climática…, que ocupa un lugar concreto del Atlántico y que tiene sus peculiaridades. De manera que esas peculiaridades hay que estudiarlas, y no sólo las Islas, sino las Islas en su conjunto Atlántico, en relación con lo que pasa a su alrededor, porque lo que pasa por ahí fuera nos está afectando a nosotros. Voy a poner un ejemplo: La República no tuvo mucho éxito, y hay una causa profunda que lo explica, que es el crack del 29; se quiere hacer un cambio radical en un momento de crisis y, naturalmente, eso malogra las buenas ideas, mientras crecen los problemas internos. Estas cosas afectan mucho más directamente a Canarias que a España. En la República, por ejemplo, el paro en Canarias es altísimo y eso lleva a que aquí en el año 31 ganaran los monárquicos y en el año 36, apenas unos años después, haya podido ganar el Frente Popular. Y así quedan por explicar miles de cosas.

¿Quizá los historiadores canarios han hecho poco esfuerzo interpretativo y demasiado descriptivo de la documentación?

Bueno, existe la monomanía de hacer libros, que son unas 150 páginas mientras las otras 150 o más las ocupa el anejo documental, fuentes que la mayoría de las veces no tienen mucho interés… Pero es que, además, nos encontramos con otro problema, y es que el patrimonio canario no puede estar como ésta, y el patrimonio no es sólo la arqueología y la arquitectura, también es la literatura y también es la historia. Hoy no hay una preocupación por progresar los archivos. Nuestros archivos están retrasados. Bueno el año pasado se puso en marcha el proyecto de Archican, pero aquello se vino abajo. Y que no se pongan los archivos en orden a las alturas actuales, significa que los investigadores no pueden avanzar.

¿Y qué papel están jugando las Facultades de Historia de las dos universidades canarias?

Sinceramente, creo que la situación de las Facultades, y concretamente la Facultad de La Laguna, era mejor cuando estuvimos nosotros, y que tenía una categoría muy superior a la que tiene ahora. Parece que esta gente que está en la Universidad no acaba de tener una idea clara de lo que es una Facultad… ¿Por qué en la Facultad de Historia de La Laguna hay dos cátedras de Contemporáneo; una cátedra vacante de Historia Moderna; una cátedra de Medieval, que está invalidando a la Historia Moderna porque la historia medieval en Canarias es una historia de otro tipo. Y en Las Palmas, por el contrario tres catedráticos de Historia Moderna… Y, además, no hay que estudiar sólo lo que ocurre en Canarias, hay que estudiar toda la historia.

Y en su opinión, ¿a qué se debe esta situación?

Son los grupúsculos… Hay una guerra civil, con enfrentamientos internos…

Predomina quizá el espíritu endogámico…

Sí, la endogamia. Y no digo que no haya buenos trabajadores pero, por charlar al respecto, lo cierto es que se ha montado un sistema en el que vale más el peso de las cosas, de las contribuciones, que la contribución misma. Ya no se hacen libros buenos, libros donde un tío ha estado diez años, quince años, estudiando. Ya no hay Los banqueros de Carlos V, ya no hay Erasmo y el erasmismo en España, ya no se hacen libros que van a perdurar. En Francia por ejemplo sí pervive aún el método tradicional, donde las tesis doctorales duran diez años. Eso es lo que tendríamos que hacer si quisiéramos hacer historia de verdad, investigar durante años.

¿Al parecer, en su opinión, el historiador canario no ha sabido sustraerse al afán de personalismo que existe en la sociedad actual?

Los historiadores canarios lo que quieren ahora es ser directores generales, consejeros de no se qué, asesores de no se cuánto, en definitiva, meterse en la política. Y a mí eso me parece muy humano, pero hace perder el espíritu universitario; el que caracterizaba a aquellos que se metían en la universidad cuando salían jovencitos de la carrera y eran como monjes, una profesión como otra cualquier, y se movían haciendo libros y aportaciones de historia. Así es que lo primero es que dejan de ser historiadores. Ya están detrás de otra cosa, se quitan de las horas de archivo, ahora sí viajan mucho, siempre de un lado para otro… Estas son cosas que habría que sopesar, haría falta una reunión para debatir estas cosas, y hay mucho que confesar.

Marta Cantero Lleó es periodista

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