Inicio > Revista Canarii > Canarii 7 (Diciembre de 2007) > El turismo en Canarias: sus orígenes

Canarii 7 - Tema Central

Historia del turismo en Canarias

El turismo en Canarias: sus orígenes

Una de las razones por las cuales se desarrolló el turismo en las Canarias fue la salud. A partir de la década de los ochenta del siglo XIX, miles de enfermos empezaron a frecuentar las islas de Tenerife y Gran Canaria para curar o aliviar enfermedades reumáticas, cutáneas, pero sobre todo respiratorias, entre las que destacaba la tuberculosis. Entonces se agrupaban con el morfema inglés ‘invalids’. Eran los años que las propiedades beneficiosas del agua y la brisa marinas se habían generalizado y que se recomendaba la terapia a base de los baños en las aguas del mar; por ello la existencia de un litoral para su práctica fue primordial, a lo que se unía el cielo abierto y claro de las Islas.

Ahora bien, si consideramos los viajes como los antecedentes del turismo, entonces el turismo en Canarias existe desde hace siglos. En efecto, algunos de los más distinguidos viajeros románticos y naturalistas van a incluir las Canarias entre sus lugares de preferencia. Figuras internacionales como William Dampier, Nicolás Baudin, James Cook, el conde de La Pérouse, George Vancouver, William Bligh o Alexander von Humboldt siguen siendo hoy puntos de referencia a la hora de asociar Canarias con su imagen turística. Serán éstos y otros viajeros los que impulsaron la fama de las Islas y, en definitiva, constituyen un ‘corpus’ de visitantes extranjeros cuyo legado será el de constituir las bases del turismo en el Archipiélago.

A los viajeros dieciochescos foráneos (naturalistas y exploradores), cuyo número fue elevado, podríamos llamarlo turismo temprano o prototurismo en la medida en que decidieron parar en las Islas mientras se dirigían en sus rutas expedicionarias. Ellos son los que forman el núcleo del turismo moderno en las Islas porque se reencuentran con la atractiva y variada naturaleza insular y porque resaltaron la benignidad del clima de las Islas para la cura de los aquejados de afecciones pulmonares y otras patologías, dos de las características del Archipiélago que aún hoy constituyen los reclamos turísticos de Canarias.

Además de las cualidades climáticas y medioambientales de las Islas, el desarrollo del turismo se produjo en un momento histórico concreto donde confluyeron varias causas. Entre ellas destacaría el desarrollo de las comunicaciones marítimas con las Islas y la costa occidental de África, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, y las nuevas comodidades y lujosas decoraciones en los vapores, unido a la mejora de nuestros puertos. Por su parte, la instalación del cable telegráfico en 1883 facilitó la comunicación con el exterior y el aumento de las comunicaciones marítimas, lo que acercaba más las Islas con el continente europeo en unos momentos en que se pensaba en las posibilidades de la explotación del turismo con un claro fin económico.

Bajo estas favorables condiciones el inicio del turismo moderno en Canarias comenzó en el Puerto de la Cruz en 1886 con la formación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, responsable de establecer el primer hotel sanatorio de Canarias. Su inauguración oficial se realizaró el 12 de septiembre de 1886. Se conocía como el Sanatorium, aunque también se le dominaba Orotava Grand Hotel. Años después se formaron en 1888 la Taoro, Compañía de Construcción y Explotación de Hoteles y Villas del Valle de La Orotava, responsable de la construcción del hotel Taoro en el Puerto de la Cruz y la Grand Canary Company, responsable de la construcción del hotel Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria.

La aparición de los hoteles Taoro y Santa Catalina obligó al resto de los empresarios a mejorar la oferta de hospedaje para poder competir con cierto grado de posibilidades de captar cuotas de mercado. Así, entre la última década del siglo XIX y la primera del siguiente, Canarias va a ser testigo de la aparición de una oferta hotelera de calidad. Son ejemplos el hotel Metropole, instalado por Alfred L. Jones de la Elder Dempter and Co.; el hotel Santa Brígida, construido por el británico Alarico Delmar, entre otros, en Las Palmas de Gran Canaria, y los hoteles Pino de Oro, Quisisana, construido por otro británico, Henry Wolfson; el Battenberg, el Camacho en Tacoronte, en Santa Cruz de Tenerife.

No obstante, a pesar del aumento del número de turistas, nunca fue lo suficientemente importante como estaba sucediendo en Europa. En efecto, mientras que en 1895 Canarias recibió unos 5.000 visitantes, en su mayoría británicos, a Italia viajaron 90.000 y solamente a Niza en el año 1890 viajaron 100.000 extranjeros, de los cuales muchos eran británicos. El hotel Taoro esperaba recibir 2.500 huéspedes por temporada, sin embargo el máximo alcanzado fue de 1.200 en la temporada 1900-1901.

Varias fueron las causas que obstaculizaron el desarrollo del turismo insular en sus inicios. Una de ellas fue la ausencia de líneas navieras directas, puesto que los enclaves canarios eran puertos de escala de las compañías que efectuaban sus rutas hacia el Oriente, América y Oceanía. Solamente en los comienzos del presente siglo, hubo algunas líneas que establecieron rutas directas como consecuencia del desarrollo de la explotación del plátano, siendo la Yeoward Line la más destacada. Otra fue la falta de turoperadores, pues las compañías marítimas no operaban como agencias de viajes, como funcionan hoy en día, que ofrecen un paquete combinado de transporte y alojamiento, sino que se limitaban a la venta de billetes para transportar pasajeros; solamente se encargaban del transporte de viajeros, pero en absoluto proporcionaban alojamiento en las Islas.

Desde la perspectiva del turismo en Canarias, dos son los aspectos que destacan en las primeras décadas del siglo XX. En primer lugar comienza a hacer acto de presencia el turismo alemán, en contraposición al siglo XIX, que era casi exclusivamente británico. Contribuyó decididamente el empuje hotelero germano en las Islas, sobre todo en Tenerife. El hotel Taoro fue adquirido por la Kurhaus Betriebs Gesellschaft en 1905; los hoteles Aguere, Martiánez y Quisisana estaban regentados por Khristian Trenkel; el hotel Monopol por J.M. Knörnschild; el hotel Ciprés por Adolf Stiehle, etc. En segundo lugar, la creciente importancia social y económica del sector turístico ocupa la atención de la administración. Bajo el gobierno liberal de Montero Ríos se formó en 1905 la Comisión Nacional para el Fomento del Turismo con la clara intención de atraer a extranjeros como una nueva forma de ingresos económicos. Al amparo de esta iniciativa estatal en 1907 se fundó en Tenerife el Centro de Propaganda y Fomento del Turismo y en 1910 la Sociedad de Propaganda y Fomento del Turismo de Gran Canaria. Destaca también el Comité de Turismo del Valle de La Orotava, formado en el Puerto de la Cruz el 29 de enero de 1912. Años después se formó la Junta Insular de Turismo. Se hacen esfuerzos por difundir la imagen turística de las Islas por Europa.

El largo periodo que va desde la Primera Guerra Mundial (1914-18), el periodo de entreguerras, la Guerra Civil de España (1936-39) y la II Guerra Mundial (1939-45) supuso la interrupción definitiva del turismo extranjero. De los difíciles años cuarenta poco se puede resaltar en el panorama turístico canario. Probablemente el protagonismo lo capitalizó la construcción del hotel Mencey en Santa Cruz de Tenerife y la reapertura del hotel Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria, costeados por el Mando Económico, en 1950 y 1952, respectivamente. Sin embargo, a partir de los años sesenta del siglo pasado, el desarrollo del turismo posee unas características muy diferentes: el turismo de masas. Este modelo turístico ya no está protagonizado por un turismo de elite como el de décadas anteriores, sino por amplias capas de la clase media de la Europa occidental como consecuencia de la recuperación económica y la prosperidad de los años sesenta y setenta, y que aún pervive, con ciertas variantes, en Canarias.

Nicolás González Lemus es Historiador y profesor de la Escuela Universitaria Iriarte (adscrita a la Universidad de La Laguna)

Imágenes

Las ventajas terapéuticas del clima canario

Incluso, las ventajas terapéuticas de las Islas ya fueron puestas de relieve por un buen número de viajeros en el siglo XVIII. El primero que las señaló fue William Anderson, médico y naturalista a bordo del ‘Resolution’, la fragata del tercer viaje de James Cook. Este prestigioso cirujano padecía tuberculosis y murió a bordo el 3 de agosto de 1778 a consecuencia de ella. Durante su visita a Tenerife escribió que “el aire y el clima son notablemente sanos y particularmente apropiados para prestar alivio a enfermedades tales como la tuberculosis” y aconseja a los médicos que envíen a sus pacientes a Tenerife por la uniformidad de su temperatura y la benignidad de su clima, en lugar de enviarlos a Europa, sobre todo a las riberas francesa e italiana, puestas de moda en el Grand Tour. Casi una década después, lo hizo el médico John White, uno de los capitanes de la ‘First Fleet’, el escuadrón que bajo el capitán Arthur Phillip partió el 13 de mayo de 1787 con el primer grupo de hombres (700 convictos) hacia Botany Bay. White puso de manifiesto las cualidades del clima de Tenerife para el beneficio de la salud de los ‘invalids’ y comentó que “el clima de Tenerife es agradable y sano. No conozco ninguno mejor para la convalecencia de los enfermos. A esto hay que añadir, que los que quieran vivir aquí pueden elegir la temperatura que más le guste por el carácter montañoso de la isla”.

Recursos relacionados

Buscar artículos por

Fundación Canaria Archipiélago 2021