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Canarii 7 - Historia del Arte

La ilustrada elocuencia del discurso artístico de Luján Pérez (1756-1815)

Luján Pérez: entre el dramatismo y la belleza

Enigmática y armónica belleza, sentimientos contenidos y encontrados se entremezclan en el imaginario sacro de José Luján Pérez. Su particular discurso estético ha supuesto un permanente diálogo para el espectador atemporal de ayer y hoy, en el que la exaltación y el arrebato religioso se funden con un sosegado intimismo devocional de carácter privado.

Este pensamiento estético ha hecho posible que distintas generaciones de canarios consideren a este imaginero- nacido a mediados del Setecientos en Guía de Gran Canaria- un artista cercano, identificado con las esculturas pasionarias custodiadas en distintas iglesias del Archipiélago, que anualmente recorren las calles principales de distintas Islas durante la Semana Santa. Pero, junto a ese Luján reconocido públicamente, hay otro Luján que podemos considerar íntimo, el que talla con mimo y cuidado pequeñas figuras, microimaginería, para oratorios privados.

Con sugerente elocuencia supo aunar, de modo pionero en Canarias, la tradicional enseñanza de taller para la formación académica con la habilidad de un virtuoso de la gubia, plasmando convincentes rostros arropados por volumétricos y escenográficos paños, tallados o de telas encoladas. Caso aparte representan las imágenes de candelero, muy demandadas por la sociedad canaria, no sólo por su menor coste sino también por el halo verista que desprendían al adererezarlas con ropajes reales.

Realizó un ingente número de obras de imaginería, así como reformas y remodelaciones efectuadas sobre antiguas tallas de distintas iglesias del Archipiélago; bien es verdad que contando con una serie de artífices, ayudantes en su taller, de entre los que destacaron dos relevantes colaboradores en el hábil manejo de la policromía y de la elaboración de los estofados, José Ossavarry y Manuel Antonio de la Cruz (Puerto de la Cruz).

Talló obras para su isla natal, Gran Canaria, y para Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y La Gomera, concebidas con una oratoria plástica que podemos considerar ecléctica, por saber interaccionar armónicamente escénicos modos tardo-barroquizantes con los nuevos aires clasicistas que le permitieron imprimir a sus imágenes devocionales- para la Semana Mayor y capillas privadas- un sugerente dramatismo sugerido, sin restarles belleza y rotundidad. En su iconografía fue muy recurrente la plasmación de Crucificados y de Vírgenes Dolorosas, al lado de toda una serie de advocaciones marianas, pasos procesionales y un amplio repertorio hagiográfico, concebidas todas ellas bajo diferentes formatos.

Entre sus Crucificados sobresalen los denominados ‘Cristo de la Vera Cruz’, propiedad del Ayuntamiento de Las Palmas, depositado en la iglesia de San Agustín junto al ‘Cristo de la Sala Capitular’ de la Catedral de Canarias. Para la ejecución de este último, debió de tener presente la imagen del Crucificado de Agustín Ruiz (1604), que presidía el altar mayor catedralicio, ya que pudo contemplarlo de cerca cuando se procedió a su descendimiento para colocarlo en el pavimento del templo, a finales de mayo de 1791, a causa de una serie de epidemias que sufrieron los habitantes de la ciudad.

El sobrio, elegante y atemperado ‘Crucificado’ de Santa Ana- que preside la Sala de reunión de los canónigos- merece la consideración de ser una de las obras más celebradas del escultor de Guía, conjuntamente con la ‘Dolorosa’ del mismo recinto catedralicio. Desde el año 1928, ambas salen en procesión en la mañana del Viernes Santo, denominada ‘de las mantillas’, ya que los pasos van acompañados por señoras y niñas ataviadas con esta tradicional prenda canaria de color blanco. La talla completa de la ‘Virgen de los Dolores’, donada a la Catedral Canariense por el deán Miguel Mariano de Toledo (1805), llama la atención del observador por la serena grandiosidad de su porte y el lacónico, a la par que bello, ensimismamiento de su rostro.

Toda una serie de ‘Dolorosas’ lujanianas se veneran en distintos recintos sacros del Archipiélago, caracterizadas por un escénico y elocuente sentimentalismo. La localizada en la iglesia de la Concepción de La Laguna se conoce con el sobrenombre de ‘La Predilecta’ y la llamada ‘Dolorosa del miércoles’ se encuentra en la iglesia de Santo Domingo de Las Palmas. Distintas Vírgenes de los Dolores se custodian en las parroquias de Valsequillo, San Mateo, Santiago de Gáldar, San Juan de Telde e iglesias de San Sebastián de Agüimes y de Santa María de Betancuria en la provincia de Las Palmas. En la isla de Tenerife reseñamos las conservadas en las iglesias de San Bartolomé de Tejina, Concepción de la Orotava y Concepción de Santa Cruz, a las que habría que añadir la denominada ‘Virgen de Gloria’, localizada en San Juan Bautista de la Orotava.

Los pasos procesionales para la Semana de Pasión ocupan un privilegiado lugar dentro de la producción del maestro Pérez, así como las esculturas dedicadas a los santos, siendo recurrentes en su imaginario plástico las relativas a San Juan Evangelista, San José o San Sebastián. En su particular galería hagiográfica figuran apóstoles, Padres de la Iglesia, Santas Mujeres, los progenitores de la Virgen, ángeles, frailes y mártires, plasmados con amplio desarrollo volumétrico, bien caracterizados y acompañados de atributos que les identifiquen.

El imaginero de Guía, en bastantes ocasiones, remodeló y reformó obras ya existentes como la imagen de la ‘Virgen de Guadalupe’ en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria de Moya o las esculturas de ‘San José’ y ‘San Roque’ de la iglesia del Buen Suceso, localizadas en El Carrizal de Ingenio y compradas en Madrid en el siglo XVIII por la citada parroquia. Como no gustaron, el párroco se las dio a Luján a fin de que las remodelase.

La estela y magisterio artístico de José Luján Pérez tendría eco en otros artífices canarios, de modo especial en el relevante imaginero orotavense Fernando Estévez del Sacramento (La Orotava, 1788- 1854), cuya moderna y libre personalidad artística brilla con luz propia en el panorama de las Bellas Artes en Canarias. La huella del imaginero de Guía está también presente en Manuel Hernández García, conocido como “el Morenito” (Las Palmas, 1802-1874).

La polifacética personalidad artística del maestro guiense queda también reflejada en sus quehaceres dentro de los ámbitos de la arquitectura, urbanismo y diseño de piezas lignarias (tanto retablos como mobiliario). En el campo de la renovación arquitectónica, la labor de Luján Pérez se canaliza especialmente en torno a la Catedral de Santa Ana, de la que fue nombrado maestro de obras, continuando los trabajos acometidos por su maestro Diego Nicolás Eduardo.

El nombre de José Luján constituye una referencia obligada en el marco de los estudios de la plástica canaria, ya que participa en una etapa trascendental para la evolución del arte en estas Islas, cuyos resultados permitieron producir una auténtica e insólita renovación de la enseñanza y plástica escultórica. Luján va a proyectar una estética personal y de calidad indiscutible, fruto de sus innatas cualidades artísticas y del sólido aprendizaje al lado de determinados maestros como son los casos de Diego Nicolás Eduardo (en el marco del trazado arquitectónico), José de San Guillermo Quesada (en lo relativo al aprendizaje escultórico) o Cristóbal Afonso (en el terreno pictórico).

El mérito de José Luján Pérez estriba, por otra parte, en su capacidad técnica para trabajar desde un modesto taller provinciano, alejado de los centros de difusión artísticos peninsulares, teniendo en cuenta que su vida discurre en un escenario insular en el que parece se concibe el mundo exterior como una amenaza, a causa de las repercusiones de los conflictos internacionales de la Monarquía borbónica y de la Guerra del Corso.

María de los Reyes Hernández Socorro, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Imágenes

Luján y el ambiente ilustrado

Las aportaciones legadas por el grancanario pueden ser consideradas las más significativas del período ilustrado canario en el campo de las artes. Hay que tener en cuenta que desde el último cuarto del siglo XVIII el Archipiélago vivía una de las etapas más interesantes de su historia, aquélla que precisamente coincide con su apertura hacia el exterior. Gracias al interés comercial que despertaba y a la presencia de algunas personalidades de las letras y de la política en la Corte, Canarias conoció de primera mano las corrientes filosóficas, culturales y artísticas que tenían vigencia durante la crisis del Antiguo Régimen. Desde las Islas, Luján Pérez será el artífice que codifique y aliente tales planteamientos, teniendo siempre presente la perspectiva y sensibilidad del entorno isleño.

Las creaciones llevadas a cabo por el maestro Pérez- tal y como era conocido- deben de ponerse en directa relación con el entorno en el que le tocó vivir, gracias a que pudo disfrutar del privilegio de haber sido acogido por el cabildo de la Catedral de Santa Ana, participando del ambiente ilustrado auspiciado por determinados integrantes de aquél que impulsaron y renovaron la creación artística y el desarrollo científico-cultural en Gran Canaria. Nos referimos, primordialmente, al citado canónigo-arquitecto Diego Nicolás Eduardo, quien le preparó para que en su momento pudiera sucederle en la dirección de las obras de la Catedral Canariense y de la Academia de Dibujo de Las Palmas; a los hermanos José, María Joaquina y Nicolás Viera y Clavijo; en especial a José, Arcediano de Fuerteventura y eminente polígrafo. Junto a los nombres citados, podemos mencionar al Deán Jerónimo de Róo y Fonte y a los prelados Tavira y Verdugo. En las conversaciones mantenidas con estos clérigos, como es el caso de los pintores Cristóbal Afonso, Juan de Miranda o Luis de la Cruz, el artífice grancanario supo reflejar y transmitir en sus producciones, de modo didáctico y escenográfico, el espíritu de su época. Ello fue posible no sólo por sus destrezas como escultor y proyectista, sino gracias a ese privilegiado círculo de personajes vinculados al mundo eclesiástico que le protegió por haber sabido asimilar y entender el mensaje de renovación del arte sacro acorde con los nuevos tiempos.

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