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Canarii 7 - Tema Central

Historia del turismo en Canarias

Néstor y el tipismo

El encanto de los paisajes, de las leyendas, del clima de Canarias se vio complementado con la obra de dos artistas que crearon modelos turísticos para las Islas que aún siguen siendo referentes. El artista re-crea el paisaje turístico insular, fomentando por un lado el tipismo y por otro la integración del arte y naturaleza para servir de postal turística.

Los especialistas señalan que en el desarrollo de la imagen turística existen varios hitos, uno de los cuales es el hecho de que dos artistas de relevancia internacional como Néstor Martín Fernández de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1887-1938) y César Manrique Cabrera (Arrecife de Lanzarote, 1919-1992) se implicaran en la intervención artística para elaborar sendos modelos turísticos, con evidentes diferencias respecto a las épocas que les tocó vivir.

Antes de la irrupción de estos dos artistas en el desarrollo turístico de Canarias, tenemos que señalar varias etapas, como la que abarca la imagen romántica de las Islas, desde comienzos del siglo XVIII hasta el comienzo de la primera guerra mundial (1914), en la que comerciantes, científicos y viajeros recalan en nuestras islas atraídos por su flora, sus gentes y la curiosidad arqueológica. De ahí que Canarias fuera un lugar preferente de visita para la elite científica del siglo (Humboldt, Linneo, Feuillée, Linneo, Bougainville, Cook...), y que dará paso a una segunda etapa –fundamentalmente en el siglo XIX- con visitas de figuras de la talla de Webb y Berthelot, Von Fritsh, etc., quienes continuarán las labores de búsqueda de especies de flora y fauna, así como el estudio de los hitos geológicos de una región que entusiasma a los asombrados científicos al ser uno de los territorios más interesantes para la investigación vulcanológica del planeta.

Pese a ese interés por demostrarlo todo, es en esta época en la que las Islas recuperan su mitología, el clima de las Hespérides, la Atlántida y las leyendas sobre los antiguos pobladores. Así se consolida un reclamo que permite la creación y consolidación de las primeras infraestructuras turísticas para atender una demanda de personas que buscan la mejora de sus enfermedades, principalmente pulmonares, promocionándose acertadamente la pureza y salubridad de la atmósfera insular, junto a unas aguas curativas de fama internacional.

Los científicos no dejarán de llegar a las Islas. En el S. XX tenemos figuras de la talla de David Bannerman, Sventenius o Kunkel, pero es en el tránsito entre los siglos XIX y XX cuando comienzan a visitar el Archipiélago viajeros que dejan escritas obras tan interesantes como ‘Tenerife y sus seis satélites’, de Olivia Stone. Se trata de guías completísimas que retratan literaria, gráfica y fotográficamente las Islas. Incluso, Unamuno refleja su conocimiento de las Islas en su obra ‘Por tierras de Portugal y España’ (1911) y en ‘De Fuerteventura a París’ (1925), tras su exilio en la isla majorera durante la dictadura de Primo de Rivera.

Néstor y el tipismo

La preocupación por lo que ya se consolidaba como un sector económico con perspectivas de futuro, el turismo, dio lugar a numerosas iniciativas ciudadanas. Tal es el caso de la revista ‘Canarias Turismo’ (editada por la Sociedad Fomento de Gran Canaria entre 1910-14 y por la Junta de Turismo de Las Palmas entre 1930-31); los artículos de Francisco González (1864-1945), o el espíritu emprendedor y movilizador de Domingo Doreste ‘Fray Lesco’ (1868-1940), autor de la primera guía turística “con apresto literario y dignidad tipográfica” de Gran Canaria, que acuñó una frase que tuvo fortuna, mil veces repetida luego sin mención del autor, el eslogan más certero imaginado hasta ahora sobre nuestra isla: “Gran Canaria, continente en miniatura”. Es precisamente Fray Lesco quien recoge en sus artículos unas palabras de un musicólogo y compositor alemán el doctor Stein, con quien conversó sobre el incipiente turismo, en las que señala que el turismo no pide lujo, sino ambiente, de ahí que concluya que el turismo es “sobre todo un experimento cultural, una obra de larga cultura, que exige una elevación espiritual en el pueblo que desea ser visitado. Más que habilitación de hoteles, preparación de almas”.

Así plantea Fray Lesco los grandes problemas turísticos de Gran Canaria: ¿ofrece la isla al turista un espectáculo natural atrayente?; ¿tiene capacidad el isleño de sentir la virtud fundamental de la hospitalidad, es decir, la simpatía? También este autor analiza los hábitos negativos como son la explotación en precios, desgana y lentitud en el servicio; ruidos, escasez de agua cortes de luz, falta de guías humanos e impresos, ausencia de artículos propios de la Isla, desconocimiento de idiomas por los guardias, acoso en las playas, etc., todo ello reflejado en un artículo que publicó en ‘El País’ (1933).

Fruto de esas inquietudes es la celebración de un mitin proturismo en el teatro Pérez Galdós en 1935, donde las propuestas y el modelo de Néstor Martín Fernández de la Torre ya han sido asumidas por la sociedad, así como la continuidad (tras el periodo de la guerra civil y la segunda guerra mundial) de la actividad promocional mediante la revista ‘Isla’ (editada por el Centro de Iniciativas y Turismo entre 1946-1969), que mantiene el espíritu del artista, aún después de su muerte.

Néstor es uno de los grandes pintores del modernismo español, pero también es un defensor a ultranza del desarrollo turístico en una época en la que los trasatlánticos eran el medio de transporte usado por los viajeros, varias décadas antes de la irrupción del chárter. Su visión turística abarcó el folclore, la gastronomía, la arquitectura, el diseño de muebles, la vestimenta y la concepción de la romería, todo ello junto a una serie de obras pictóricas realizadas entre 1928 y 1934 bajo el título ‘Visiones de Gran Canaria’ que muestran una imagen insular de modelo turístico entre vestimentas recreadas y aceptadas por la burguesía local y con continuidad durante la dictadura. Sin embargo, su ‘modelo’ está lejos de la tradición cultural del pueblo canario, por lo que ha coexistido hasta nuestros días un escaparate turístico re-creado por Néstor, con sus trajes y sus propios espacios (Mirador del Pico de Bandama, Pueblo Canario, Parador de Tejeda, Casa del Turista en el Parque Santa Catalina), mientras el pueblo de Gran Canaria intentaba mantener sus tradiciones sin respaldo o interés de la burguesía local.

Sin embargo, el tipismo logra encauzar el ánimo de una sociedad en la que la pavimentación de la avenida de Las Canteras (en los años 30) y la recuperación de la economía y el turismo tras la primera guerra mundial, permite a los hermanos Martín Fernández de la Torre, Néstor y Miguel, conseguir los apoyos suficientes para sus proyectos destinados a relanzar el turismo siguiendo su modelo, con ideas o planteamientos tales como el fomento de la artesanía, vestimenta y gastronomía, la mejora estética de los pueblos, arbolado, no estropear Maspalomas “evitando lo ocurrido con Las Canteras”; el parador y el Pueblo Canario, crear un casino y convertir el castillo de La Luz, restaurado, en un museo.

Las obras imaginadas por Néstor se inaugurarían tras su muerte y, apenas veinte años después, comienza la etapa de turismo de masas en las Islas. Un proceso que coincide con la llegada de vuelos chárter desde los países nórdicos, principalmente a Gran Canaria, por contar con el mejor aeropuerto de las Islas y un desarrollo turístico que termina trasladándose hacia las playas del Sur, tras el comienzo de las urbanizaciones que surgen tras el concurso internacional Maspalomas Costa Canaria. Es también la época de los Planes de Desarrollo, auspiciados desde Madrid para captar fondos de inversión extranjeros para las arcas del Estado.

Las cifras muestran la espectacularidad del proceso: en 1957 llegaron a Gran Canaria 22.595 turistas, mientras en 1968 la cifra ascendería a 345.746. Para 1973 se calculaba en más de un millón el número de turistas llegados a las Islas, mientras el II Plan Canarias preveía inversiones en instalaciones turísticas (apartamentos y hoteles) por valor de más de 10.000 millones de pesetas.

Las ideas y proyectos de Néstor se toparon con una realidad política diferente a la que imaginó, una dictadura que encuentra en el turismo de masas (propiciado por el auge de los vuelos chárter) la obtención de las divisas que tanto necesitaba la dictadura.

Míchel Jorge Millares es periodista

Imágenes

La herencia de Néstor

La guerra civil y la segunda guerra mundial frenaron el desarrollo turístico y la muerte prematura de Néstor hizo que su influencia se limitara a los aspectos estéticos y no se tuviera en cuenta su radical defensa de algunos espacios y paisajes. Aún así, había realizado conferencias sobre turismo y escribe un manifiesto sobre el tipismo (1937) que sería publicado tras su muerte. Sin embargo, 70 años después de su muerte, muchos de los aspectos tratados por Néstor siguen estando vigentes: creación de infraestructuras para el turista (Museo en el Castillo de La Luz, Parador de Tejeda, potenciación de la artesanía, dominio del blanco en las construcciones, repoblación con flora autóctona, atención y hospitalidad con los turistas, aprendizaje de idiomas extranjeros, utilización de vestimenta local) y el control económico del sector turístico desde Canarias, que puso freno al capital extranjero.

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