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Canarii 7 - Historia Moderna

Las repercusiones en Canarias del terremoto de Lisboa en 1755

Un tsunami en Canarias

Con motivo del reciente tsunami que devastó varias zonas de Indonesia, hemos podido leer cómo algún especialista opinaba que en Canarias era imposible que se produjera un fenómeno similar. Sin embargo, la realidad es que sí ha habido al menos uno, tal como recoge el documento que reproducimos al final de este texto.

Fue provocado por el célebre terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755, que no sólo devastó la ciudad y provocó miles de muertos, sino que además repercutió en toda la Península, en distintos países europeos, en el Mediterráneo y en la costa atlántica marroquí. También Madeira y Azores se vieron afectadas, aunque al igual que en Canarias no hubo víctimas ni apenas daños materiales. Llegaría incluso el tsunami a América del Sur. La explicación de su virulencia está en su intensidad, nada menos que 8,5 en la escala Richter. El lugar de España que más sufrió las consecuencias del terremoto fue Cádiz, donde el mar invadió la población hasta tres veces, provocando la muerte de varios centenares de personas, de las cuales desaparecieron unas 500. La última ola se calcula que pudo tener unos 35 metros de altura y, al igual que en Las Palmas, al retirarse dejó sobre la arena toda clase de fauna marina. Debido a estos daños, el ministro de Estado, Ricardo Wall, solicitó información a todas las autoridades del reino a través del presidente del Consejo de Castilla, que envió una carta reproduciendo las instrucciones de Wall del 8 de noviembre, que rezaban así:

Por las cartas que van llegando sucesivamente de todas partes, se ve que el temblor de tierra experimentado en esta Corte el día 1 del corriente alcanzó a otras muchas ciudades, villas y pueblos del reino. Y para saber con alguna puntualidad los daños y perjuicios que este funesto y terrible fenómeno causó en las partes donde se experimentó, quiere el Rey escriba a todos los jueces que mandan las capitales y pueblos de alguna consideración, tanto realengos como de señorío, pidiéndoles una noticia exacta de si en los lugares de su jurisdicción se sintió el terremoto, a qué hora, qué tiempo duró, qué movimientos se observaron en los suelos, paredes y edificios, qué ruinas, muertes o heridas en personas y animales ha ocasionado y, asimismo, de cualquier cosa notable que consideren como precedida o causada del temblor, como también si antes de él hubiese alguno previsto o reparado algunas señales que lo anunciasen con expresión de las que fueron, y del fundamento con que cada uno las conceptuaba como tales.

El documento que adjuntamos es, sin duda, la respuesta del capitán general de Canarias, Juan de Urbina (1746-1761), al ministro, aunque la distancia y las malas comunicaciones difirieran la respuesta hasta el 6 de marzo, mientras que por ejemplo la de Gerona se remitió a Wall el 3 de diciembre. Es de destacar que pensamos que es inédito, pues en la bibliografía que manejamos no lo hemos visto citado. No precisa ningún comentario, únicamente señalar que el tsunami parece que fue más intenso en Gran Canaria, aunque comparado con el de Cádiz resultó minúsculo. Valga como ejemplo que mientras el mar se retiró en esta ciudad unos dos kilómetros, en La Luz tan sólo a “un tiro de pistola”, es decir a menos de 100 metros. En cambio, en ambas fueron tres las olas que invadieron la tierra y, al igual que en la ermita, al retirarse dejó el suelo cubierto de peces. Por último, señalar la existencia de un pecio en esta zona, que por el desconocimiento que se tenía de su existencia debía ser bastante antiguo.

Luis Alberto Anaya Hernández es profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Los efectos de las olas

Muy s[eño]r. mío: habiendo llegado a estas Islas las noticias de los estragos que causó el terremoto que se sintió en esa Corte y en otras partes, la mañana del día primero de noviembre me ha parecido preciso dar aviso a V[uestra].E[xcelencia]. de n[uest]ra. felicidad en esta tragedia p[ar]a. que la participe al Rey.

El citado día, como a las once de la mañana, estando el mar en tranquilidad, se elevaron las gradas del muelle, pero no fue tanta esta avenida que se hiciese notable a todos, ni causó en este puerto y sus costas otro efecto que admirar a los pocos que advirtieron esta novedad.

En esta misma Isla, por la costa que llaman las Bandas del Norte, fue mayor la elevación de las aguas y notoriamente advertida con algún sobresalto de todos los habitadores de este paraje, pero sin estrago.

En la isla de Gran Canaria se experimentó igual movimiento del mar y los habitadores de su principal ciudad estuvieron viendo desde los balcones y cercanías de la marina esta repentina hinchazón de las aguas en la misma hora y con el mayor asombro, y mucho más cuando vieron que, retiradas ocho o diez minutos, volvieron con mayor impulso sobre los no tocados límites en la antecedente invasión, repitiéndose hasta tres veces en aquella Isla esta gran novedad, pero sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse, y sólo en el Puerto principal de esa Isla, nombrado el Puerto de la Luz, distante una corta legua de la ciudad, se vio entrar el mar e inundar la ermita que allí había de Nuestra Señora de la Luz, y habiéndose retirado como un tiro de pistola dentro de su antiguo límite, descubrió el casco de un navío, de cuyo naufragio no hay memoria, y dejó la ermita llena de pescado.

En las islas de Fuerteventura y Lanzarote se experimentó el mismo movimiento, pero también sin estrago; sólo que en la última se arruinaron unas salinas de que se proveían aquellos naturales.

Habiendo sabido por las cartas de España, y otras de diferentes partes de la Europa, lo casi universal que fue el temblor de tierra del referido día y la catástrofe que padecieron muchos pueblos y, lo que es más triste, innumerables personas, hemos dado a Dios repetidas gracias con la mayor solemnidad, a las que di yo principio el día del Apóstol San Matías, y continuó este pueblo y todos los de esta Isla con la mayor devoción, porque habiendo llenado este día la Europa de asombro, horror y tragedia, nosotros por la misericordia de Dios solo tuvimos asunto que admirar, pero no con circunstancias que nos despertaran el miedo.

Es cuanto ha ocurrido digno de participar a V[uestra].E[xcelencia]. En estas Islas y sus mares.

Dios guarde a V[uestra].E[xcelencia]. Santa Cruz de Tenerife, marzo, 6 de 1756

Al exmo. Sr. D. Ricardo Wal.

(Agradecemos al amigo José León, alias Pepe “el uruguayo”, la cesión de este documento).

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