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Canarii 9 - Historia de la Cultura

La isla no tendría imprenta hasta el siglo XIX

El origen del la imprenta en Gran Canaria

Estas islas, que vieron pasar por sus puertos a muchos de los primeros impresores de América, no lograron que ninguno de ellos contemplara la posibilidad de establecerse aquí hasta que a mitad del siglo XVIII el sevillano Pedro José Pablo Díaz y Romero decidió abrir una imprenta en Santa Cruz de Tenerife. Pero, dado que sus trabajos eran de muy mala calidad, pues los realizaba con tipos viejos y gastados que había traído de la capital hispalense, hasta el propio Viera y Clavijo no dudó en decir que era como si no la hubiese.

No debemos olvidar lo que señalara con estimable acierto Francisco María de León, en sus Breves apuntes sobre la historia del arte tipográfico en Canarias, al resaltar cómo “la imprenta data de 1440, pocos años después de conocidas las Islas Canarias. Pero transcurrieron los siglos XVI y XVII y el arte tipográfico no se extendió a las Canarias, porque si bien entonces varios naturales de las islas escribieron algunos libros los imprimían en la península, donde verificaban sus estudios”, caso del primer gran poeta de Canarias, Bartolomé Cairasco de Figueroa.

La génesis de la historia tipográfica canaria se producirá en el XVIII, en un momento en el que, como manifiesta Infantes Florido en su biografía del Obispo Tavira, las Islas cuentan “con una avanzadilla de ilustrados”. Y es que una de las grandes preocupaciones de los hombres de la ilustración sería el combatir la lacra del analfabetismo, incluso introduciendo nuevos métodos pedagógicos. Buena prueba de ello es uno de los primeros periódicos manuscritos de Canarias, Memoriales del Síndico Personero, redactado por José de Viera y Clavijo y dirigido en su totalidad a despertar el interés de las autoridades por el desarrollo educativo de la población isleña, frente a la “santa ignorancia” en la que a ciertos poderes parecía interesarles mantenerla sumergida. También las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País desde su fundación, la de Gran Canaria en 1776 y la de Tenerife al año siguiente, se ponen a la tarea de crear escuelas y desarrollar la formación cultural de los canarios, por lo que no dudan en establecer dos de las primeras imprentas de las islas, la de La Laguna y la de Las Palmas de Gran Canaria.

Otros dos grandes defensores del establecimiento de imprentas en las islas serían José de Bethencourt y Castro, que, en torno a 1780, redactó y presentó ante los Amigos del País de La Laguna un Discurso en el que se exponen los medios más fáciles y menos costosos para planificar una imprenta en la Isla de Tenerife; y el médico palmero Antonio de los Santos, quien, sustituyendo al director de la mencionada Sociedad Económica, dio a conocer un informe sobre el establecimiento en esa ciudad de una imprenta que habría de regir el impresor Miguel Ángel Bazzantti y Arighetti. Y así ocurre, pues la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife compra los restos de la primera imprenta tinerfeña y adquiere nuevos tipos y otros utensilios, que pone en manos del mencionado tipógrafo, el cual deberá mantenerse al frente de este taller al menos hasta que instruya adecuadamente a un discípulo. Para cumplir con esta cláusula contractual prepara en el oficio a dos alumnos, Juan Díaz Machado y Antonio López, aunque no logran ni los conocimientos, ni la profesionalidad de su tutor. El primero de ellos sería, a partir de 1800 y por espacio de un año largo, el primer tipógrafo de Gran Canaria. En Las Palmas de Gran Canaria la primera imprenta se estableció en el año 1800, gracias a la iniciativa de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de esta isla, institución a la que hoy debemos reconocer el título y el honor de haber sido el primer empresario de imprenta de esta provincia.

La concepción de la idea de traer a la ciudad su primera imprenta se atribuye a José de Viera y Clavijo, que residía en esta ciudad desde 1784, y había llegado a ocupar el cargo de director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. El mismo Viera nos lo sugiere en sus memorias, al exponer cómo “influyó mucho en la resolución que efectuó la misma Sociedad, de establecer en Canaria una pequeña imprenta”.

La primera imprenta de Gran Canaria, encargada en Cádiz, llegó a la capital insular el 25 de abril de 1794, y los caracteres, que se compraron en Barcelona, lo harían el 29 de noviembre de 1798. El envío estaba integrado por una fundición de texto, cinco abecedarios de diversos tamaños, viñetas de atanasia y de breviario, así como regletas de imprimir, según descripción hecha por Agustín Millares Carló. Esta larga diferencia entre una y otra fecha, como los dos años que aún necesitaron para la puesta en marcha del taller, prueban las grandes dificultades que conllevaba, en aquellos días, esta aventura cultural, que sólo se logró gracias al empeño, la inquietud y la tenacidad de aquel grupo de ilustrados que soñaban con la imprenta como única forma de poder difundir adecuadamente sus ideales de progreso y bienestar.

La Real Sociedad Económica de Amigos del País propuso, como maestro regente de su imprenta, al tipógrafo lagunero Juan Díaz Machado, con quien firma un contrato el 11 de marzo de 1794, en el que fue estipulado que la oficina se llamaría Imprenta de la Real Sociedad de Gran Canaria. Sin embargo, Díaz Machado no se trasladó a Gran Canaria hasta el 8 de septiembre de 1800, pues hasta esa fecha no se enteró, o no se lo comunicaron, de que todos los útiles de la imprenta estaban ya en la isla.

Agustín Millares Carló dio a conocer algunos de los folletos impresos por Díaz Machado, entre ellos la Novena devota al glorisisimo (sic) Patriarca Santo Domingo de Guzman que se hace en el Convento y Estudio General de S. Pedro Martir de la Ciudad RL. de Las Palmas con licencia en Canaria: por Juan Diaz Machado impresor de la RL. Soc. año 1801. 22 pags. 1 embl. (24). 14 x 10. La estancia en Gran Canaria del tipógrafo Díaz Machado es relativamente corta. El 16 de marzo de 1801, en un Memorial presentado a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, solicita un nuevo crédito, pues la vida se había encarecido mucho en los últimos meses y su familia sufría una gran pobreza, por lo que pedía que, si no le era adjudicado, se le rescindiera el contrato concertado en 1794. Con toda seguridad se puede afirmar que no se le concedió el crédito, ya que al año siguiente se encuentra al frente del taller otro impresor, Francisco de Paula Marina y Suárez, operario de escasa habilidad que produce sus trabajos con irregularidad y mala calidad hasta 1816. En esa año abandona la dirección de la imprenta de la Sociedad Económica, que, pese a todo, se mantiene abierta hasta 1833, cuando se clausuran todos los trabajos, los cuales, hasta ese momento, se han impreso sin que figure en ellos el nombre del tipógrafo.

Juan José Laforet es Licenciado y Cronista Oficial del municipio de Las Palmas de Gran Canaria

Imágenes

Una impresión misteriosa

En la historia de la tipografía grancanaria existe un episodio anterior, poco conocido y carente de la documentación necesaria para proceder a una rigurosa descripción histórica, que se produce al descubrirse la existencia de un impreso fechado en 1778, cuando aún no existía ningún taller tipográfico abierto en la isla.

José de Bethencourt y Castro, en su Discurso, señala cómo “en la Isla de Canaria se ha impreso, como por adivinación, en el año de 1780, una carta en verso formando los caracteres en planchas de plomo. Ignoro quien ha sido este casi inventor más conducido del genio que del arte”. Esta carta impresa en Gran Canaria, de la que hoy se conserva un valioso y raro ejemplar en la biblioteca de la Universidad de La Laguna, es un curioso documento para la bibliografía irartiana, titulado Carta de D. Tomás de Iriarte a D. Domingo de Iriarte, su hermano, durante el viaje que este hizo a varias cortes extranjeras. De esta suerte de incunable grancanario, en el que no aparece el lugar de impresión, ni el nombre de su autor, ni siquiera la fecha de su edición, Antonio Vizcaya Cárpenter argumenta cómo una nota manuscrita en la portada, de la letra de Viera y Clavijo —a quien, al parecer, perteneció el ejemplar que hoy se conserva—, le movió a identificarla con la “Carta en Verso” que se había impreso en Gran Canaria en 1778 (el año siguiente de haber sido redactada por el insigne fabulista). La nota dice: “En la imprenta de D.M.P.P. ingeniosísimo canario que sin haber visto esta, caracteres, ni tinta, lo hizo todo para esta carta”. Y añade: “Como se ve, de la confrontación de ambos datos resulta una coincidencia demasiado notable para que la desechemos”.

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