Inicio > Revista Canarii > Canarii 9 (Febrero de 2008) > "La Historia no nos hace rehenes de nada"

Canarii 9 - Entrevista

Eduardo Aznar Vallejo, Catedrático de la Universidad de La Laguna y director del Instituto de Estudios Canarios

"La Historia no nos hace rehenes de nada"

El Instituto de Estudios Canarios (IEC) cumple 75 años. Aunque no se dedica en exclusiva al campo de la Historia, ésta ha tenido siempre una importancia capital en sus actividades y en la configuración de sus sucesivas juntas directivas. Tanto, que el director durante la conmemoración es un historiador, el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de La Laguna, Eduardo Aznar Vallejo.

En el momento de su fundación, el Instituto cubrió un vacío existente en el panorama sociocultural de las Islas. ¿Considera que ese papel continúa vigente, o el IEC ha tenido que redefinirse para mantenerse con vida?

El Instituto nació como un elemento de dinamización de la vida cultural de La Laguna, y por lo tanto de su Universidad, hace 75 años. Actualmente, las universidades canarias se han desarrollado ampliamente. Por lo tanto, el papel del Instituto no es tanto ser un motor de animación de la vida cultural, cuanto ser un elemento de excelencia. Dentro de la vida universitaria, el Instituto cubre una dedicación a los estudios locales desde una perspectiva multidisciplinar, que creo que otros institutos y otros órganos de la administración de las universidades no cubren con tal profundidad. Creo que sigue siendo útil y necesario en la vida de la misma.

¿Qué actividades se están desarrollando para conmemorar el aniversario?

Además de los actos institucionales, el Instituto ha programado una serie de cursos sobre Historia. El último que acabamos de celebrar es el de mitología y está en marcha en estos días el dedicado a la figura de Luis Diego Cuscoy. Junto a estas actividades y el curso de Estudios Canarios que se celebró inmediatamente después del acto institucional, tenemos también prevista una exposición sobre la vida del Instituto en sus 75 años y la aparición de dos volúmenes del Anuario del IEC, uno de los cuales está dedicado al campo de las Humanidades y ofrecido en homenaje a María Rosa Alonso.

¿Qué proyectos están en marcha en torno al IEC?

El Instituto, en el deseo de convertirse en un auténtico instituto universitario, tiene en su seno una serie de equipos de investigación, uno de los cuales está dedicado al proyecto de digitalización de las actas del Cabildo de Tenerife, continuando la labor que se había hecho anteriormente en las Fontes Rerum Canariarum por Elías Serra, Manuela Marrero o Leopoldo de la Rosa. Además de ese proyecto existen otros acerca de bibliografía, no únicamente histórica sino también filológica y de otras ciencias sociales.

Hablemos un poco de Historia ¿Cómo definiría la situación de la Historia en el Archipiélago en la actualidad?

La Historia en Canarias, como en otras regiones, se enfrenta a una falta de definición. Para muchas personas hacer Historia es escribir novelas, sin ningún método histórico. Incluso la separación entre historiadores profesionales y amateurs, diletantes, normalmente no queda clara. Eso hace que muchas veces en los medios de difusión parezca que todo es válido. Centrándonos en la Historia profesional, en la actualidad las universidades canarias cuentan con profesionales muy bien formados, que son capaces de participar en congresos nacionales e internacionales, y cuyas publicaciones son estimables. A pesar de ello conviene pensar que la Historia, como cualquier otro producto insular, debe estar apoyada, porque la ultraperificidad nos afecta también, en viajes, estancias en archivos, etc. Creo que las universidades canarias, y por tanto la historiografía que nace de ellas, está a un nivel adecuado. Mejorable, porque todo lo es, sobre todo en el deseo de ir incorporando nuevas líneas de investigación y no contentarnos con ser la cabeza de la Historia a nivel local Nuestro deseo debe ser mantenernos en vanguardia a nivel nacional e internacional.

En una entrevista publicada en Canarii, el profesor Antonio Bethencourt planteaba un panorama mucho más sombrío acerca de la situación de la disciplina en el Archipiélago. Veo que usted no comparte esa idea negativa.

Hombre, siempre cabe expresar un pensamiento de mejora, a cierto nivel utópico. Efectivamente quedan muchas cosas que hacer en Historia de Canarias, pero yo creo que el nivel actual es bastante aceptable. No es una valoración personal, pues cuando la historiografía canaria se confronta en ámbitos exteriores el resultado que alcanza es bueno. No creo que haya que oponer esos deseos de mejora con la realidad, como si fuesen dos polos opuestos.

Parece que se adolece en las publicaciones históricas de Canarias de falta de buenos trabajos de síntesis. ¿Cree que estamos en disposición ya de hacer una síntesis con contenidos, lejos de esos tópicos que jalonan el conocimiento de nuestro pasado y que se repiten de generación en generación?

Creo que sí. Hay bastantes estudios de base para dar el salto a una interpretación general. Habitualmente nos contentamos con estudios locales, incluso, lo que más sorprende, con estudios provinciales, cuando se puede hacer algo más. Efectivamente no en todos los períodos de la Historia de Canarias ese conocimiento es equiparable, pero en general creo que es posible, y hay alguna muestra de explicaciones globales, tanto para el conjunto de la Historia como por períodos. Incluso hacer estudios temáticos –aspectos sociales, estudios sobre propiedad de la tierra, o cualquier otro elemento. Esos estudios globales señalarían asimismo aquellos pequeños aspectos mejorables. Muchas veces los intereses de las instituciones, las prisas por los centenarios o conmemoraciones, hacen que escribamos con un sentido demasiado local, demasiado restringido en el tiempo. Creo que son esas mismas instituciones, empezando por las universidades, las que deberían plantearse la necesidad de hacer reflexiones generales, para Canarias, e incluso para la vinculación del Archipiélago con fenómenos generales, especialmente en el ámbito de la llamada Historia Atlántica.

Usted es catedrático de Historia Medieval. ¿En Canarias hubo Edad Media?

Efectivamente, la Historia de Canarias no empieza en 1496, como hace unos años se nos mostraba, sino que tiene un período correspondiente a la Baja Edad Media que conviene no olvidar. Es cierto que es un período en que la carencia de fuentes dificulta su estudio, y que preferimos muchas veces hacer comparaciones o generalizaciones a partir de lo que sabemos para el siglo XVI. La solución es plantear estudios que aprovechen y busquen nuevas fuentes, no sólo documentales sino también arqueológicas, y recurrir al método comparativo en los procesos de colonización y contacto, y a partir de ahí, como digo, hacer una Historia medieval de Canarias. Además, los historiadores canarios no se dedican únicamente a la Historia local. La historiografía canaria no únicamente se nutre o se basa de historias locales. Tienen un papel en la historiografía nacional e internacional, e incluso, como decía antes, los medievalistas son punteros en el conocimiento de los orígenes de la llamada civilización atlántica.

¿Es fácil realizar esa Historia medieval que nos está narrando desde Canarias, o la ultraperificidad a la que se refería antes marca el trabajo cotidiano?

Ciertamente marca el trabajo cotidiano. Las fuentes están lejos de nosotros, la bibliografía también, y muchas veces tenemos que recurrir a los amigos en otras universidades e instituciones, a los viajes pagados en ocasiones de nuestros bolsillos. La solución está en la vinculación a equipos amplios que nos permitan no sólo viajar sino estar al tanto de lo que es la historiografía medieval española y europea del momento.

Usted ha comentado que se ha dedicado durante años al estudio de ese siglo XV de redescubrimiento, conquista y colonización de las Islas. Se trata de un tema sensible, especialmente cuando determinados sectores del panorama ideológico canario se enraízan con el pasado aborigen. ¿Ha tenido alguna vez problemas por ese motivo?

Efectivamente, al tratarse de una época fundacional muchas veces está cubierta por esos mitos de origen. Como profesional sí he sufrido en ocasiones la incomprensión de mi labor, lo que no me ha arredrado en ninguna medida. Yo soy un historiador profesional, muestro la situación tal y como nace de mis investigaciones, y luego puede ser mejor o peor valorada. La misión del historiador no es contribuir a la creación de una identidad política, sino que ha de tratar de mostrar la realidad tal cual es. Luego cada uno puede utilizar estos datos para lo que quiera, aunque lo que no se puede hacer es tergiversarlos.

Su concepto de patrimonio, e incluso de identidad, está bastante alejado de los parámetros que maneja parte de nuestra clase política e intelectual. ¿Cree que la Historia puede ayudar a "desactivar" esos conceptos identitarios inmovilistas?

Es muy difícil. Normalmente el trabajo de los historiadores, como decía al principio, suele ser rechazado tildándolo de mera opinión. Es muy complicado influir sobre esas verdades preestablecidas. No se trata de negar nada, lo que no podemos hacer es cambiar nuestra historia. Luego, de ella estaremos más contentos de unos aspectos que de otros, y además hay que entender que la historia no nos hace rehenes de nada. Podemos manifestar que nuestras relaciones tradicionales con África sean históricamente malas, y por otra parte plantearnos que en el futuro deben cambiar. O podemos plantearnos que nuestros orígenes en cuanto a población mixta, aunque con predominio europeo, y a la vez reivindicar la memoria de los aborígenes como un elemento diferencial y de aprecio. Lo que no se puede es mezclar unas cosas con otras.

Roberto J. González Zalacain es licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna

Imágenes

Recursos relacionados

Buscar artículos por

Fundación Canaria Archipiélago 2021