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Canarii 9 - Tema Central

Historia del diferencial fiscal canario

La vigencia de los Puertos Francos

“Suele ocurrir con esto de las franquicias lo que con las cosas evidentes. Todos las percibimos, pero no todos sabemos explicarlas. Es como la luz, que se nos mete por los ojos, que lo ilumina y embellece todo, y como tantas otras cosas de la naturaleza y la vida, cuyo misterio no podemos penetrar”.

José Miranda Guerra hacía esta reflexión en 1934 en la introducción a su obra Los Puertos Francos de Canarias. Sin embargo, en un ensayo complementario se decide a definir de forma acertada la esencia de las franquicias: “Tienen una fundamental razón de ser, que es la del beneficio que procura a la población de las islas”.

Parece evidente que así debe ser, pero con demasiada frecuencia a lo largo de la historia se ha desvirtuado su finalidad. La explicación lógica de su plena vigencia durante cuatro siglos sólo puede deberse a que es como un guante que encaja perfectamente en la realidad canaria.

Desde sus inicios, el objetivo del régimen de los Puertos Francos (prefiero utilizar esta terminología en lugar régimen económico especial) fue compensar estos costes adicionales. En cada momento histórico los instrumentos se adaptaban a las políticas imperantes. En principio fueron las exenciones a los impuestos que gravaban el consumo (alcabalas) y la libertad comercial con objeto de compensar los sobrecostes y permitir el abastecimiento de cualquier mercado internacional. Esto provocó una larga serie de contenciosos con los Monopolios de la Carrera de Indias y productores nacionales. Simultáneamente, la libertad comercial propició una ventaja añadida al régimen especial de Canarias. El hecho de ser una excepción al sistema general permitía la ventaja (la llamada renta de excepción) de poder comerciar Canarias con el exterior cuando otros no podían. Por ejemplo, el Reglamento de Libre Comercio de 1778, que liberalizaba todo el comercio nacional, supuso un desastre para las islas. Cuando el beneficio se extiende a todos, Canarias pierde su ventaja específica.

El trabajo de Antonio González Viéitez aborda estos aspectos. Pero también aborda otros dos aspectos, que denomina pilares: la existencia de una política de apoyo a las producciones interiores canarias y los estímulos a la inversión.

En el primer caso, tenemos abundantes intentos de introducir mecanismos de protección arancelaria, como fue la protección de los azúcares canarios a partir de 1885 o la denominada “Tarifa Especial” de 1972 y su heredera actual, el AIEM. Igualmente, se arbitraron medidas específicas en el mercado nacional para garantizar las producciones de plátanos, tomates y una incipiente industrialización. Pero, en mi opinión, no son aspectos inherentes al régimen de franquicias, sino medidas equiparables a otras adoptadas en el resto de España para la producción nacional.

Lo que sí puede entenderse como una nueva aportación al tradicional régimen específico es la garantía de costes de determinados servicios (electricidad, agua, transportes) similares a la media nacional. Con ello se cumple la necesidad de compensar los sobrecostes insulares. Es una medida que favorece a la población.

El trabajo de Óscar Bergasa Perdomo hace referencia a otro de los rasgos distintivos: la necesidad de recursos adicionales para que las administraciones canarias puedan costear los sobrecostes de los servicios esenciales. No puede explicarse la existencia de los Cabildos, por ejemplo, sin aludir al sistema de financiación singular existente.

Antes de abordar la última etapa, podemos afirmar, por tanto, que el tradicional Puerto Franco se mantiene en su esencia como un instrumento dirigido a la población, pero con sucesivos arañazos a su esencia, propiciados por la existencia de coyunturales producciones interiores. La burguesía canaria ha intentado permanentemente su privatización.

Es a partir de 1972, y especialmente desde 1991, cuando se producen las innovaciones más radicales y novedosas. En primer lugar, por la creación de una figura de incentivo a la producción que queda en manos de los empresarios, el Fondo de Previsión para Inversiones (actualmente transformada en la RIC) y las necesarias adaptaciones producidas por la pertenencia a la Unión Europea.

En el primer caso, con el objetivo de capitalizar a las empresas canarias, se privatiza una parte del Régimen Especial, que está provocando un sano debate en la sociedad canaria sobre su utilización. Existe una opinión generalizada de que los beneficios no alcanzan por igual a todos. El trabajo de Sonia Mauricio Subirana aborda de forma clara todos los aspectos vinculados a la fiscalidad y los aspectos económicos, así como la adaptación a la nueva realidad europea. En especial, es novedosa en la historia del Régimen Canario la referencia a la imposición directa en el nuevo Estatuto, para extender sus beneficios a todos los sectores de la población. En definitiva, se trata de una posible reducción generalizada de la imposición sobre la renta de los residentes canarios, aspecto que exige una seria reflexión. Y en segundo lugar, aunque Europa ha entendido las razones de nuestras especialidades, y por ello, tenemos una normativa específica, hemos perdido una parte de nuestra libertad comercial, un margen de autonomía.

En los próximos años, la Unión Europea nos va a exigir una justificación cuantitativa de todo nuestro régimen especial, de tal forma que sus compensaciones sean proporcionales a las desventajas de la economía canaria. Lo contrario sería una competencia desleal en un mercado único. Es un nuevo escenario.

Es evidente que explicar algo de lo que todos tenemos una percepción adquirida es complejo y difícil, pero en los últimos años hemos comprobado cómo nuestras recetas son válidas para otras regiones europeas similares, las denominadas regiones ultraperiféricas (Azores, Madeiras, Martinica, Guadalupe, Reunión, Guyana y Canarias). Además, se han revelado como medidas eficaces. Aspectos como la menor fiscalidad, las ayudas de Estado, las ayudas al abastecimiento y la excepción de determinadas políticas comunes, se aplican en todas las regiones ultraperiféricas. Además, no producen distorsiones a la construcción de una Europa unida.

En definitiva, es la articulación de un modelo adaptado a la realidad de unas islas que, por mucho que lo intentemos, nunca estarán unidas al continente europeo. Los retos que se plantean están vinculados a las relaciones con nuestros entornos regionales. En nuestro caso, con África.

Se precisan conocimientos y voluntad para formular nuevas preguntas y para responder con nuevos instrumentos.

Fernando Redondo Rodríguez es economista y Presidente del Consejo Económico y Social de Canarias

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Los elementos de la diferencia canaria

Utilizando una terminología más actual, podemos describir esquemáticamente la realidad canaria resaltando los tres elementos que la diferencian con las economías continentales. La lejanía de nuestros mercados naturales, la fragmentación en siete islas y los recursos limitados. La combinación de estos elementos produce situaciones que necesitan medidas apropiadas.

En primer lugar, en lo que se refiere al impacto sobre la población, los consumidores tienen un sobrecoste de transporte y dificultades de abastecimiento de los mercados exteriores, lo que se traduce en productos más caros. La producción local nunca podrá abastecer a precios y cantidades suficientes debido a los mayores costes de producción y a la limitación de los recursos.

En segundo lugar, las actividades productivas, excepto los monopolios naturales, tienen dificultades de competir en un mercado limitado, fragmentado y con elevados niveles de mercancías en depósitos.

Y, por último, los Servicios Públicos Esenciales (Sanidad, Educación, Infraestructuras, residuos, etc.) tienen un mayor coste de funcionamiento al no tener continuidad territorial y exigir servicios de una mayor dimensión. Si Canarias fuese una sola isla, muchas dotaciones insulares no existirían.

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