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Historia de Canarias

Economía capitalista

La llegada de la etapa contemporánea a Canarias presenta unos rasgos similares a su tardía implantación en los territorios peninsulares. La resistencia del antiguo régimen y el paso a una nueva etapa están en relación a la inmadurez de las nuevas fuerzas sociales para implantar su nuevo modelo económico, social y político. A pesar de todo, a lo largo del siglo XIX en Canarias se producen unas transformaciones de carácter estructural que cambiarán radicalmente su fisonomía.

En el plano económico, la sustitución de un obsoleto modelo que, pese al beneficio de una nobleza poco emprendedora, abocaba a las Islas a la pobreza endémica y condenaba a miles de sus habitantes a la emigración. La introducción de los Puertos Francos supuso un cambio notable, pues abrió la puerta para que el Archipiélago se introdujese en los circuitos del comercio internacional, en expansión durante la segunda mitad del siglo XIX. El crecimiento poblacional, la implantación del plátano y tomate como cultivos de exportación, la migración campo-ciudad e islas periféricas-islas centrales, el desarrollo urbano, el fortalecimiento de los puertos canarios como escalas en la expansión imperialista, la implantación de compañías extranjeras para el alumbrado eléctrico y una serie de servicios y un largo etcétera cambiaron completamente la vida de las Islas.

Con el Decreto de Puertos Francos de 1852 se abre para la historia de Canarias una nueva etapa, marcada a su vez por numerosos cambios consecutivos que afectarán tanto a la economía, con nuevo modelo agrocomercial y librecambista, como a la sociedad.

Los puertos francos supondrán para las islas un gran impulso, ya que se produce un dinamismo de las actividades portuarias y urbanas, pasando a ser el elemento esencial de la actividad económica. Esto viene en gran medida proporcionado por los intereses extranjeros, que necesitaban un lugar de escala en sus trayectos transatlánticos, aprovechándose a su vez de las ventajas de las franquicias. Es así como, además de este beneficio, entra en las islas el capital foráneo que se traducirá en infraestructuras y servicios portuarios y urbanos, la introducción de nuevos cultivos y su comercialización, y la llegada de negocios como las finanzas o la banca.

Con el auge de las infraestructuras urbanas y portuarias crece también la demanda de empleo y con él la emigración rural hacia las zonas urbanas. Con el acelerado crecimiento del puerto, la mano de obra proletaria será cada vez más necesaria, por lo que los núcleos urbanos que más crecerán serán los situados en las inmediaciones de dicho puerto.

Los agentes externos que ayudaron al crecimiento del puerto y de la ciudad, fueron prácticamente foráneos. Compañías inglesas, francesas, belgas y alemanas participaron activamente en consecución de un mayor despliegue de servicios portuarios y urbanos, como las comunicaciones y el alumbrado, que ellos mismos necesitaban para realizar sus negocios.

Los nuevos cultivos serán introducidos por la burguesía isleña y los comerciantes extranjeros tras el declive del comercio de la cochinilla. La suplantación de un cultivo por otro era una solución tradicional en la burguesía mercantil canaria que volvió a apostar, en un principio, por cultivos ya conocidos como el azúcar o el vino. Pero éstos, pese a los intentos de comercializarlos, no consiguen paliar la crisis. Es entonces cuando se optará por los nuevos cultivos en auge como el tomate, el plátano y la papa. Ésta última era un producto que ya se cultivaba en las islas, aunque ahora se introducirán nuevos tipos de procedencia anglosajona. Con el plátano y el tomate, por su parte, los agentes extranjeros no sólo se centraron en las cuestiones comerciales, sino que también se ocuparon de su promoción y expansión.

El plátano es una fruta que ya había sido introducida en Canarias desde el siglo XVI, aunque no se le otorgaba ningún valor ya que era utilizada como alimento para los pobres o como abono. El tomate, a su vez, no se utilizaba para la dieta ya que se creía que tenía efectos negativos para la salud. Sin embargo, estos productos sin ninguna valía en las islas, eran considerados de lujo en los países europeos, por lo que se apostó por su cultivo y comercialización.

El modelo económico puertofranquista, ofreció a la economía canaria muchas ventajas, pero también traía como consecuencia la debilidad del modelo económico ya que dependía totalmente de los factores políticos y económicos internacionales. Esto se resalta en situaciones como la Iª Guerra Mundial, que deja a la economía isleña en una situación crítica debido a la caída de demanda externa de los productos canarios, lo que acarreará un aumento del desempleo Esta situación será más grave aun con la crisis del crack del 29, que afectará a Canarias en los años treinta y de la cual no se terminará de recuperar por el estallido de la guerra civil.

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