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Historia de Canarias

Marco político e institucional

Aun así, a pesar de la dictadura franquista, el Archipiélago experimentó en los años sesenta del siglo XX unos cambios muy importantes, fundamentalmente en el plano económico y social. El turismo, desde esas fechas, se ha convertido en el motor de la economía canaria, derivando la mayor parte de la mano de obra al sector servicios y provocando una ocupación inusitada de las costas canarias que, en muchos casos, conllevará a una alteración y degradación importante del paisaje.

Los primeros pasos hacia el cambio económico liberalizador durante el franquismo se dieron en 1959 con Plan de Estabilización de la economía española que devolvía a Canarias al librecambismo y a las antiguas estrategias económicas que se habían visto enterradas bajo el centralismo dictatorial. Junto con esta recuperación, se iniciaron a su vez otras nuevas estrategias económicas que pronto se expandirán como el turismo.

Durante este período, se inicia a un lento proceso de recuperación de las franquicias que Canarias había disfrutado en épocas anteriores y que culmina en la Ley de Régimen Económico y Fiscal de Canarias de 1972.

Por otro lado, como se mencionó anteriormente, el turismo tuvo una rápida expansión por las islas ya que se introdujo como nuevo motor económico, aunque su crecimiento no fue igual en todo el archipiélago. Con ello, se suceden numerosos cambios de los que se destacan los socioeconómicos o el paso de una economía de producción a una terciarización de la misma. Sin embargo, hay otros rasgos que se mantienen como es la dependencia de la economía canaria a los avatares extranjeros.

El turismo viene aparejado con un desarrollo de la construcción, ya que hacía falta infraestructuras para cubrir las demandas turísticas y urbanas. Es por ello que no existe una planificación de los espacios de una manera ordenada sino que se perjudica al territorio natural en favor de la construcción de infraestructuras repercutiendo gravemente en los recursos naturales.

Aparte del coste ecológico, también se produce un coste humano ya que, con el éxodo rural hacia zonas costeras y urbanas, se originan muchos problemas de hacinamiento provocados por un aumento continuado de la natalidad. Junto a las malas condiciones de vida, se suman la proliferación del subempleo y los trabajos marginales. Las zonas urbanas se nutrirán de población procedente del campo con escasa cualificación que trabajará en empleos precarios. Predominan las casas de autoconstrucción de mala calidad debido a los pobres materiales utilizados que darán paso a la creación de los suburbios.

Por lo tanto, hay un gran desequilibrio espacial debido a que se abandona el campo a favor de las áreas turísticas y urbanas. Esto ocurre también entre islas ya que las mayores aumentan su población en detrimento de las menores en donde se produce un envejecimiento de la población.

Este tema ha sido estudiado por muchos historiadores canarios destacándose a Eduardo Cáceres Morales en el estudio sobre las repercusiones urbanísticas del desarrollo turístico.

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